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La atención psicológica en Alfafar se dispara un 620% tras la Dana y roza las 1.000 intervenciones

Un informe del Ayuntamiento y la Universitat de València alerta del grave deterioro de la salud mental de la población, especialmente en los barrios Orba y Alfalares, ante la lentitud de los trabajos de reconstrucción

  • Imagen de archivo de Alfafar tras la Dana del 29 de octubre de 2024.
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VALÈNCIA. La Dana del 29 de octubre de 2024 sigue teniendo consecuencias visibles en Alfafar, no solo en el plano material, sino también en la salud mental de su población. Un informe elaborado por el Ayuntamiento, en el que ha colaborado la Universitat de València (UV), constata un aumento del 620% en la atención psicológica tras la riada y alerta de un "deterioro emocional sostenido", sobre todo en los barrios de Orba y Alfalares, los más afectados por las inundaciones. 

Alejandro Baixauli, vecino de Alfalares, describe a Valencia Plaza ese impacto desde su experiencia: "Ha sido un año complicado". No se refiere a un momento concreto, sino a un proceso prolongado en el tiempo, marcado por la dificultad de recuperar la normalidad. "Me ha costado seguir hacia adelante y he perdido parte de mi rutina diaria", señala, una percepción que, según el informe, comparte la gran mayoría de la población afectada. El estudio analiza las atenciones psicosociales registradas en los meses posteriores a la emergencia y dibuja una evolución clara. 

Entre diciembre y junio, se contabilizaron 932 intervenciones desde los Servicios Sociales del consistorio, una cifra elevada para un municipio del tamaño de Alfafar. Tras un inicio contenido, la demanda aumentó de forma notable a partir de febrero, cuando se registraron 160 atenciones, y alcanzó su punto máximo en marzo, con 288. El mes de abril mantuvo niveles similares, antes de un descenso gradual que, según los técnicos, no supone una recuperación plena. 

  • Gráfico de la evolución de las atenciones psicológicas en Alfafar tras la Dana. - Foto: AYUNTAMIENTO DE ALFAFAR

De hecho, los autores del informe explican que esta evolución responde a patrones habituales tras catástrofes naturales de gran impacto. Una vez superada la fase inicial de la emergencia, el desgaste emocional se intensifica cuando los daños sobre el entorno persisten. En Alfafar, la lentitud en los trabajos de reconstrucción del municipio ha contribuido a prolongar ese malestar, al estar presentes los efectos de la riada en la vida diaria de sus vecinos y vecinas. 

Esta situación se ha evidenciado en los barrios de Orba y Alfalares, cuya recuperación, según Baixauli, "ha ido mucho más por detrás que otras zonas". No obstante, este vecino aclara que no se trata de señalar responsabilidades, sino de constatar una realidad. "Te vas a otros barrios de Alfafar y notas mucha diferencia", añade. En su entorno, asegura Baixauli, prácticamente todas las viviendas resultaron afectadas.

Ansiedad, estrés postraumático o alteración del sueño

El informe subraya que, en el caso de Orba, la destrucción total de parques, jardines y espacios de convivencia ha tenido un impacto emocional significativo. La ausencia prolongada de estos lugares, fundamentales para la vida comunitaria, ha dificultado la recuperación psicológica, especialmente en un barrio con una elevada densidad de población y presencia de colectivos vulnerables, como personas mayores, menores o familias migrantes.

Entre las consecuencias detectadas figuran un aumento de los síntomas de ansiedad, estrés postraumático y alteraciones del sueño, así como un mayor aislamiento social. En las personas mayores, se observa un repunte de la sintomatología depresiva, mientras que en los menores se han detectado cambios conductuales vinculados a la pérdida de espacios de juego y socialización. Baixauli reconoce que, en su caso, ha logrado sobrellevar la situación con una actitud positiva, pero advierte de que no todos los vecinos han contado con la misma capacidad de adaptación. 

  • Imagen de archivo de Alfafar tras la Dana del 29 de octubre de 2024. - Foto: KIKE TABERNER

"Hay gente que lo ha pasado muy mal y que tiene mucho miedo", explica. Ese temor se refleja incluso en cambios visibles en el día a día del barrio, como la instalación de barreras anti inundaciones en las viviendas, una medida que aporta protección, pero que, de manera inevitable, recuerda lo ocurrido el 29 de octubre de 2024. El informe concluye que la recuperación emocional de Alfafar está ligada a la reconstrucción del entorno urbano.

La falta de avances visibles alimenta la sensación de inseguridad y dificulta el "pasar página" de un episodio traumático para la mayoría de la población. Por ello, los expertos recomiendan acelerar la recuperación de parques y otros espacios públicos en Orba y Alfalares; mantener y reforzar la atención psicológica comunitaria mientras duren las obras e integrar a profesionales de la salud mental en los procesos de planificación urbana. Una estrategia que parte de una premisa clara: la reconstrucción no es solo una cuestión de infraestructuras, sino también de bienestar emocional.

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