El hotel de Alfafar que se reconstruyó desde "el vacío" que dejó la Dana

Comarca y empresa

El estudio de arquitectura Burondo regresa al edificio que diseñó en 2018 para transformar la planta baja destruida por la riada y "destilar" el proyecto hasta lo esencial

  • Interior del nuevo hotel Ibis de Alfafar.
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VALÈNCIA. A Isabel Blanco le bastó regresar al Ibis de Alfafar para comprender que aquel hotel ya no podía volver a ser el mismo. Había pasado aproximadamente una semana desde la Dana del 29 de octubre de 2024 y todavía era complicado llegar hasta allí, pues el área comercial y de ocio del municipio, donde se encuentra el edificio, era un barrizal de coches apilados unos encima de otros. Cuando volvió, los propietarios del hotel ya estaban dentro, sacando barro, y ella se sumó a las tareas propias de aquellos días en la 'zona cero'. En las paredes había quedado dibujada una línea precisa, una especie de cota involuntaria que señalaba hasta dónde había subido el agua: más de dos metros. 

Por debajo, treinta habitaciones habían quedado destruidas; los cristales de la planta baja se habían reventado y las instalaciones, los cuadros eléctricos, el aire acondicionado y la calefacción habían dejado de existir como sistemas utilizables. A algunas personas las rescataron por las ventanas de la primera planta. El hotel que Isabel había diseñado seis años antes junto a su hermana, Beatriz, estaba irreconocible. "Realmente se perdió todo", explica. "Solo se pudo recuperar la estantería de botellero de la barra principal, porque es el único punto al que no llegó el agua".

  • El hotel Ibis de Alfafar, destrozado tras la Dana.- Fotos: SONIA SABNANI

Las hermanas Blanco habían llegado allí en 2018, cuando su estudio de arquitectura, Burondo, apenas comenzaba a trazar su trayectoria hotelera. De hecho, el Ibis de Alfafar fue uno de sus primeros proyectos y también el primero en este ámbito. El edificio respondía entonces a una lógica de cadena, pero los propietarios querían apartarlo de esa imagen repetida que hace que un hotel pueda parecer intercambiable por otro. Burondo reformó las zonas comunes, reforzó la propuesta gastronómica y amplió los espacios para trabajar o mantener una reunión informal, buscando que el establecimiento tuviera una identidad propia sin renunciar a las condiciones que imponía la cadena en las habitaciones.

"Queríamos generar un concepto e imagen únicos para ese lugar en concreto", resume Blanco. Era un proyecto concebido para singularizar un lugar concreto dentro de una de las áreas más industriales del área metropolitana.La riada borró prácticamente todo aquello. Cuando las arquitectas pudieron volver, comprobaron que ni siquiera las plantas superiores podían funcionar: el agua había inutilizado instalaciones generales que daban servicio a todo el edificio. "No había aire acondicionado, no había calefacción, no funcionaba el agua, la electricidad. Todos los cuadros eléctricos se destrozaron por completo", relata. La primera preocupación fue, por tanto, mucho menos arquitectónica que operativa. Había que devolver el hotel a sus trabajadores y a sus clientes.

Se acondicionó una recepción provisional en una carpa en el aparcamiento, se habilitó una escalera de servicio porque los ascensores no podían utilizarse y se planteó abrir las dos plantas superiores en seis o siete meses. Los clientes habituales siguieron acudiendo y apoyando al establecimiento. De aquel primer proyecto apenas quedó algo material: la estantería de botellero de la barra principal, situada por encima de la altura que alcanzó el agua. El resto desapareció.

  • El hotel Ibis de Alfafar, destrozado tras la Dana.- Fotos: SONIA SABNANI

Un proyecto diferente al de 2018

Tampoco existió, durante un tiempo, la posibilidad de reconstruir. Las empresas valencianas estaban desbordadas por la magnitud de los trabajos posteriores a la Dana. Hubo que buscar nuevos proveedores y, según recuerda Blanco, una constructora de Alicante colaboró incluso en la retirada de los coches acumulados en el aparcamiento. La obra no pudo comenzar hasta abril de 2025 y, mientras tanto, se cruzaron las dificultades propias de los seguros, la financiación y una intervención que, aunque afectaba de manera especialmente visible a las treinta habitaciones de la planta baja, obligaba a rehacer las instalaciones y espacios de servicio de todo el hotel. 

Cuando llegó el momento de decidir cómo reconstruirlo, los propietarios plantearon algo comprensible: volver al proyecto de 2018. Ya tenían los planos, conocían el resultado y habían invertido en aquel diseño. Burondo, sin embargo, entendió que reproducirlo literalmente tampoco tenía sentido para ellas. "Éramos incapaces de recrear el mismo proyecto, porque ya tampoco nosotras nos veíamos en él", explica Blanco. Habían pasado seis años y el estudio había cambiado. "Habíamos evolucionado mucho también como estudio", añade. Su propuesta fue hacer algo "con una mirada mucho más actual".

  • Interior renovado del hotel Ibis de Alfafar.- Fotos: SONIA SABNANI

Por ejemplo, la Dana había hecho desaparecer toda la compartimentación de la planta baja. Burondo decidió no levantar de nuevo las mismas divisiones. El vacío que dejó el agua se convirtió en un punto de partida: "El propio desastre había dejado un gran vacío y quisimos trabajar desde él". La nueva planta se abre y los espacios se relacionan ahora de una manera más continua, sin intentar representar lo ocurrido ni convertir las huellas de la catástrofe en un recurso escenográfico. La referencia del artista estadounidense Gordon Matta-Clark, presente en el proceso, aparece en esa forma de entender la arquitectura desde el corte, la ausencia y aquello que queda al descubierto.

El nuevo proyecto supone también una revisión del trabajo que las propias arquitectas habían hecho años antes. "La segunda intervención tiene que ver con destilar aquel proyecto hasta llegar a lo verdaderamente esencial", explica. Destilar significa, en este contexto, reducir, escoger o dejar fuera. "Quizá en 2018 nos preocupaba más construir una determinada imagen; ahora nos interesa más construir una atmósfera". Hay menos elementos y menos compartimentación, pero cada decisión adquiere mayor peso: bloques de tierra, superficies de micromortero que acumulan con el tiempo sus propias marcas, piezas de cerámica, madera y acero, mobiliario diseñado por el propio estudio y construido de forma expresa para el hotel.

También cambia la relación con el lugar. En un entorno industrial y comercial que difícilmente podía convertirse en argumento visual, Burondo buscó València en otro sitio: en su cultura material, en los artistas y artesanos que continúan trabajando allí. "Quizá el contexto de este proyecto no sea únicamente aquello que vemos desde una ventana", apunta Blanco. "València está también en su cultura material, en sus artistas, en sus artesanos, en determinadas texturas y en una manera concreta de relacionarse con la materia". De ahí la presencia de piezas de Canoa Labaporta, Patricia Varea o María Tinaut, junto a una iluminación de Flos, Santa & Cole, Ingo Maurer, Casa Josephine o Daphine.

  • Interior renovado del hotel Ibis de Alfafar.- Fotos: SONIA SABNANI

"Equipo humano" detrás del proyecto

La arquitectura del Ibis de Alfafar busca ahora algo más difícil de fotografiar que una imagen reconocible: que el espacio resulte cómodo. La luz se filtra, las cortinas desdibujan el exterior y por la noche la iluminación se mantiene deliberadamente contenida. "La gente coincide en que está muy a gusto", cuenta Blanco. "Lo que se buscaba es que el espacio acompañe y que la estancia sea un poco más tranquila". La experiencia también modificó la manera de trabajar del estudio. Durante aquellos primeros días, mientras se retiraba el barro, una de las trabajadoras de la limpieza, Carmen, acudía cada día a ayudar aunque nadie se lo hubiera pedido.

"Lo más importante es tener un equipo humano que confíen y que sumen al proyecto en todo momento", dice Blanco. La reconstrucción fue, en ese sentido, una cuestión arquitectónica pero también humana: escuchar a quienes iban a volver a trabajar allí, decidir dónde concentrar los recursos y asumir que después de una experiencia así el hotel no debía recordar permanentemente lo ocurrido. El 16 de diciembre de 2025 se celebró una pequeña "reinauguración" del Ibis de Alfafar, aunque algunas cosas todavía estaban pendientes.

Se trataban de pequeños detalles que finalmente, en junio de 2026, Burondo pudo regresar para fotografiar el resultado. Casi dos años después de aquella línea de flotación que dejó el agua en las paredes, el hotel ya no intenta recuperar exactamente lo que perdió. Su nueva arquitectura parte de esa pérdida, pero no la reproduce. "Cuando desaparece casi todo, tienes que decidir qué merece volver y qué no", resume Blanco. En el Ibis de Alfafar, volver significó abrir la planta, reducir elementos, recuperar algunos vínculos y descartar otros. No reconstruir el edificio que había desaparecido, sino decidir qué podía tener sentido después de él.

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