VALÈNCIA. Conversar con Cristóbal Aguado es fácil. Habla sin filtros y con contundencia. Los años que lleva al frente de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) le han permitido conocer de sobra las vicisitudes del campo valenciano, del que él también forma parte activa con sus explotaciones familiares. Sin embargo, los retos del sector siguen siendo los mismos de hace diez años; problemas a los que, para más inri, no dejan de sumarse nuevos desafíos.
La inestabilidad en Oriente Próximo es hoy una de sus mayores preocupaciones, mientras el campo sigue lidiando con la competencia desleal de terceros países bajo la permisividad de la Unión Europea. Para Aguado, la administración comunitaria actúa más bien como el enemigo en casa. "Bruselas nos prometió mercados alternativos, pero se ha burlado de nosotros, sólo ha aprobado acuerdos comerciales que llevaban años negociándose", sostiene.
-¿Cómo está afectando el conflicto en Oriente Medio al sector agrario valenciano?
-Las guerras son el enemigo número uno de nuestra agricultura, especialmente de frutas y hortalizas de exportación y, claro, cuando una guerra se inicia tiene consecuencias. En este momento estamos en la de Oriente Medio y se han disparado los costes de los fertilizantes de los carburantes y de la energía. Estamos calculando también que más o menos alrededor de 4 millones de euros semanales nos está costando en la Comunitat Valenciana este inicio de esta guerra. Es verdad que el Consejo de Ministros ha aprobado ayudas, algo que es puntual para mejorar un poco la situación del impacto, pero si la guerra se alarga, como ha pasado siempre, no es lo más conveniente. Lo conveniente es que termine la guerra y se recupere la normalidad porque aún estamos arrastrando las secuelas desde 2014 de la otra guerra que tenemos en Europa, que es la de Ucrania.
-¿Siguen pesando tanto las secuelas de aquel 2014 con el veto ruso?
-En 2014, cuando se pusieron limitaciones comerciales y penalizaciones a Rusia, los primeros que pagamos los platos rotos fuimos el sector agroalimentario. Muy especialmente frutas y hortalizas y vino, que vendíamos en un país en el que los productos españoles eran gourmet. Ese mercado lo hemos perdido. Hemos perdido los centros de distribución que allí habían y recuperar ese mercado de alrededor de 200 millones de consumidores puede ser muy costoso porque se han arrastrado Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Teníamos una cabeza de puente comercial que nos complementaba.
-Esa teoría de la que tanto se habla de buscar mercados alternativos, en este caso, no ha cuajado, ¿no? Entiendo que no ha sido suficiente.
-No, eso lo consideramos una burla de inicio. Bruselas nos dijo que las ayudas puntuales irían acompañadas de mercados alternativos para sacar mercancías, pero esos mercados están por llegar. Lo que han hecho es firmar acuerdos globales que estaban negociando desde hace años —algunos como Mercosur más de 25 años— y han empezado con Nueva Zelanda, Australia, la India, Mercosur, mejorando a Marruecos, Egipto o Sudáfrica. En todos, prácticamente, somos moneda de cambio.

-¿Por qué en el caso de la India sí que parece que hay una excepción o lo veis con mejores ojos?
-Pues porque en la India han salvaguardado el producto estrella suyo, que es el arroz, y no han aumentado el cupo de exportación a Europa. Pero ya lo habían hecho con los países asiáticos —Camboya, Birmania— con acuerdos de "todo menos armas". Ahora con Mercosur y Australia otra vez es importar arroz a un precio con el que es muy difícil competir.
-Usted ha sido muy crítico con la diferencia de normativas entre lo que viene de fuera y lo que se exige aquí. ¿Cuál es el problema real con los fitosanitarios?
-Ellos para tratamientos tienen toda clase de productos y materias que hay en el Codex Alimentario Mundial. Mientras tanto, en Europa han dicho que eso es demasiado liberal y, cuando no dicen que atenta contra la salud, dicen que atenta contra el medio ambiente, y han quitado de cada cuatro materias, tres. Nos han dejado tan ajustados que estamos teniendo resistencias e incluso no tenemos materias para tratar las plagas. Aquí hay una pérdida de producción en campo que es una enormidad por no poder garantizar esa sanidad vegetal. Esperemos que no pase con las personas, porque si les da por quitar antibióticos a los humanos, ya veremos qué ocurre. Los "antibióticos" de las plantas nos los han quitado casi todos y tenemos un destrío impresionante.
-¿Tenéis algún dato o valoración de esa pérdida que se ha producido a consecuencia de no poder usar esos productos?
-Mira, este año, por ejemplo, el arroz bomba ha ido en picado y lleva camino de desaparecer en Valencia. El Albufera, que lo estaba sustituyendo, se va a reducir en un 80%. Este año, pese a hacer cuatro y cinco tratamientos con el único producto que tenemos, los expertos del IVIA dicen que apenas hace efecto porque el hongo genera resistencias. Yo mismo, en mi explotación familiar de Albufera, he perdido más del 70% de la producción en los últimos 10 días de campaña. Tuve que abandonar el bomba por no poder combatir el hongo y ahora el hongo se ha hecho tan resistente que la mayoría de arroceros de Albufera han tenido descensos importantes.

-Esta situación de crisis de precios y plagas, ¿cómo se traduce en el paisaje y en el relevo generacional de Valencia?
-Estamos en una situación verdaderamente dramática. No hay que extrañarse de que en la Comunidad Valenciana haya 180.000 hectáreas de tierra de cultivo abandonadas. Es alarmante que solo uno de cada 300 agricultores tenga menos de 25 años y que casi el 50% tenga más de 65 años. Es una situación insostenible teniendo un potencial magnífico, porque Valencia es una tierra magnífica, tenemos agua suficiente, profesionales y proximidad con los 500 millones de consumidores de Europa. Pero tenemos el problema del minifundio.
-¿El minifundio es el gran lastre actual frente a otras regiones?
-Durante generaciones Valencia ha sido muy viable. De hecho, los agricultores valencianos hemos llevado nuestras técnicas a otras partes de España y de fuera por nuestra profesionalidad. Hemos exportado conocimiento e incluso comprado tierras en otros sitios buscando mayores dimensiones. Hoy vas a Andalucía y hay grandes fincas propiedad de empresarios valencianos porque con el riego localizado es fácil hacer extensiones grandes. Valencia tuvo su boom antes, pero lo hacíamos nivelando bancales para el riego por inundación y esa estructura de pequeñas parcelas aún existe. Ahora nos enfrentamos al reto de la revolución tecnológica y necesitamos estructuras, planificación y una gestión inteligente con ingenieros, drones y robots.
-¿La solución para el sector pasaría entonces por disminuir las restricciones ambientales y burocráticas que vienen de Europa?
-En Europa somos el único espacio donde la burocracia se nos come y la legislación nos ahoga. Los principios de que la agricultura europea tiene que salvar el mundo están llevando a un callejón sin salida y el beneficio ecológico se rompe al tener 180.000 hectáreas abandonadas. El respeto ambiental extremo ha provocado que la fauna silvestre esté haciendo mucho daño. Tenemos el caso de nuestro responsable de ovino y caprino: en dos semanas no tendrá ganado porque en poco más de un año los asaltos de fauna salvaje le han matado 200 ovejas. Además de las muertes, hay abortos por un tubo por los sustos que sufren los animales. Ante esto y la falta de seguros que compensen, la gente abandona.
-¿Y por qué no reconoce la Conselleria que son ataques de lobos? ¿Cuál es la explicación que os dan?
-Dicen que son animales asilvestrados, y podría ser. En los últimos ataques el ganadero me dice que son perros, pero en otros anteriores las mordeduras no tenían nada que ver; marcaban los colmillos y no comían del animal. El lobo ataca asfixiando pieza tras pieza rápidamente. Los perros muerden en cualquier parte y desgarran. En fin, lo que quiero decir es que el exceso de normativa y la burocracia nos llevan a un callejón sin salida.

-¿Y qué papel juega la PAC en todo esto? ¿Compensa realmente estos esfuerzos?
-La PAC no compensa de ninguna manera las obligaciones que tienen que cumplir los agricultores. Antes existía una "preferencia comunitaria" que equilibraba rentas y hacía que quien viniera de fuera pagara un arancel. Hoy nos obligan a dejar cubiertas vegetales, que en zonas con desnivel evitan la erosión, pero en el llano de Valencia aplican la norma "con brocha gorda" sin ver la realidad. Ahora también ponen el foco en el regadío y en no tocar las aguas subterráneas, pero Europa prohíbe hacer nuevos regadíos y aquí no quieren hacer embalses. En el Mediterráneo no podemos confiar solo en el secano. En Bruselas solo ven el entorno de su ciudad, donde llueve siempre.
-A veces parece incoherente: se pide que se rebajen las restricciones internas pero se critica que lo que viene de fuera no cumple los estándares. ¿Cómo se equilibra eso?
-Nunca hemos estado en contra de acuerdos comerciales, pero lo que no puede ser es que importemos en tal cantidad que rompamos el mercado de aquí y acabemos perdiendo los agricultores europeos. El acuerdo con Mercosur puede poner en peligro nuestra subsistencia si traen zumo de naranja de Brasil en cantidades enormes. O la carne de vacuno: si en Europa tenemos prohibido usar hormonas, no podemos asumir carne hormonada de Brasil que viene más barata porque retiene agua y gana peso artificialmente. Echas el filete a la parrilla y sacas un tercio del tamaño. Es una competencia desleal.
-Respecto a los controles en las aduanas, ¿confían en las promesas de aumentar las inspecciones?
-Europa tiene muchas puertas de entrada y no todas son serias. Valencia ha perdido entradas de cítricos porque aquí los inspectores conocen las plagas e inspeccionan como corresponde, pero en Rotterdam la empresa que inspecciona es particular y en ella participan los propios importadores. Si pones a una zorra a guardar el gallinero, pocos productos bien vas a tener. Debe haber un cuerpo aduanero europeo con potestad para marcar las puertas de entrada de determinados productos. Además, hay plagas que no pueden revisarse en aduana porque los insectos vuelan al abrir el contenedor; hay que hacer inspección en origen, como nos hacen a nosotros Japón o Estados Unidos.
-¿Se está haciendo algo respecto al tratamiento en frío para evitar plagas de países como Sudáfrica?
-Solo se ha conseguido por primera vez en mandarinas, pero no tiene sentido que lo pongan en mandarinas y no en naranjas. Además, en Sudáfrica se está haciendo mal porque miden la temperatura en el exterior del contenedor, no en el interior del fruto. Es una asignatura pendiente. Solo se revisa un pequeño porcentaje de lo que se importa y, cuando detectan plagas, dicen que "tomarán medidas", pero lo hacen cuando ya ha terminado la campaña. Es una auténtica burla.
-Usted ha dicho que el sector agroalimentario es el 20% del PIB valenciano. ¿Somos realmente la despensa de Europa?
-España es la despensa real de Europa. Sale una flota de camiones enorme todos los días. Solo en la campaña de cítricos se gastan 600 millones de envases cada año. El sector primario, si miras el valor que genera hasta que llega al consumidor, se multiplica enormemente. Por eso dije en el fórum que el sector agroalimentario, juntándolo todo, está alrededor del 20% de nuestro PIB.

-¿Funcionan las cláusulas de salvaguardia cuando se hunden los precios?
-Son un brindis al sol hasta que no demuestren lo contrario. Si fueran automáticas, en cuanto se detectara una alteración se cerraría el mercado, pero aquí la burocracia se nos come entre que un organismo opina y otro también. En arroz, en cítricos... necesitamos una aplicación inmediata.
-Hablemos del cuaderno digital. ¿Es una herramienta de ayuda o un obstáculo más?
-El problema es que en Valencia tenemos parcelas pequeñísimas. Si para cada una tienes que hacer receta, visita de ingeniero, geolocalización... el agricultor hará más de auxiliar administrativo que de agricultor. Actualmente se hace en papel y ya es obligatorio. Pero el cuaderno digital traslada todo al Ministerio al día. Para un pequeño agricultor de 70 años que no tiene ni ordenador, esto es un hándicap que le llevará a decir: "Cierro el grifo". Hay que hacerle la vida fácil a la explotación familiar para que no desaparezca.
-Ha mencionado antes que otros países están modernizando sus regadíos con fondos europeos mientras aquí hay trabas. ¿Qué está pasando en Marruecos o Egipto?
-El gobierno español va a ayudar a financiar embalses y nuevos regadíos en Marruecos por un tubo. Y en Egipto la UE está dando 1.000 y pico millones de euros anuales para las instalaciones agrarias más modernas del mundo con nuestra tecnología. Están ganando miles de hectáreas al desierto cada año. Dicen que es "ayuda al desarrollo", pero Marruecos ya vende más tomates que España. Además, allí no se cumplen los derechos laborales; hay encargados con la vara detrás de los trabajadores para que no levanten la espalda. Hay mucha ilegalidad y camiones que entran sin revisarse bien.
-¿Y no hay productores españoles allí?
-Sí, hay empresarios españoles en África, pero con una diferencia: un marroquí puede venir a España y ser dueño de su tierra, pero un español en Marruecos tiene que asociarse con un marroquí que tenga el 51%.
-¿Por qué la Ley de la Cadena Alimentaria no consigue que el agricultor deje de ser el eslabón débil?
-Porque se choca con Competencia. Las grandes cadenas han crecido mucho y los mercados locales han perdido peso. Se ha hecho la ley de contratos y está el AICA, pero en la estabilidad de precios no se ha logrado nada. Necesitamos que esta ley sea europea. Hay cadenas que les importa un pito el productor; si el producto es de aquí te piden 50 informes, pero a lo que viene de fuera no le piden nada. Además, el etiquetado engaña al consumidor porque no es obligatorio poner el origen real en productos como el arroz o el azúcar.
-¿Por qué no tenemos un lobby valenciano potente en Bruselas?
-Nosotros tenemos oficina, pero el lobby real debería establecerse en la oficina de la Comunidad Valenciana en Bruselas. Cataluña tiene su oficina en el corazón de Bruselas, al lado del Consejo, pero la valenciana está muy lejos. Es importante estar cerca de donde se toman las decisiones porque las relaciones se generan desde que la gente es joven, en las tascas o jugando al fútbol. Sudáfrica tiene un lobby importantísimo que evita penalizaciones cada año trayendo informes que generan controversia para salvar la campaña.
-Para terminar, ¿qué le pide al Consell y al Gobierno de España?
-Al Gobierno de España le pido que defienda nuestra realidad y autorice materias excepcionales como hacen Italia o Portugal, que son menos tiquismiquis. Y que arregle la financiación de la Comunidad Valenciana porque el presupuesto de la Conselleria es insuficiente. Hace falta un plan a 25 años pactado entre partidos mayoritarios que no cambie cada vez que cambia el gobierno. No podemos seguir con la política del perro y el gato.
Necesitamos sociedades de propietarios para crear extensiones grandes y mecanizables, como el caso de éxito de Alfafar, donde juntaron tierras de arroz y ahora los agricultores ganan más dinero preocupándose menos. Eso solo lo puede tutelar la administración con un "Plan Marshall" para la agricultura valenciana. Valencia tiene que despertar.