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el muro / OPINIÓN

Un teatro no es política

Foto: EVA MÁÑEZ

El juicio sobre el Palau de les Arts está al doblar la esquina. Mientras tanto, las dimisiones se multiplican en el coliseo. Algo no encaja. Cuando la política y otros menesteres se mezclan con lo artístico todo es un sinsentido

6/01/2019 - 

Cada hora mantengo menos esperanzas de que alguien sea capaz de solucionar esa nebulosa de gestión que existe en torno al Palau de les Arts. Vamos para más de trece años -casi cuatro de nueva legislatura -, y todo parece estar donde se quedó: en el limbo del quiero y no puedo, o del no quiero y menos puedo, que es la conclusión que muchos/as están sacando de su continuo traspiés.

Tocar poder y notoriedad no significa ser institución, o que la institución sea propia. Todos pasaremos a la historia, pero las instituciones quedarán. Es lo importante. Los daños, sin embargo, pueden ser irreparables cuando debería de primar la estabilidad. El desconocimiento es un riesgo cuando se asumen responsabilidades sugeridas, aunque de consecuencias imprevisibles si no se conoce bien el tapete de juego.

Y es que, ya me dirán si es muy normal que dos directores generales a cargo de la gestión interna del coliseo, nombrados por el actual tripartito en el poder, hayan salido a la carrera en solo veinte días. Algo grave pasa allí dentro y parece que nadie sabe solucionarlo por mucho cargo que se reparta. De otra forma no se entenderían cuatro dimisiones -Intendente y Director Musical añadidos- en apenas nueve meses. Es un hecho sin precedentes, una caricatura de nuestra realidad cultural. 

Cuentan unos que el Patronato de los “independientes” quiere mando en plaza sin haber estado en la trinchera.  Otros relatan que la Conselleria de Cultura no se aclara, ni tiene  ganas, salvo para quedar bien con unos e invitar a otros. Su desconocimiento es absoluto y peor su desconfianza e intromisión. Presidencia no se atreve. Está “ocupada” en otros asuntos y éste no es el suyo. Grave error. No quiere más líos. No desea asomarse al abismo.

En todo este tiempo no han existido noticias sobre nuevos patrocinadores, pese a lo que cuesta de mantener el coliseo. Sólo sabemos de sus decisiones por fotografías promocionales, con lo que cuesta encender la luz para los retratos.

Internamente cada unidad negocia lo que mejor le conviene: coro, orquesta, personal, técnicos... Ya no hay pactos. Se han acabado. Son versos libres. No importan las traiciones y menos la unidad. No existe discurso. Algunos aún creen que con una imagen promocional se salva todo, o con una nota de prensa amable, incluso a través de simples promesas. Tampoco sé sabe dónde está el Consell de Cultura, o qué opina al respecto. Los que deberían mantenerse como voz libre e independiente para actuar como conciencia cívica, esto es, todas esas asociaciones de melómanos y amigos del bel canto, están pillados de pies y manos. 

Foto: MARGA FERRER

A la Orquestra hace tiempo que no se le espera, aunque recorra pasillos pero no tenga quien la controle. Su distanciamiento del propio Comité de Empresa es muy significativo. Ya veremos qué pasará con su futuro director musical. Ahí puede pasar de todo. Si el nivel no es el esperado habrá más follón. Faltaba el convenio colectivo y los nuevos gestores/amigos/familiares que han de hacer frente a la gestión sin saber todavía qué terreno pisan.

Después de más de una década de Palau de les Arts, lo más triste es comprobar cómo todo y nada ha cambiado mientras la grieta aumenta y afecta a su crédito. Ni la sociedad civil es capaz de movilizarse ante un proyecto cultural en el que se nos fueron más de 400 millones. Faltaba la nueva factura por ese mural que “pintó” con alegría Calatrava por 700.000 euros  y sin contrato conocido, como aseguran. Por aquí somos así.

Llevamos casi cuatro años de nuevo Gobierno autonómico y nuestro buque insignia no logra enderezarse. Muchos ya dudan que algún día se consiga. Ni con el “Mesías”, como ya se conoce a Jesús Iglesias, el nuevo Intendente y al que aún se le espera a cinco meses de unas nuevas elecciones que lo puede volver a complicar todo. 

¿Cuál es el problema? El mismo de siempre: indefinición, ausencia de proyecto conocido o definido a estas alturas de la representación, desconfianza, intromisión política…¡Esto es un teatro, señores! 

Que se prepare Iglesias, por mucho Plácido que lo bendiga, cuando descubra cómo funcionamos por aquí. Ya se puede traer uno, dos  y hasta tres asistentes para agrandar la cuenta y entender que esta sociedad se asemeja al far west

Les Arts parece un reino de taifas y con un follón inmediato que será de nota. El 8 de enero se inicia el juicio a la ex Intendente, ex gerente y a esos presuntos mediadores de patrocinio y/o comisionistas de postín. Habrá mucho ruido mediático al respecto, algo que tampoco va a beneficiar una imagen ya de por sí muy deteriorada.

Hasta el Ministerio de Cultura habla en voz baja para no pillarse los dedos por mucho protocolo con que se disfrace su colaboración. Habrá más dinero, dice, pero si se aprueban presupuestos. Normal, o sea más de lo mismo.

¿Dónde han quedado todos esos proyectos iniciáticos de teatro social y próximo? ¿Y esa idea de libertad de creación? ¿Queda ballet de la Generalitat o son simplemente figurantes? ¿En esta larga década se han consolidado equipos reales, o el que llega continúa imponiendo un nuevo criterio y/o modificando lo existente?

Miedo da observar el horizonte. La izquierda no sale de su escondite: la derecha querrá cambiarlo todo de nuevo. Aún así, la casa continuará sin barrer. Es la consecuencia de una gestión desorientada sin un consenso político y social imprescindible. Sin embargo, en el futuro ya no servirán ni los billetes generosos que antes se regalaban porque algunos consideraban que eran cromos repetidos. Mal asunto. Más tiempo y dinero perdido si alguien no lo arregla pronto.

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