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Los bostonianos (quién manda en Fidelity International)

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Portada de la revista Time dedicada a Ned JohnsonLONDRES. Fidelity es un negocio familiar pese a sus dimensiones, de las cuales tiene mucha más culpa el hijo que el padre. Ned Johnson recibió 3.900 millones de dólares en activos cuando relevó a su padre, Edward C. Johnson, para convertirlos en 211.800 millones y uno de los mayores fondos de inversión del mundo

De aperitivo, unos datos básicos a tener en cuenta sobre Fidelity, el megafondo de fondos de inversión que está trayendo a mal traer a los accionistas del Banco de Valencia (y de otras muchas empresas repartidas por todo el mundo) por sus apuestas especulativas a la baja contra el valor. Fidelity cuenta  sólo en Europa con 66 gestores de fondos, 116 asesores, 23 millones de inversores, 4.000 operarios financieros y sedes en Boston y Bermuda (territorio británico de ultramar considerado como paraíso fiscal).

Fidelity sigue siendo un negocio familiar pese a sus voluminosas dimensiones, de las cuales, por cierto, tiene mucha más culpa el hijo que el padre. Ned Johnson recogió 3.900 millones de dólares en activos cuando relevó a su padre, Edward C. Johnson, para convertirlos en 211.800 millones o uno de los mayores fondos comunes de inversión del mundo. Ned Johnson, que siempre se refirió a su padre como Mr Johnson dispone de la 28 mayor fortuna de los Estados Unidos.

Según han comentado compañeros de juventud de Boston, cuna de la saga Johnson, su filosofía de trabajo, sin embargo, tendría origen japonés: el actual jefe ejecutivo de Fidelity cree en la fórmula 'kaizen', que se describe como la voluntad de mejorar aspectos aparentemente secundarios aunque se ha de aplicar a todos los aspectos de la vida.

No obstante, considerando las acusaciones contra Fidelity por falta de transparencia en la estructura del grupo -es decir, de responsables-, negativa a publicar los honorarios de sus directores ejecutivos y datos insuficientes en algunos de sus productos (como sus Freedom Funds), sería más acertado otorgarle como lema el que canta Paul McCartney en 'Never stop doing what you love' (No dejes de hacer lo que te encanta).

Al fin y al cabo, Ned Johnson en persona lo ha repetido en varias ocasiones en salas de conferencia, y Fidelity ha regalado -sólo para los oídos de sus clientes y empleados- una recopilación exclusiva de temas del cantante de los Beatles bajo el mismo título.

Sus lugartenientes son dos británicos, dos tipos de la City de Londres que "son muy buenos a la hora de imaginar formas para hacer dinero", en palabras de personas que han trabajado en un momento u otro con ellos, Si creen que la descripción es vaga, ellos no los son en absoluto. Les presentamos a Rodger Lawson (debajo de esta línea) y Anthony Bolton.

 Rodger DawsonAmbos pertenecen al 'club' de la familia Johnson, lo que significa que se conocen desde hace más de veinte años. De Lawson baste decir que introdujo recortes en los salarios y pagas extra de su personal en 2008, una tarea de la que ni siquiera ha podido salir victorioso el propio primer ministro Gordon Brown, al que se le tilda de 'tractor soviético' en la City.

Lawson parece ser la mano que está empujando a Fidelity a meterse en las polémicas aguas de los negocios judiciales "si no hay sentencia favorable, no hay costes" o "busca-ambulancias", de litigaciones domésticas y laborales por accidente. Se trata de un negocio multimillonario en los Estados Unidos y Fidelity, inyectando dinero en firmas legales europeas, lo querría trasplantar al Reino Unido y más tarde al continente.

Anthony BoltonPor su parte, Bolton es, simplemente, una de las estrellas en el cielo del capitalismo anglosajón. Tras 28 años de gestión, su fondo Fidelity Special Situations multiplicó cada mil libras depositadas por los inversores en 148.000; y así surgió una leyenda viva. No sorprende que, si bien anunciara haberse retirado en 2007, Ned Johnson lo haya recuperado de nuevo para la China Fund que se inaugurará este mismo marzo. Bolton es Midas y si alguien puede descongelar el crédito, ese es Bolton. Él mismo ha colocado 2,8 millones de euros de su bolsillo para disparar la apuesta de confianza del fondo, que tendrá su centro de actividad en Hong Kong.

Por si se les había escapado la noticia, apostar contra valores y bonos en la bolsa de Pekín ya está permitido desde finales del año pasado. Si en el futuro los mercados chinos experimentan la volatilidad que sufren hoy los mediterráneos europeos -de Grecia a Portugal-, ya tenemos una pista.

 

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