VALÈNCIA. Los episodios catastróficos como la Dana del 29 de octubre de 2024 no solo dejan daños visibles sobre el territorio. También obligan a revisar cómo se estudia y se planifica el riesgo de inundaciones. Por ese motivo, la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha actualizado la cartografía que identifica los puntos más vulnerables de su demarcación, un trabajo que incorpora los cambios sobre el terreno que provocó la riada del 29-O en algunos cauces.
El organismo de cuenca ha presentado este jueves en su sede de València la revisión de los Mapas de Peligrosidad y Riesgo de Inundación, una herramienta técnica que sirve para elaborar el tercer ciclo del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación (PGRI) correspondiente al periodo 2028-2032. La documentación se encuentra en fase de información pública y forma parte del proceso de aplicación de la directiva europea sobre inundaciones.
En concreto, la revisión parte de la actualización de la Evaluación Preliminar del Riesgo de Inundación, aprobada en julio de 2025, que ya incorpora los efectos de la Dana del 29 de octubre de 2024 en la Comunitat Valenciana. Como resultado de este análisis, la demarcación del Júcar suma tres nuevas Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSI) y cuatro subtramos fluviales adicionales, todos ellos asociados a cauces que presentan condiciones de especial vulnerabilidad ante episodios de crecida. En conjunto, estos nuevos tramos superan los 70 kilómetros de longitud.

- Jornada informativa celebrada este jueves en la CHJ sobre la revisión del mapa de peligrosidad y riesgo de inundación. - Foto: CHJ
Entre los puntos incorporados se encuentran el río Sot en el término municipal de Sot de Chera (Valencia), el barranco Ràtils entre Onda y el río Seco o Sonella (Castellón), la confluencia de la cañada del Monegrillo con el arroyo de la Encina en Iniesta (Cuenca) y el río Servol desde aguas arriba de la N-340 hasta su desembocadura. Con estas incorporaciones, la demarcación del Júcar cuenta en la actualidad con 61 áreas de riesgo que agrupan 129 subtramos, con una longitud conjunta que supera los 1.070 kilómetros de cauces analizados.
Asimismo, la actualización incluye la revisión de 18 subtramos que ya estaban identificados en ciclos anteriores, con el objetivo de mejorar la información disponible sobre las zonas inundables mediante nuevos modelos hidrológicos, hidráulicos y herramientas cartográficas de mayor precisión. Entre ellos se encuentra el río Turia en el tramo comprendido entre el embalse de Loriguilla y el Azud del Repartiment, donde se han tenido en cuenta los cambios morfológicos que experimentó el cauce tras la Dana.
Se estudian las cuencas del Magro y el Poyo para incorporar los resultados a la cartografía
Cabe recordar que el episodio de lluvias extraordinarias registrado el 29 de octubre de 2024 provocó inundaciones en diversas comarcas de la provincia de Valencia y obligó a replantear parte de los modelos empleados hasta la fecha para estimar el comportamiento de los ríos. En algunos puntos, la magnitud de las avenidas superó los registros de referencia que se empleaban para calcular periodos de retorno y escenarios de riesgo.
Por este motivo, algunas zonas afectadas —como las cuencas del río Magro y del barranco del Poyo— están siendo objeto de estudios específicos que permitirán mejorar la caracterización de los cauces. Estos trabajos incluyen nuevos análisis hidológicos e hidráulicos y vuelos con tecnología LiDAR para obtener información topográfica actualizada. Parte de este análisis los desarrolla el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex), que estudia el comportamiento de los ríos y barrancos durante aquel episodio.
Los resultados de estos estudios se incorporarán previsiblemente a lo largo de 2026 a la actualización definitiva de la cartografía, dentro del proceso de elaboración del tercer ciclo del plan de gestión del riesgo de inundación. Estas herramientas permiten identificar con mayor precisión las zonas más expuestas, orientar la planificación territorial y facilitar la adopción de medidas de prevención y protección frente a futuras avenidas.
El análisis del riesgo combina la peligrosidad de la inundación —la extensión del área que podría quedar anegada, la profundidad del agua o la velocidad de la corriente— con la vulnerabilidad de los elementos expuestos, como la población, las actividades económicas o el patrimonio. A partir de estos factores se evalúan distintos escenarios de probabilidad, desde crecidas relativamente frecuentes hasta episodios extremos con periodos de retorno de hasta 500 años.