CATARROJA. Hay barrios que conservan su memoria en archivos. Otros la guardan en las fotografías familiares, en los libros de fiestas o en las vitrinas de las asociaciones. Y luego está Les Barraques, en Catarroja, donde su historia sigue viva porque sale a la calle cada mes de junio, camina detrás de Sant Pere y se embarca rumbo a l'Albufera mientras la música pone banda sonora a una tradición que se resiste a desaparecer.
Estos días el barrio tiene ese ajetreo alegre que anuncia que se acerca una fecha importante. Los festeros organizan los últimos detalles y las cuadrillas de amigos ya hablan de cenas, pasacalles y verbenas. Junio siempre se vive de una manera especial en Les Barraques, el casco antiguo de Catarroja, ese entramado de casas bajas y estrechas que creció mirando hacia el puerto y hacia el lago.

- - Foto: KIKE TABERNER
Aquí las fiestas de Sant Pere no son unos días más del calendario. Son una de esas tradiciones que sirven para que el barrio se reconozca a sí mismo. Basta caminar unos minutos por sus calles para entenderlo. Todos, tanto mayores como jóvenes, parecen tener algún recuerdo relacionado con el santo y quizá por eso las fiestas tienen un significado tan especial. Más aún cuando se tratan de las segundas que se celebran después de la Dana del 29 de octubre de 2024, aquella riada que golpeó con dureza este barrio acostumbrado a convivir con el agua, aunque no de esa manera.
La travesía de Sant Pere por l'Albufera
Nuria Marín, concejala de Fiestas de Catarroja, cree que precisamente ahí reside buena parte del valor de la celebración. Habla de Sant Pere como una tradición ligada a la identidad del municipio y como una demostración de que Les Barraques ha conseguido levantarse después de unos meses muy complicados. "Volver a celebrar estas fiestas por segundo año consecutivo tras la Dana es una forma de seguir adelante. Son un símbolo de esperanza y de ilusión por recuperarnos", explica Marín.
La historia de esta fiesta no puede entenderse sin la relación que Catarroja mantiene desde que es pueblo con l'Albufera. Aunque el municipio tenga hoy una realidad económica muy distinta a la de antaño, durante generaciones la pesca formó parte esencial de la vida de muchas familias. El Port de Catarroja es una puerta abierta al lago y Les Barraques creció alrededor de esa actividad. Por eso Sant Pere, patrón de los pescadores, terminó convirtiéndose también en el patrón de un barrio entero.
La alcaldesa de Catarroja, Lorena Silvent, cree que esa es la razón por la que las fiestas de Sant Pere siguen teniendo una fuerza especial dentro del calendario festivo de la localidad. "Son una de las celebraciones más especiales de Catarroja porque conectan al pueblo con el Port, con l'Albufera y con su tradición pesquera", explica. Silvent destaca que las fiestas han conseguido mantener intacta su esencia mientras incorporan actividades para públicos de todas las edades. "Tenemos una programación muy completa, con actos tradicionales como la 'arreplegà', la romería, la procesión o el reparto de pasteles, pero también con actividades populares, culturales y familiares que llenan el barrio de vida".
El día grande no llegará hasta el 29 de junio, pero en Les Barraques las fiestas empiezan mucho antes. De hecho, el barrio lleva días preparándose. Las banderas ya cuelgan de las fachadas y la tradicional 'arreplegà' ha vuelto a recorrer las calles para anunciar que Sant Pere está cerca. Este mismo fin de semana arrancan las primeras comidas populares y actividades festivas de un programa que se extenderá durante más de dos semanas y que incluye desde cenas vecinales y actuaciones musicales hasta juegos infantiles, exhibiciones de cultura popular valenciana y una cabalgata. El 28 de junio se celebrará el tradicional Día del Gos, una jornada que invita a los vecinos a sacar las mesas a la calle y despedir las fiestas como mejor saben hacerlo en Les Barraques: compartiendo espacio, conversación y barrio.

- - Foto: KIKE TABERNER
Silvent reconoce que, de todos los actos que conforman el programa, hay uno que conserva una capacidad especial para emocionar incluso a quienes lo han vivido decenas de veces. "La romería al Port y la misa en l'Albufera resumen perfectamente la relación de Catarroja con Sant Pere, con el agua y con nuestro entorno natural", afirma. Un acto que se celebrará el día 21 de junio y que arranca a primera hora de la mañana, cuando la imagen del santo sale de la parroquia de Sant Miquel flanqueada por vecinos, autoridades municipales y festeros.
La comitiva atraviesa las calles del barrio hasta llegar al puerto, donde le esperan las embarcaciones. Una vez subido a ellas, Sant Pere comienza una travesía que convierte l'Albufera en el escenario principal de las fiestas. "Es probablemente el acto más emotivo que tenemos", añade Marín. Y lleva razón. Decenas de barcas navegan juntas por el lago mientras festeros y pescadores acompañan al santo hasta el punto donde se celebra la misa. Allí se bendicen las aguas de l'Albufera, la pesca y los arrozales en una ceremonia que mezcla liturgia, cultura popular y memoria colectiva.
El recuerdo de la Dana de 2024
Miguel Raga lleva años contemplando esa escena. Desde 2012 preside la Asociación de Pescadores de Catarroja y habla de la fiesta con la naturalidad de quien ha crecido viéndola repetirse año tras año. Los vecinos lo conocen bien. Algunos lo llaman por sus dos motes familiares: "El Morrut", por parte de padre y "Barrera" por parte de madre, de donde le viene su vena pesquera. Dos apodos que dicen casi tanto como un apellido y que lo vinculan directamente a varias generaciones de familias ligadas al lago.
Raga escucha las preguntas apoyado en décadas de recuerdos y habla de Sant Pere como si se tratara de un viejo conocido al que lleva toda la vida acompañando por las calles del barrio y por las aguas de l'Albufera. La sede de la asociación se encuentra junto al puerto. Dentro se conserva una imagen del santo que, aunque no es la original, mira directamente hacia l'Albufera. Pegada a la Comunidad de Pescadores está Casa Baina, el auténtico templo del 'all i pebre' donde generaciones de pescadores han compartido almuerzos, conversaciones y anécdotas. Cuando llegó la Dana, el agua alcanzó también este rincón.

- - Foto: KIKE TABERNER
El barro entró en la sede de la asociación hasta alcanzar cerca de 90 centímetros de altura. Fue suficiente para arrasar buena parte del archivo histórico que custodiaba la Comunidad de Pescadores. Fotografías, documentos relacionados con la actividad pesquera, expedientes, actas y material acumulado durante generaciones quedaron cubiertos por el agua y el lodo. "Lo que más duele es lo que no se puede recuperar", explica Raga. Parte de aquella documentación pudo rescatarse gracias a un complejo proceso de conservación y secado.
De hecho, una parte del material afectado continúa siendo tratada por especialistas de la Universidad de Barcelona en un intento por salvar todo aquello que todavía pueda tener una "segunda vida". Sin embargo, otros documentos desaparecieron para siempre. "Había fotografías e información histórica que ya no volveremos a ver", lamenta Raga. Quizá por eso insiste tanto cuando habla de la importancia de mantener viva la fiesta.
El papel de los pescadores en la "criba" de la fiesta
Para el presidente de la Asociación de Pescadores, Sant Pere no es únicamente una celebración religiosa. Es también una forma de conservar una historia colectiva. "La fiesta forma parte de lo que somos. Si desapareciera, el barrio perdería una parte de su identidad", resume. José Romeu, vicepresidente de la asociación, comparte esa visión. Escucha con atención mientras habla Raga y asiente varias veces antes de intervenir.
Dice que muchas personas ven la fiesta como una tradición vinculada a la pesca, pero que para quienes viven en Les Barraques significa algo más amplio. "La mantenemos porque es cultura, porque es historia y porque sentimos que pertenece al barrio", explica. "Hay gente mayor que lleva toda la vida esperando que llegue este día y jóvenes que ahora están tomando el relevo. Eso demuestra que sigue viva".

- - Foto: KIKE TABERNER
Y ese relevo existe. Cada año un grupo de jóvenes asume la responsabilidad de convertirse en festero y organizar buena parte de los actos. Son ellos quienes preparan el programa, coordinan actividades y garantizan que la celebración siga adelante. Pero alrededor de ellos existe una especie de red invisible formada por vecinos veteranos, antiguos festeros y miembros de la comunidad de pescadores que velan para que la esencia de la fiesta no se pierda.
Marín destaca esa combinación entre juventud y tradición como una de las fortalezas de las celebraciones. "Los festeros aportan las ganas y la energía para sacar adelante cada edición, pero también existe un respeto enorme por todo lo que representa esta fiesta para el barrio", explica la concejala.
Los pescadores desempeñan un papel fundamental en ese equilibrio. Aunque ya no organizan directamente las fiestas, custodian muchas de sus tradiciones. Son quienes recuerdan cómo se han hecho siempre las cosas, quienes ayudan a conservar determinados rituales y quienes ejercen, en palabras de Raga y Romeu, una especie de "criba" natural para evitar que la celebración pierda su sentido original. "Nosotros intentamos que se respeten las costumbres y que la fiesta mantenga su identidad", explica Romeu.

- - Foto: KIKE TABERNER
Dentro de unos días, cuando la imagen de Sant Pere vuelva a embarcar rumbo a l'Albufera y las barcas avancen sobre el lago acompañadas por la música y por cientos de vecinos, la romería volverá a ofrecer una de las estampas más hermosas y singulares del calendario festivo valenciano. Pero para Les Barraques significará algo más. Será la confirmación de que la tradición continúa. De que la memoria sigue encontrando la manera de salir a la calle. Y de que, después de todo lo ocurrido, el barrio sigue reconociéndose en el mismo lugar de siempre: allí donde empieza el puerto y donde Sant Pere vuelve a navegar cada mes de junio.