VALÈNCIA. Hay una pregunta que València lleva varias décadas haciéndose sin terminar de contestarla: dónde acaba la ciudad. No dónde finaliza su término municipal, que eso lo resuelve un mapa con una línea perfectamente definida, sino dónde termina aquello que entendemos como ciudad cuando se mira desde el día a día, desde los desplazamientos, desde el trabajo o, con especial crudeza, desde la Dana del 29 de octubre de 2024. Las fronteras administrativas tienen una virtud extraordinaria: son nítidas. El territorio, en cambio, no lo es.
El Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunitat Valenciana (COACV) ha puesto sobre la mesa esa contradicción con el trabajo 'El Área Metropolitana de la Huerta de València', elaborado durante el mes de julio por Julia Cano, Ana Gascón y Vicent Chapapría. El documento parte de una idea sencilla, pero con consecuencias importantes: no existe una única manera de dibujar el área metropolitana, porque no es la misma si se atiende a los asentamientos residenciales, a los desplazamientos diarios, a la actividad económica, a las infraestructuras o a los sistemas ambientales.
El estudio identifica así un núcleo metropolitano consolidado formado por 50 municipios, con alrededor de 1,6 millones de habitantes y cerca de 950 kilómetros cuadrados. Pero esa cifra no pretende convertirse en una frontera definitiva. Más allá de esa primera corona aparece una segunda escala, más abierta, en la que pueden entrar en juego municipios diferentes dependiendo de aquello que se quiera analizar o planificar.

- Imagen de la delimitación del área metropolitana de Valencia. -
- Foto: VP
Es precisamente esta idea la que Ana Gascón, arquitecta y profesora de Urbanismo en la Universitat Politècnica de València (UPV), considera fundamental. "Es muy complicado establecer una única delimitación válida para todo", explica en una entrevista a Valencia Plaza. En su propia tesis doctoral ya había estudiado las distintas maneras en las que las administraciones han intentado definir el área metropolitana y había llegado a una conclusión similar: la delimitación depende de las variables que se utilicen y de la finalidad del análisis.
Una primera corona estable de 50 municipios
Los 50 municipios de la primera corona son Alaquàs, Albal, Albalat dels Sorells, Alboraya, Albuixech, Alcàsser, Aldaia, Alfafar, Alfara del Patriarca, Almàssera, Benetússer, Beniparrell, Bétera, Bonrepòs i Mirambell, Burjassot, Catarroja, Foios, Godella, l'Eliana, Emperador, Llocnou de la Corona, Manises, Massalfassar, Massamagrell, Massanassa, Meliana, Mislata, Moncada, Museros, Náquera, Paiporta, Paterna, Picanya, Picassent, la Pobla de Farnals, la Pobla de Vallbona, Puçol, el Puig de Santa Maria, Quart de Poblet, Rafelbunyol, Riba-roja de Túria, Rocafort, San Antonio de Benagéber, Sedaví, Silla, Tavernes Blanques, Torrent, València, Vinalesa y Xirivella.
Pero, ¿por qué esos 50 y no otros? La proximidad a València ayuda a explicar el mapa, pero no lo determina por sí sola. El informe llega a esta delimitación a partir de la coincidencia de varios factores: el crecimiento de los núcleos urbanos hasta formar una estructura prácticamente continua, los desplazamientos cotidianos, la actividad económica, las infraestructuras y las relaciones ambientales que comparten estos municipios.
En muchos puntos, de hecho, resulta difícil establecer dónde termina un municipio y comienza el siguiente. El suelo construido se ha ido extendiendo y con él han aumentado las relaciones entre localidades en cuestiones tan concretas como la vivienda, el empleo, las dotaciones, la movilidad o la protección del medio ambiente. Además, la A-7 ayuda a entender por qué este territorio ha adquirido esa condición. A su alrededor se concentran algunos de los principales puntos de actividad del área metropolitana: el Puerto de València, el aeropuerto de Manises, Fuente del Jarro, el Parc Tecnològic y los corredores de la A-3, V-21, V-30 y CV-35. A esta infraestructura viaria se suma una elevada intensidad de desplazamientos diarios por motivos laborales, educativos y de acceso a servicios. El informe considera que la suma de estos flujos convierte este espacio en una unidad funcional.

- Parada de metro en Paiporta. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
Una segunda corona
Pero la propuesta no termina en esos 50 municipios. El estudio dibuja también una segunda corona, más amplia y menos homogénea, que permite observar hasta dónde llegan las relaciones metropolitanas cuando ya no existe una continuidad urbana tan evidente. En ella aparecen municipios como Benissanó, Benaguasil, Vilamarxant, Loriguilla, Cheste, Chiva, Llíria, Montserrat, Turís, Godelleta, Benifaió, Alginet, Sollana, Almussafes, Serra, Olocau, Marines, Gilet o Sagunt, entre otros.
La diferencia es importante. Mientras los 50 municipios conforman un "núcleo consolidado", en el que se plantea una estructura estable de gobernanza, la segunda corona no tiene una frontera fija. Puede variar en función de aquello que se quiera gestionar: una red de transporte, un corredor logístico, la protección de un espacio natural, la prevención de inundaciones o una estrategia económica. El estudio denomina a esta forma de entender el área metropolitana "geometrías variables".

- Panorámica del municipio de Riba-roja de Túria. -
- Foto: AYUNTAMIENTO DE RIBA-ROJA DE TÚRIA
La movilidad es una de las razones que explican esa ampliación. València concentra buena parte del empleo, los servicios y los desplazamientos, pero las relaciones ya no se producen únicamente entre la capital y cada municipio. También existen conexiones entre localidades periféricas, vinculadas a los polígonos industriales, los parques tecnológicos, las áreas logísticas y los nuevos espacios residenciales. El propio informe señala las carencias de las conexiones transversales entre estos municipios y plantea la necesidad de reforzarlas para avanzar hacia una estructura más policéntrica.

- - Foto: ADIF
La economía lleva el mapa todavía más lejos. Sagunt, Cheste y Almussafes, aunque quedan fuera del núcleo de 50 municipios, aparecen vinculados al funcionamiento metropolitano por el peso de sus áreas industriales y logísticas. Almussafes, por su complejo industrial; Sagunt, por el puerto y su concentración industrial; y Cheste, por su posición sobre la A-3 y su relación con el corredor logístico de Riba-roja y Loriguilla. Son relaciones distintas a las que justifican la primera corona, pero ayudan a explicar que la actividad económica no se detiene en el perímetro urbano de València.
El modelo que se desprende del informe es, por tanto, más amplio que una ciudad central rodeada de municipios dependientes. La propuesta plantea una estructura metropolitana policéntrica, en la que distintos municipios y áreas pueden asumir funciones complementarias. La primera corona sería el núcleo estable; la segunda, un ámbito adaptable a las necesidades de cada estrategia.
La Dana y su impacto sobre el área metrpolitana
El estudio plantea otra forma de leer ese mismo territorio que no tiene que ver con dónde trabaja la gente ni con dónde se concentra la industria. Tiene que ver con por dónde pasa el agua. El informe incorpora las cuencas hidrográficas, los barrancos, la llanura aluvial y los sistemas agrícolas e hidráulicos históricos como parte de la estructura funcional del área metropolitana. Son elementos que atraviesan términos municipales y que siguen condicionando el territorio pese a que las ciudades hayan crecido sobre ellos.

- Imagen de archivo del barranco del Poyo a su paso por Paiporta tras un episodio de lluvias. - Foto: AYUNTAMIENTO DE PAIPORTA
En esta lectura, la huerta, los cauces y los espacios naturales no son los intersticios que quedan entre las zonas urbanizadas, sino una infraestructura ambiental que presta servicios al conjunto. El estudio identifica cuatro grandes sistemas hidrográficos: la cuenca del río Turia, las ramblas del Poyo-Pozalet-Saleta, los barrancos del Carraixet-Palmaret y los barrancos de l'Albufera. La delimitación de estos espacios no coincide con los municipios y, por eso, tampoco las actuaciones sobre ellos pueden plantearse siempre desde un único ayuntamiento. La prevención del riesgo de inundación, la gestión de los recursos hídricos o la continuidad de los corredores ecológicos exigen otra escala.
La Dana del 29 de octubre de 2024 ha hecho especialmente visible esta cuestión. El propio informe señala que la elevada presión de suelo construido dentro del área propuesta ha puesto en riesgo la capacidad del medio físico para mantener el equilibrio de sus recursos ecosistémicos, una situación que quedó patente tras las inundaciones en l'Horta Sud.

- Dos personas observan el barranco del Poyo a su paso por Paiporta. -
- Foto: BIEL ALIÑO (EFE)
Es también el punto en el que el estudio conecta el diagnóstico territorial con la necesidad de una estructura de gestión. Porque si las inundaciones, la movilidad, la huerta o determinadas infraestructuras funcionan por encima de los términos municipales, la planificación tampoco puede quedarse siempre dentro de ellos.
Oficina de gobernaza metropolitana
Esa es precisamente la reivindicación que puso sobre la mesa el decano del COACV, Salvador Lara. Durante la presentación del estudio, Lara recordó que el Colegio ya había colaborado tras la Dana con las ayudas y revisiones de edificios afectados y que después creó una asociación de arquitectos municipales para trabajar con los ayuntamientos en el planeamiento y en la definición del futuro de las zonas dañadas.
Ahora, explicó Lara, el objetivo es ampliar esa colaboración. "Falta quizá lo más importante", señaló, "crear la infraestructura básica supramunicipal" que permita abordar el territorio de forma conjunta y ofrecer a la población una mayor seguridad ante futuros episodios de lluvias. El decano puso el acento en una cuestión que va más allá de reconstruir lo que existía antes de la Dana: la necesidad de crear una estructura territorial capaz de trabajar sobre aquello que ningún municipio puede resolver por separado.
No obstante, Lara quiso dejar claro qué es y qué no es el documento presentado. "Es un trabajo de definición del ámbito que debe tener la zona", explicó. No plantea todavía una nueva administración ni concreta cómo debería organizarse esa futura estructura. Es, en sus palabras, un trabajo "humilde" y "modesto" con el que el Colegio pretende contribuir a definir primero el territorio sobre el que habría que trabajar.