AGRO

La citricultura encara 2026 entre la presión exterior, el impacto de plagas y clima y el desafío de reinventarse

El nuevo año apunta a ser decisivo en la lucha por la rentabilidad frente a la competencia de terceros países y la apertura comercial de la UE. La extensión de norma y la apertura de nuevos mercados, en el horizonte

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

CASTELLÓ. La citricultura valenciana afronta 2026 en un contexto especialmente complejo, marcado por la acumulación de tensiones estructurales y coyunturales que amenazan la viabilidad de uno de los pilares históricos del campo valenciano. A la pérdida progresiva de rentabilidad se suman los efectos de la apertura comercial de la Unión Europea, el aumento del riesgo fitosanitario, el impacto del cambio climático y una creciente carga normativa que el agricultor percibe como asimétrica respecto a las exigencias impuestas a los países terceros.

Uno de los principales focos de preocupación del sector sigue siendo la competencia creciente de las importaciones procedentes de países terceros, especialmente Sudáfrica, favorecida por los acuerdos comerciales de la UE y por el solapamiento puntual en el calendario de producción. Esta situación genera una fuerte presión sobre los mercados europeos en momentos clave del arranque de la campaña valenciana, con un impacto directo en las exportaciones y los precios en destino. A ello se añade la inquietud que despierta el acuerdo comercial con Mercosur, a pesar del compromiso de la UE de incluir los cítricos como productos sensibles, tanto por el riesgo económico como por las implicaciones fitosanitarias derivadas de la entrada de producto cultivado bajo estándares menos exigentes que los europeos.

La debilidad de los precios y la pérdida continuada de rentabilidad se han convertido en un problema estructural. El agricultor valenciano afronta un incremento sostenido de los costes de producción, impulsado por el encarecimiento de la energía, los fertilizantes, los productos fitosanitarios y la mano de obra, a lo que se suman los efectos indirectos del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), y sus repercusiones en el coste de numerosos insumos agrícolas sin ofrecer, por ahora, mecanismos compensatorios claros para el sector primario.

Riesgo fitosanitario

En paralelo, el riesgo fitosanitario se ha intensificado en los últimos años. La aparición constante de nuevas plagas y enfermedades de alto impacto mantiene en alerta al sector, que denuncia la insuficiencia de los controles en frontera frente a unas importaciones que no siempre cumplen las mismas exigencias que se imponen a los productores europeos. Esta situación se agrava por la retirada progresiva de materias activas autorizadas, que limita el acceso a herramientas eficaces para la protección de los cultivos y obliga a acelerar la transición hacia modelos de lucha biológica y fertilización orgánica, un cambio necesario pero que requiere apoyo económico y técnico para ser viable.

El cambio climático es otro de los grandes condicionantes del futuro citrícola. El aumento de fenómenos extremos, la irregularidad de las cosechas y las alteraciones en los ciclos productivos ponen en cuestión la viabilidad de determinadas zonas citrícolas y obligan a replantear estrategias de adaptación a medio y largo plazo. Sólo en este 2025, la Unió cifra en 150 millones de euros el impacto de la factura climática, o lo que es lo mismo, las pérdidas económicas a consecuencia de fenónemos meteorológicos adversos. En este contexto, el envejecimiento de las plantaciones, la falta de reconversión varietal y la pérdida continuada de superficie citrícola, asociada al abandono de explotaciones, reflejan la falta de expectativas de muchos productores.

A esta realidad se suma un problema demográfico de fondo: la ausencia de relevo generacional. Las dificultades para atraer jóvenes al sector agrario, unidas a la elevada carga normativa y burocrática, dificultan la modernización del campo valenciano y amenazan la continuidad de la actividad en amplias zonas rurales.

Extensión de norma en el horizonte: más promoción e investigación 

Desde el punto de vista comercial, el sector señala la debilidad de la cadena de valor, con un desequilibrio persistente entre producción, comercialización y distribución que limita la capacidad de negociación del agricultor. En este escenario, la aprobación de la extensión de norma por primera vez en 17 años, que está previsto que reciba el vistobueno del Ministerio de Agricultura en los próximos meses, se perfila como una herramienta clave para reforzar la organización del sector y financiar actuaciones estratégicas, entre ellas campañas de promoción más ambiciosas, además de nuevas líneas defensa fitosanitaria e investigación en favor del sector a nivel nacional.

Precisamente, la necesidad de campañas de promoción potentes y sostenidas del cítrico valenciano es otro de los retos pendientes. El descenso o estancamiento del consumo, especialmente entre los jóvenes, obliga a replantear los mensajes y los canales de comunicación, poniendo en valor el origen, la calidad, la sostenibilidad y los beneficios saludables de los cítricos valencianos.

Apertura de mercados como el norteamericano

Mirando hacia el exterior, el sector considera prioritario abrir nuevos mercados con alto poder adquisitivo, como Estados Unidos, Japón o Canadá, mediante protocolos fitosanitarios ágiles y facilidades reales para la exportación. Esta diversificación resulta especialmente estratégica en los primeros compases de la campaña, cuando la presión de la oferta procedente de terceros países es mayor en los mercados europeos.

En definitiva, 2026 se presenta como un año decisivo para la citricultura valenciana. Avanzar en innovación, investigación y transferencia de conocimiento al campo, reforzar la sanidad vegetal, equilibrar la cadena de valor y garantizar unas reglas de juego justas en el comercio internacional serán elementos clave para determinar si el sector logra frenar su deterioro y sentar las bases de un futuro sostenible. La respuesta, advierten las organizaciones agrarias, no puede recaer únicamente en el agricultor, sino que exige un compromiso firme de las administraciones y de la propia Unión Europea con uno de los sectores agrícolas más emblemáticos del Mediterráneo.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo