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el cudolet / OPINIÓN

València,no es Grenoble

Foto: KIKE TABERNER
14/05/2022 - 

Hace unos años al huir de la ciudad y al establecer mis bártulos en la periferia, sin salir de ella, sirvió para recortar tiempo al calendario. Soñar sin televisión es otra ventaja. Y no abusar de las redes sociales se llama libertad. No estoy en el perfil de La Modernidad líquida. La vida en el bajo Ensanche empezaba a ser insoportable. La muerte de mi vieja aceleró el exilio, y me he dado cuenta con el paso de los años que las ciudades están preparadas para consumir. Me alineo con el pensamiento de un personaje de la novela de La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro. Las ciudades han sido siempre un embudo cazahombres donde acechan al pobre los funcionarios, los policías, los terratenientes, los mercaderes y demás parásitos.

En las pasadas navidades leía un artículo en la edición española de Le Monde Diplomatique que decía algo así, Los ecologistas ante el ejercicio del poder, y el escritor de la columna tomaba como ejemplo la green life en la ciudad francesa de Grenoble. La vida es bella. Las diferencias de nuestra ciudad con la localidad del país vecino son enormes, básicamente por la situación demográfica y por las condiciones climatológicas. La Comisión Europea ha concedido a dicha urbe el título de capital verde del año 2022. València optará a ese premio para el 2024. No soy muy partidario de recoger estatuillas, pero si finalmente somos vencedores, dicho premio será por el esfuerzo colectivo de toda la ciudadanía. Posiblemente el Cap i Casal sea una de las pocas capitales europeas que disfrute de un gobierno municipal absolutamente alienado con la ideología Eco. Eso es un hecho irrefutable, e indiscutible.

En el último tiempo me ha preocupado que mi ciudad sea una fotocopia a color de otras polis europeas, lo de copiar no viaja conmigo. Obsesionarse demasiado con el pedal excluye a otras iniciativas saludables para convertir al Cap i Casal en una urbe limpia y sana. Y no casa mucho, diría más bien poco, con una ciudad enfocada al turismo de masas. Es decir, o ponemos limitaciones o se hará insoportable vivir en el Cap i Casal. La gentrificación de los barrios es un ejemplo. O también dar velocidad de crucero a un Puerto que generará más combustible al aire que respiramos.

Otra causa que me genera mucho dolor es observar al Cap i Casal destruyendo su huerta. Me escuece ver que el negocio y control de lo que produce la misma venga de fuera y haya pasado a manos de nuevos ciudadanos. Me entristece fijarme en las pocas iniciativas o proyectos del Consistorio con los agricultores locales, para que los comedores de los colegios infantiles puedan alimentar una día a la semana de fruta y verdura directamente recolectada del campo. O la escasez de sombra en una ciudad tomada por postes o marquesinas publicitarias. No quiero otra Terra Mítica. Con una ya hemos tenido suficiente.

Sé el esfuerzo y empeño que muchos dirigentes del gobierno municipal están poniendo en ello. Les felicito. Pero por otra parte están descuidando otros aspectos necesarios para no reflejarnos en una ciudad de pladur, de restaurantes de comida rápida, de publicidad abusiva en los espacios públicos. Quizá la ciudad que añoramos esté fuera de la ciudad, en la periferia, en el área metropolitana. Quizá haya que dejar por un tiempo los despachos y pedalear hacia las pedanías del norte y del sur. No hay nada que temer, aquí también se habla valenciano…En resumidas cuentas, València es València y no Grenoble.

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