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grand place / OPINIÓN

València-Kabul-Moscú

31/12/2019 - 

Aunque me delate, lo tengo que contar. En mi primera época de universidad, llevaba una chapa en el macuto con el lema “València-Kabul-Moscú. Una chapa era un pin pero más rudimentario, que se enganchaba al anorak o al macuto con un imperdible pegado en la parte posterior. Macuto era la mochila o bolsa par transportar libros, monedero y poco más, ya que no existían los móviles con su consiguiente cargador, auriculares y otros accesorios hoy indispensables para salir de casa. Macutos, solapas y libros estaban llenos de chapas y pegatinas con diversas reivindicaciones políticas nacionales e internacionales. Las chapas y pegatinas eran nuestra forma de visibilizarnos y de difundir o hacer públicas nuestras opiniones, militancias o corrientes en una época en la que “o militabas o no existías”, vino a decirme una amiga. Y, especialmente, porque no existía la vida virtual online donde duplicamos nuestra existencia en el mundo paralelo del ciberespacio, a través de las redes sociales.

Viene a cuento esta extensa introducción vintage de aquel mundo tan pequeñito y cerrado -tan redondo- por los últimos acontecimientos ocurridos en Libia, nuestro vecino del Mediterráneo central envuelto en llamas y al que los medios de comunicación le están prestando muy poca atención. Y porque me lo recordaron la otra noche en “La mesa del coronel”, el programa que dirige y presenta el Pedro Baños Bajo, dedicado esta vez al yihadismo. Días antes, el coronel me recomendaba el libro de uno de sus invitados al programa, José Javier Esparza, “Historia de la Yihad", que ya me he pedido para Reyes. 

Dejo ahora la segunda introducción y vuelvo a mi chapa. En los años ochenta fue “el verbo", es decir, el inicio y nacimiento del movimiento talibán tal y como lo conocemos ahora como Islam fundamentalista contra Occidente -recordemos el Ayatollah, en Irán- y que evolucionó  posteriormente como Al Qaeda y Daesh-ISIS, simplificando mucho ya que no soy experta en el tema. “De aquellos polvos, estos lodos”, dijo Pedro Baños en su programa, rememorando la guerra de los talibanes apoyados por Estados Unidos contra el gobierno pro-soviético de Afganistán. 

Mientras se desmoronaba la Unión Soviética durante el proceso de la Pereistroika, Estados Unidos aprovechó para hacer caer a sus aliados en África y Oriente Medio. Afganistán fue el primer encontronazo. De ahí mi chapa reivindicativa, universitaria y solidaria de “València-Kabul-Moscú” -que no sé por dónde andará, porque no tiro nada, ni los malos recuerdos…-. También recuerdo de mis veinte años que me preocupaba todo lo que pasaba en el mundo y que escuchaba todos los días a las 7 de la mañana las noticias de la Cadena Ser, que es cuando daban las de internacional y no había podcast. Hoy, los jóvenes y menos jóvenes leen bulos por las redes sociales… Algunos, espero.

He traído a esta nueva era lo de mi chapa porque tenemos otro eje en marcha con Libia en el epicentro. Vale que está un poco lejos del triángulo de mi chapa, pero es consecuencia directa. Voy a volver a recordar mi teoría de la conspiración y la caída de los aliados soviéticos. A la inacabada guerra de Afganistán siguieron la primera guerra del Golfo contra Saddam Hussein -Estado laico, como lo era Afganistán-, le siguió Argelia en los años 90, segunda guerra del Golfo y caída definitiva de Irak, que sigue en ruinas. 

Las “primaveras” árabes acabaron con la entrada inicial de los Hermanos Musulmanes en el gobierno de Egipto y los islamistas de En Nadah en Túnez. Pero el que más salió perdiendo fue Libia que, ¡oh casualidad!, es el país con más petróleo en la zona. Aun recordamos las imágenes de su presidente Muamar El Gadafi asesinado, al igual que Hassan Hussein, y televisado. Excepto Túnez y Egipto, el resto habían sido amigos de la Unión Soviética y, posteriormente, de Rusia, como Siria, ¡oh causalidad!, aún sumida en otra guerra interminable. 

El por qué de este “totum revolutum” es que Turquía va a enviar 8.000 soldados de la oposición siria a Libia para apoyar a las fuerzas del Gobierno Libio de Unidad Nacional. Éste es uno de los tres gobiernos que se disputan el territorio, el petróleo y la bolsa de gas natural, y el único reconocido por las Naciones Unidas. Mientras, las tropas orientales leales a Khalifa Haftar, líder del rebelde Ejército Nacional Libio, intentan atacar el puerto petrolero estatal. Al parecer, Rusia ha entrado en Libia con paramilitares que apoyan al mariscal Haftar, para incrementar su influencia en la zona en contra de los intereses turcos. Estas disputas obedecen al acuerdo firmado entre Turquía y Libia para buscar gas en el mediterráneo, lo que ya ha levantado los ánimos de Grecia y Chipre por orillar sus aguas con drones y prospecciones en alta mar. De momento, el gobierno griego acaba de expulsar al embajador libio. 

Las chispas saltarán el 8 de enero, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, se encuentre en Estambul con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Primavera caliente la que se avecina, con rusos y turcos en el corazón del Mediterráneo, y 20.000 soldados norteamericanos que llegarán por mar y aire para entrenarse en defender Europa. “DEFENDER-Europe 20” se llama este ejercicio. ¿Lo captan? Y Estambul en el horizonte…

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