Los autónomos de Piles tras la dana Adam: "El negocio sigue teniendo gastos aunque esté cerrado"

Comarca y empresa

Los propietarios de pequeños negocios de la playa hacen balance de los daños con la incertidumbre de la inversión que necesitarán para recuperar su actividad

  • Néstor y Jenny junto a su negocio afectado por la Dana Adam en Piles.
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PILES. En la playa de Piles, los pequeños negocios también intentan recuperarse del paso de la dana Adam. Allí donde hace apenas unos días levantaban la persona los pocos negocios que se mantienen abiertos durante todo el año en una zona de costa, ahora hay maquinaria inutilizada, materiales que han tenido que acabar en la basura y propietarios que dedican sus jornadas a limpiar el agua, recoger todo aquello que han perdido y evaluar los daños.

Las inundaciones han afectado gravemente a quienes dependen de sus negocios para ganarse la vida y aunque el agua ya ha desaparecido de las calles, la incertidumbre sobre su economía familiar y sobre cuándo podrán volver a abrir sigue presente.

Néstor y Jenny son propietarios del bar Les Delícies, situado en la playa de Piles. Estos días, el interior del establecimiento presenta una imagen muy distinta a la habitual. Buena parte del equipamiento ha resultado afectado por el agua: La televisión, la cafetera, las neveras, el horno de la cocina y otras máquinas forman parte del inventario de daños que ahora tienen que revisar y tirar a la basura.

  • Néstor en su bar de la playa de Piles -

La Dana sorprendió a la pareja en lugares diferentes. Jenny se encontraba en Piles, donde había permanecido para atender el restaurante durante el fin de semana, mientras Néstor estaba a unos 80 kilómetros, ocupado con su otro trabajo en una oficina dedicada a la fiscalidad y la contabilidad.

Con la temporada estival ya terminada y una previsión de lluvias para el fin de semana, habían decidido repartirse las tareas. Jenny se quedó al frente del bar junto con otros trabajadores y Néstor aprovechó para avanzar trabajo en la oficina, coincidiendo con los últimos días de las obligaciones fiscales del tercer trimestre.

Aquella noche, con el miedo presente por la situación que se le avecinaba a la Safor, Néstor recuerda que esperaba una llamada de su mujer para hacer balance del fin de semana, como acostumbraban a hacer, pero las horas comenzaron a pasar sin recibir noticias. "Sobre la una y veinte de la madrugada me di cuenta de que todavía no me había llamado. Intenté ponerme en contacto con ella, pero ya no había señal. No funcionaba ni WhatsApp ni el teléfono", relata.

Durante horas, Néstor permaneció pendiente de cualquier noticia. Sabía que Jenny estaba en un apartamento de una primera planta, en un edificio de cuatro alturas, por lo que confiaba en que el agua no llegara hasta donde se encontraba. Pero desconocía qué estaba ocurriendo en la calle y hasta dónde podían llegar las inundaciones.

  • Una mujer ayuda a Néstor y Jenny a limpiar su bar. -

"Mi cabeza iba cambiando constantemente. Pensaba que estaría bien, pero después me preocupaba que intentara coger el coche para salvarlo y le ocurriera algo", recuerda. No fue hasta alrededor de las seis de la mañana cuando consiguió hablar con ella.

"Pasamos toda la noche separados, a 80 kilómetros, sin saber qué estaba ocurriendo", explica. Cuando finalmente pudieron comunicarse, Jenny le contó lo que había presenciado: los accesos al edificio inundados, los vehículos afectados y una calle que se había convertido prácticamente en una laguna.

  • La playa de Piles tras la Dana. -

Un bar inundado que continúa generando gastos

Cuando Néstor pudo regresar a Piles, encontró el negocio afectado por las inundaciones. Entre las primeras tareas estuvo retirar los alimentos de los congeladores y evitar que los productos almacenados acabaran deteriorándose. La pareja consiguió sacar dos coches cargados de comida congelada que repartieron entre los vecinos, mientras comenzaban a organizar la limpieza del establecimiento y a comprobar los daños sufridos por la maquinaria.

"Ahora nos hemos marcado un objetivo: limpiar todo lo que podamos y sacar los alimentos que se han quedado dentro para evitar que se pudran", explica Néstor. La rehabilitación del bar llegará después. Primero tendrán que evaluar qué equipamiento puede recuperarse, qué elementos necesitan ser sustituidos y cuánto dinero deberán invertir para volver a poner en marcha el establecimiento.

  • Una mujer ayuda a Néstor y Jenny en la limpieza de su bar en Piles. -

Paralelamente, comenzarán los trámites con la aseguradora, el Consorcio de Compensación de Seguros y las administraciones públicas. Pero hay una preocupación que va más allá de los desperfectos materiales. Mientras el bar permanece sin actividad, las obligaciones económicas no desaparecen.

"El negocio continúa asumiendo gastos, como el alquiler, la comunidad de propietarios, los impuestos o las licencias de ocupación de la vía pública", enumera Néstor, que conoce bien los procedimientos administrativos por su actividad profesional.

Su principal inquietud es cuánto dinero tendrán que adelantar para poder reabrir, qué parte de los daños quedará cubierta por el seguro y cuánto tiempo tardarán en recibir las compensaciones. "La principal preocupación es qué cantidad tendremos que desembolsar para que esto vuelva a funcionar, aunque después nos lo cubran", señala.

  • La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -

Néstor reconoce que todavía no ha podido estudiar con detenimiento las ayudas anunciadas por las administraciones. De momento, su prioridad ha sido atender las obligaciones de su otro negocio y comenzar a limpiar el bar. Los trámites vendrán después.

En su caso, está familiarizado con la gestión de subvenciones y procedimientos administrativos, por lo que presentar las solicitudes no supone una dificultad añadida. Lo que le preocupa es el tiempo que pueda transcurrir hasta que se resuelvan.

"Yo puedo preparar un trámite en una hora, sin necesitar ayuda externa, pero después tienes que esperar a que se resuelva. Y esa es la incertidumbre", explica. Por ello, considera fundamental que las administraciones agilicen los procedimientos y den prioridad a quienes necesitan recuperar cuanto antes su actividad.

  • Una calle de Oliva tras el paso de la Dana Adam. -

"Tengo afectados el negocio, la vivienda y los vehículos"

A pocos metros, otro establecimiento de la playa de Piles afronta una situación semejante, aunque con una particularidad: sus propietarios no solo tienen que evaluar los daños de su negocio, sino también los de su vivienda, situada justo detrás del local.

Se trata de un establecimiento de comidas para llevar y pollos asados que abre únicamente durante la temporada de verano. Cuando llegó la Dana Adam, el negocio ya estaba cerrado y la maquinaria permanecía apagada y desconectada. Una circunstancia que ahora les hace confiar en que parte de los equipos puedan recuperarse.

"Estaba todo lleno de agua, pero las máquinas estaban apagadas y desconectadas. Ahora esperamos que se sequen bien los motores y veremos si vuelven a arrancar", explica uno de sus propietarios. A las puertas del local, entre los objetos que han tenido que sacar para limpiarlos o secarlos, se encuentran también fotografías y recuerdos familiares.

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La situación es distinta en la vivienda familiar, donde el agua también ha provocado daños en muebles, camas y otras pertenencias. "Tenemos la casa justo detrás. Hemos sacado todas las fotos que teníamos dentro", relata mientras muestra parte de las pertenencias recuperadas.

A los daños de la casa y del establecimiento se suman los de los vehículos. Tanto el coche como la motocicleta de la familia resultaron afectados por las inundaciones y todavía desconocen si podrán recuperarlos.

Por precaución, han decidido no intentar arrancar el coche hasta que lo revise un profesional. "Prefiero esperar a que venga el seguro, llevarlo al taller y que sean ellos quienes lo arranquen", explica el propietario.

Una situación que, asegura, se repite en buena parte de las calles de la playa de Piles. Los vehículos permanecen abiertos, con las puertas y los maleteros levantados, mientras sus propietarios intentan secar los interiores y comprobar hasta dónde ha llegado el agua. "Por aquí hay coches a los que el agua les ha llegado hasta media rueda, pero más adelante ha cubierto vehículos enteros. Esos ya no sirven para nada", lamenta.

  • La playa de Piles tras el paso de la Dana Adam. -

En el caso de Néstor y Jenny, la prioridad es rehabilitar el bar Les Delícies y conocer el alcance de las compensaciones económicas. Para los propietarios del establecimiento de comidas para llevar, la preocupación pasa por salvar la maquinaria de un negocio estacional mientras afrontan también los daños en su propia casa.

Son situaciones diferentes, pero comparten una misma incertidumbre: todavía no saben cuánto les costará recuperar lo perdido ni cuánto tiempo necesitarán para volver a la normalidad. Mientras tanto, en las calles de la playa de Piles continúa la limpieza.

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