PILES. En las calles de la playa de Piles, los vecinos están inmersos de lleno en las labores de achique de agua y limpieza de sus viviendas tras las inundaciones provocadas por la Dana Adam. Dos días después de que el agua anegara esta zona del municipio de la Safor, la imagen que deja el temporal es la de coches inutilizados, muebles inservibles, ropa secándose al sol y pertenencias personales amontonadas a las puertas de las viviendas. Un escenario que contrasta con la tranquilidad habitual de Piles, donde las viviendas de veraneo conviven con las de los saforauis que han hecho de la playa su hogar durante todo el año.
Pere es uno de esos vecinos. Vive con su familia en una calle estrecha a unos pocos metros de la playa. Enfrente de su casa viven sus abuelos; un poco más allá, sus tíos; y al lado, vecinos que, después de tantos años, son prácticamente parte de la familia. Una de esas calles donde todos se conocen y donde, estos días, nadie limpia únicamente su propia vivienda. Todos ayudan a todos, en la medida de sus posibilidades, para intentar recuperar la normalidad.
Pero esa cercanía, que forma parte de la vida cotidiana de esta pequeña comunidad, fue también lo que les permitió ponerse a salvo durante la madrugada de la Dana. Cuando el agua comenzó a entrar en las viviendas y alcanzó la cintura de sus vecinos, tuvieron que abandonar sus casas y buscar refugio en el apartamento de una tía de Pere, situado en una tercera planta. Allí llegaron a reunirse 22 personas y cinco perros, entre ellos dos niños de cinco años y alrededor de una decena de jubilados, mientras la lluvia seguía cayendo y el agua continuaba subiendo en la calle.

- La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
22 personas y 5 perros en un solo apartamento
Todo comenzó alrededor de las cinco de la madrugada. Pere recuerda que el agua empezó a entrar en las viviendas mientras la lluvia seguía cayendo con intensidad. Apenas tuvieron tiempo de reaccionar: "Nos levantamos y subimos todo lo que pudimos encima de las camas", relata. Sin embargo, el nivel del agua continuó aumentando hasta alcanzarles la cintura.
Fue entonces cuando comprendieron que no podían permanecer en sus casas. La suerte, explica Pere, fue contar con el apartamento de una tía situado a escasos metros, en una tercera planta. Su propietaria no estaba allí aquella noche, porque había regresado al casco urbano de Piles, pero la vivienda se convirtió en un lugar seguro para quienes todavía permanecían en aquella pequeña calle.

- La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
"Cogimos a nuestros mayores y fuimos por la calle como pudimos", recuerda. Entre las personas que tuvieron que ayudar a ponerse a salvo había una vecina de avanzada edad, sus abuelos, un tío, una niña de cinco años y una familiar con dificultades de movilidad. El agua ya les superaba la cintura y la lluvia no daba tregua.
"Entre todos conseguimos subirlos, porque el agua nos llegaba por encima de la cintura y seguía lloviendo. Lo pasamos muy mal", explica Pere, que todavía recuerda las dificultades para trasladar a las personas mayores. Una de las mujeres, asegura, "estaba que se ahogaba" durante el recorrido hasta el apartamento. Finalmente consiguieron llegar al bloque de apartamentos: "Éramos 22 personas refugiadas allí arriba: Había cinco perros, dos niños de cinco años y por lo menos diez jubilados. Éramos muchísimos", cuenta.

- La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
Una jornada entera esperando a que bajara el agua
Una vez a salvo, poco podían hacer más que esperar. Desde aquella tercera planta, los vecinos contemplaron cómo la lluvia continuaba cayendo y el agua permanecía estancada en las calles. No fue hasta las cuatro o las cinco de la tarde cuando algunos se atrevieron a bajar para comprobar qué había ocurrido con sus viviendas.
El panorama que encontraron era desolador. Aunque el nivel había comenzado a descender, el agua todavía cubría buena parte de la calle. Pere señala las marcas que han quedado en las fachadas y recuerda que, durante los momentos más complicados de la madrugada, el nivel había llegado incluso más arriba.

- La playa de Oliva tras el paso de la Dana Adam. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
Las pequeñas escaleras que separan la entrada de algunas viviendas de la calle evitaron que el agua penetrara con tanta fuerza en determinados inmuebles. Otros vecinos, sin embargo, no tuvieron la misma suerte. "Hay gente a la que le han entrado 70 u 80 centímetros de agua dentro de casa", explica.
Los daños se repiten de una vivienda a otra. Muebles hinchados por la humedad, electrodomésticos que todavía no saben si podrán recuperar y, sobre todo, vehículos que han quedado inutilizados tras permanecer durante horas bajo el agua, y algunos otros que han dejado a secar. Otros sí se han podido salvar y ahora están aparcados al sol para secarse.

- La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
Solidaridad vecinal
En medio de ese escenario, la solidaridad vecinal ha vuelto a convertirse en una de las imágenes de la emergencia. Familiares, amigos y vecinos del pueblo de Piles se han desplazado hasta la playa para colaborar en las tareas de limpieza. Unos retiran muebles, otros ayudan a sacar agua y otros intentan salvar los objetos que todavía pueden recuperarse.
"Ahora estamos todos limpiando y valorando los daños. Viene gente del pueblo a ayudarnos, viene todo el mundo", agradece Pere. Aún así, con gente del pueblo, familiares cercanos y amigos no es suficiente, ya que algunos vecinos cuentan a Valencia Plaza que han recibido poca ayuda a día de hoy, y que esperan el fin de semana "a ver si viene más gente hasta aquí que durante los días laborables".

- Una mujer limpia y retira el agua de la zona inundada en la playa de Oliva. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
"En Piles dentro de lo malo tenemos suerte"
Pese a los daños sufridos en las viviendas y comercios de Piles y el componente psicológico de todo lo vivido, Pere insiste en que existen diferencias importantes entre lo ocurrido en su municipio y los daños registrados en otras localidades como Els Poblets en la Marina Alta. Según explica, en su calle el principal problema ha sido la acumulación del agua de lluvia, mientras que en otros municipios las crecidas y desbordamientos han arrastrado grandes cantidades de barro.
"Nosotros, dentro de lo malo, podemos levantar la cabeza porque aquí el agua ha venido de todo lo que ha llovido. En otros sitios lo tienen mucho peor, porque el agua viene del río y lo llena todo de barro", señala. Pere menciona lo ocurrido en otras zonas de la Safor y la Marina Alta y lo compara con las consecuencias de las inundaciones de 2024 en municipios como Paiporta o Catarroja. "Allí es mucho más complicado, porque el barro te obliga a tirarlo prácticamente todo", explica.
En Piles, al menos, algunas pertenencias todavía tienen una segunda oportunidad. "Hay muebles que todavía podemos salvar. La ropa huele mal, pero la lavas y la recuperas. Allí, con el barro, es todo para tirar y volver a hacerlo nuevo", resume. Una comparación que, en cualquier caso, no resta importancia a lo que han vivido los vecinos de la playa de Piles. "Al final, todos lo hemos pasado mal", reconoce.

- La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
"La preocupación ahora es cómo volver a la normalidad"
Superado el miedo de aquella madrugada, las preocupaciones de Pere y su familia son ahora otras. "Tenemos la suerte de que manos no nos faltan", explica. Él y otros jóvenes de su entorno tendrían que haber estado en Valencia estudiando en la universidad, pero la suspensión de las clases permitió que permanecieran en Piles y pudieran colaborar desde el primer momento en las tareas de limpieza.
Lo que necesitan ahora, asegura, es ayuda para afrontar las pérdidas y recuperar su vida cotidiana. Especialmente preocupante en su caso es la situación de los vehículos: los de su familia han quedado inutilizados y, en una zona donde las conexiones de transporte público son limitadas, quedarse sin coche puede convertirse en un problema. "Aquí el transporte público es muy reducido y, cuando mi madre tenga que volver a trabajar, no sé cómo vamos a hacerlo", lamenta.
A ello se suma la incertidumbre de los seguros y las indemnizaciones. Pere teme que la acumulación de daños y reclamaciones retrase la recuperación de las familias afectadas. De momento, toca esperar, seguir limpiando y hacer balance de lo perdido.