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EL MURO

Beckett, te necesitamos

  • El abogado valenciano José María Corbín. Foto: JUAN CARLOS CÁRDENAS/EFE/
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Apenas unos días después de que la lideresa del PP en la Comunitat Valenciana, Isabel Bonig, lanzara como una de las medidas estrella de su precampaña la desaparición de la Agencia Antifraude ya que la considera un “chiringuito” -Ciudadanos se apuntó a su creación y hasta el nuevo Presidente de la Junta de Andalucía, Mariano Bonilla, llevaba una idéntica en su programa electoral- la UCO detenía a José María Corbín, abogado y cuñado de Rita Barbera. Se le implica en una presunta red de comisiones y comisionistas vinculada al Ayuntamiento de Valencia. Casi nada, aunque poco nuevo. Mal asunto, peor sueño.

No conseguimos salir de esta pesadilla de registros y detenciones que resultan el tormento de nunca acabar. Lo mucho que se nos quedará en los cajones por falta de pruebas o medios judiciales y policiales. Es un hecho, aunque no sólo afecte a una orilla política.

Alcanzar una meta cuando todos o muchos sabíamos cuál era el recorrido no ha sido, ni suele ser, una sorpresa. Todas las últimas actuaciones judiciales o policiales llevan muchos años sobre la mesa, aunque la Justicia deba ajustarse a sus raíles hasta disponer de pruebas suficientes para actuar.

Corbín, como se apresuró a destacar Bonig, no es del PP, está próximo, como su familia, a VOX. Lío añadido. Aunque, según el partido: “no forman parte del PP los afectados por la operación de la OCU”, se beneficiaron de él. Es una evidencia evidenciada y sonora por tanta herencia sugerida y comentada durante lustros. No hay mucho nuevo. Sólo, saltó.

He aprendido mucho sobre criminología con CSI y me divierte más Castle y la inspectora Beckett, esa especie de comedia romántica y policial en el que los detalles se suelen repetir, pero siempre tienen un guiño inesperado. Qué le vamos a hacer. Nadie es perfecto. En Á Punt emiten de madrugada programas de psicoanálisis. Hasta puedes encontrarte la repetida ofrenda de Mónica Oltra y el seguimiento de “sus” empleados. Así, sin más, con sus lágrimas y cámaras personales. Entiendo su decadencia. Sólo se miran a ellos mismos. Tener que recurrir a series de Canal 9 para ganar algo de audiencia no es una buena tarjeta de representación. Más bien, todo lo contrario. Admitir un fracaso absoluto por absolutismo y oltramisismo, es más de lo mismo. Ya no funciona el discurso del miedo.

Salta nuevo escándalo de presuntas comisiones y comisionistas en plena precampaña y con  juicios de viejo corte añadidos que no benefician para nada a la normalización social y política. Estamos tan cansados de escándalos y negocios turbios que se nos ha puesto piel de lagarto como si fuéramos personajes  de V o colegas de la comandante Diana. Nada nos altera ya a la hora del desayuno, el almuerzo, la merienda o la cena.

Lo vemos todo como algo natural, próximo, de serie friki. Forma parte de nuestra idiosincrasia y realidad; paisaje no ya de una época pasada sino de un presente obtuso, frío y, lo peor, calculado, como si se tratara de una serie que lleva a pensar que no nos gobernaban ni pensaban en hacerlo sino que estaban todo el día maquinando a ver cómo birlaban con mayor gracia o descaro. Ocultando pruebas del botín, aunque con el tiempo sin excusas ni sutileza. Más bien sin escrúpulos. La retahíla de nombres es de aúpa.

Lo bien cierto es que los casos en sí, esperados y de los que estábamos pendientes de que en algún momento de nuestra existencia saltaran por higiene de identidad y honestidad,  no son nada nuevos para los que hemos caminado por esos estercoleros y colectores que ahora nos cuestan una pasta limpiar porque están llenos de toallitas higiénicas. Sobre todo, higiénicas. Es un símil.

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