CASTELLÓ. Las importaciones de cítricos procedentes de los países de Mercosur a la Unión Europea repuntaron con fuerza en el arranque de la campaña 2025/2026. Entre septiembre y noviembre, los envíos alcanzaron 58.004 toneladas, lo que supone un incremento del 18% respecto al mismo periodo de la campaña anterior, cuando se situaron en 49.105 toneladas, según los últimos datos del informe de campaña de la Conselleria de Agricultura.
El aumento se enmarca en un contexto de máxima tensión entre el sector agrario valenciano y las instituciones europeas, en pleno debate político y social sobre el tratado de libre comercio entre la UE y Mercosur, cuya ratificación ha quedado en suspenso tras la reciente decisión del Parlamento Europeo de elevar el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE. En el sector citrícola, el tratado genera una preocupación transversal por el aumento de la competencia, la presión sobre los precios y los riesgos fitosanitarios asociados a una mayor apertura comercial.
La evolución de las importaciones de cítricos procedentes de Mercosur en los tres primeros meses de campaña muestra una trayectoria irregular en los últimos años, aunque con un repunte claro en la actual campaña. En la campaña 2022/2023, los envíos a la UE entre septiembre y noviembre ascendieron a 54.145 toneladas, volumen que aumentó hasta las 59.117 toneladas en la campaña 2023/2024. Posteriormente, en 2024/2025 se produjo un descenso relevante, hasta situarse en 49.105 toneladas, coincidiendo con una menor presión importadora. Sin embargo, en el arranque de la campaña 2025/2026, las importaciones han vuelto a crecer con fuerza, alcanzando las 58.004 toneladas.
El crecimiento interanual de casi 8.900 toneladas devuelve las importaciones de Mercosur a niveles similares a los máximos registrados hace dos campañas, consolidando una tendencia que preocupa al sector productor europeo.
Argentina y Brasil impulsan el aumento
Por países, el incremento en la presente campaña se explica principalmente por el comportamiento de Argentina y Brasil, ambos integrantes de Mercosur. Argentina, que representa el 3,8% del total de las importaciones de terceros países, aumentó sus envíos en 7.350 toneladas respecto al mismo periodo de la campaña anterior hasta un total de 20.957. Brasil, por su parte, elevó sus exportaciones en 3.162 toneladas, hasta alcanzar un total de 29.141 toneladas y concentrar el 5,3% del total de importaciones.
En el caso concreto de la naranja argentina, los datos acumulados entre septiembre y diciembre reflejan un crecimiento especialmente significativo. En la campaña 2025/2026, las importaciones alcanzaron las 12.063 toneladas, lo que supone un incremento del 35,7% respecto a la campaña anterior, según la serie histórica analizada desde 2018/2019.
Aunque Sudáfrica continúa siendo el principal proveedor de cítricos de la UE —con el 78,1% del total importado en los tres primeros meses de campaña y un aumento de casi 48.000 toneladas—, el repunte de Mercosur consolida este bloque como el segundo en volumen de importaciones a la UE y se produce mientras descienden las entradas desde otros orígenes competidores como Turquía, Marruecos o Israel.
Este comportamiento refuerza el argumento de las organizaciones agrarias, que alertan de una creciente presión sobre el mercado europeo en los meses iniciales de la campaña, coincidiendo con el inicio de la recolección en zonas productoras comunitarias.
Por el momento, la presión de las organizaciones agrarias y de fuerzas políticas como Compromís ha logrado que el Parlamento Europeo paralice de facto la ratificación del acuerdo UE-Mercosur al elevarlo al TJUE para que evalúe su compatibilidad con el Derecho comunitario. Las organizaciones agrarias valencianas han celebrado este paso como un “primer éxito”, aunque mantienen la presión para exigir reciprocidad, cupos y cláusulas de salvaguardia efectivas en productos sensibles como los cítricos.
El campo, que durante las últimas semanas ha tomado las calles para mostrar su malestar, insiste en que los datos de importación refuerzan su denuncia de un modelo comercial que, sin controles suficientes, pone en riesgo la viabilidad de la citricultura europea. El sector advierte de que, mientras no se resuelva el futuro del tratado y no se introduzcan cambios sustanciales, la presión de las producciones extracomunitarias seguirá siendo uno de los principales factores de inestabilidad para los agricultores valencianos.
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