Comunitat Valenciana

EL CALLEJERO

Antonio, el artista italiano enganchado a Lou Reed

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VALÈNCIA. Antonio Minerba abre la puerta vestido con un pantalón que parece de pijama, unas chanclas con calcetines y una camiseta del 16 Toneladas debajo de una camisa de cuadros abierta. En una mano lleva uno de esos cigarrillos de liar tan raquítico que se le apaga en cuanto se enreda con la conversación. Antonio vive solo en un piso amplio lleno de habitaciones. Aunque, en realidad, convive con Lou Reed, presente en cuadros, retratos, libros y discos por todo el piso. “Es un hombre que me llega, un cantante que ha escrito letras que siento muy mías. David Bowie también me encanta, pero Lou Reed, más todavía”.

A Lou Reed, cantante primero de la Velvet Underground y solista después, le ha dedicado incluso una exposición pictórica (‘Lou Reed Exploding Multimedia’) con varias obras inspiradas en sus letras. Porque Antonio, que tiene 62 años, es artista. Y porque Antonio escucha ‘Sunday Morning’ y le conmueve profundamente. “La mañana del domingo trae el alba / Un sentimiento de inquietud se sienta a mi lado / Domingo por la mañana, amanece temprano / Todos esos años malgastados, aún tan cercanos”.

Antonio escruta al periodista a través de unas gafas de Emporio Armani. Antonio es italiano y lleva un par de décadas en València. Antonio es gay y ha sufrido por ello, como casi todos los homosexuales nacidos en los 60. Antonio tiene 62 años y está triste porque su exnovio ha sufrido dos graves accidentes de moto que le han alterado mucho. También está cansado de su trabajo. Antonio ayuda a pacientes con diversidad funcional a recuperar ciertas habilidades con la pintura.

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Este artista procede de Aradeo, en la punta del tacón de Italia, en la provincia de Lecce, en la Puglia. Aradeo es un pueblo pequeño donde un adolescente gay y drogadicto, el hijo del carnicero, llamaba tanto la atención que, aunque intentaba disimular con una novia postiza, tuvo que marcharse para poder vivir su vida en Bolonia, la ‘rossa’, una ciudad tradicionalmente de izquierdas donde Antonio pudo estudiar Arte, que era lo que siempre se le había dado bien.

El joven estudiante se matriculó en DAMS (Discipline delle Arti, della Musica e dello Spettacolo). El inicio de una carrera artística que le llevó a celebrar en 2023, en el King Creole, un garito de la calle Cádiz, sus 40 años de actividad. Pero en Bolonia encontró mucho más que lienzos y pinceles. “Bolonia, en los años 80, era el fervor de la cultura underground italiana. Yo me hice colega de mucha gente relacionada con el arte. Allí empecé una doble vida entre los estudios y las drogas. Allí me empecé a introducir en ese ambiente con músicos y artistas que se metían de todo. Hacía las portadas de los discos de cantantes independientes que no tenían dinero para pagarte pero sí farlopa. Allí empecé a darle bastante duro a todo: cocaína, heroína, LSD… Aún no sé como estoy vivo”.
En esa época las letras de Lou Reed entraban como el polvo. “Heroína, sé mi propia muerte / Heroína, es mi esposa y es mi vida / Porque un chute en mi vena / Viaja hasta el centro de mi cabeza / Y entonces me siento mejor que muerto”.

Drogas y cárcel

Aún así Antonio Minerba se licenció en 1989 con unas notas excelentes e hizo un trabajo de fin de carrera sobre una técnica bastante rompedora: las fotocopias en color que distorsionaban el original. El artista saca aquel trabajo encuadernado y, de paso, unos chupitos con un narancello hecho por él a base de cortezas de la naranja, alcohol de 95º, dos litros de agua y casi una botella entera de vodka. “Salud”, suelta antes de brindar y echarse al gaznate este aguardiente naranja que está inesperadamente bueno. Deja el vasito en una mesa con varias bolsas con picadura de tabaco, una botella de agua con gas San Pellegrino y una botella de vino tinto de Mercadona. Al lado, un pastillero y una inyección de insulina. En el medio de la habitación, una especie de sala de estar, hay una mesa de centro con cinco mandos a distancia.

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Antonio duda sobre si se arrepiente de esos años en los que se convirtió en un yonqui. Aquellos tiempos fueron duros, pero también le dieron unas vivencias. Lo que no hace es romantizar todos esos excesos. Habla claro y explica después que le llevaron tres veces a la cárcel por trapicheo. La primera vez estuvo quince días en el trullo; la segunda, una semana. Eso ocurrió después de marcharse a vivir a Alemania, a Bad Säckingen, en la frontera con Suiza. Allí trabajó haciendo pizzas. Cuando acababa su turno, se subía al coche y conducía 80 kilómetros hasta llegar a Zúrich. Allí iba directo al barrio de Platzspitz, donde era muy fácil encontrar heroína y pinchársela.

Una noche, para hacer acopio, cargó cinco gramos del ‘Brown Sugar’ al que cantaban los Rolling Stones. Ese día le pillaron y pasó quince días en la cárcel. Salió con la prohibición de entrar en Suiza. Pero estaba tan enganchado que volvió y le volvieron a detener. Esa vez llevaba menos y pasó una semana entre rejas. Después regresó a Italia y se tiró una temporada en la casa de su amigo Freak Antony, un cantautor y poeta muy conocido en Bolonia. El líder de Skiantos y el padre de un estilo musical conocido como ‘rock demenziale’. Allí volvió a ser detenido por posesión de drogas y fue sentenciado a pasar un arresto domiciliario en su casa de Aradeo. “Eso fue un escándalo porque todo el mundo se conoce y mi padre tenía la carnicería. Yo le robaba dinero para comprarme discos de Lou Reed, cantautores italianos, bandas de rock…”. Su padre quería internarlo en un centro religioso. Antonio le dijo que prefería morirse antes que ir a un lugar donde tenía que levantarse a las cinco de la mañana para ir a misa.

Las letras de Lou Reed volvían a sacudirle. “Luz blanca, arruinando mi mente / ¿No sabes que me va a dejar ciego? / Calor blanco, bajando hasta los dedos de mis pies / Señor, ten piedad, la luz blanca la tuvo, Dios lo sabe”.

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Al final logró escabullirse y entró en una comunidad que había creado un periodista muy conocido, Mauro Rostagno. Este hombre, que acabaría siendo asesinado por la mafia, había fundado un centro social en Milán llamado Macondo. Antonio ingresó en otra comunidad que tenían en Sicilia, en la provincia de Trapani. La directora decidió que había que meterle caña porque le veía cualidades. 

La muerte de su madre

Antonio Minerba se despidió de su madre el 1 de agosto de 1992 porque al día siguiente ingresaba en la comunidad para desintoxicarse. El joven de 28 años sabía que la mujer estaba muy enferma por un cáncer, fue a verla al hospital y le dijo que le gustaba mucho un anillo que tenía. Su madre se lo sacó del dedo y se lo entregó en ese mismo momento. Antonio contiene la emoción mientras se toca el grueso anillo dorado que no se ha vuelto a quitar del dedo anular. El 2 de agosto entró en el centro y ese mismo día murió su madre. Nadie le dijo nada. Sabían que esa noticia podía arruinar su recuperación. En casa, cuando llamaba, le daban largas. Hasta octubre nadie le contó la verdad. Un golpe durísimo. Antonio se entregó a las tareas de la comunidad y antes de un año, ya en 1993, acabó el programa.

La directora le propuso entonces estar en la dirección de un nuevo centro que iban a abrir cerca de Ravenna y quería que enseñara a los pacientes a trabajar con la cerámica. Antonio aceptó pero acabó hartándose de trabajar por amor al arte y tener que seguir dependiendo económicamente de su padre, un padre al que odiaba. La comunidad acabó contratándolo en Milán, donde encontró otros empleos con los que ganarse la vida. “Hasta que salió elegido Silvio Berlusconi e hizo grandes recortes en asuntos sociales y dejé lo que hacía con menores y con presos en la cárcel”.

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Un poco antes de dejarlo todo, en el verano de 2005, viajó a València para visitar a un amigo que tenía una heladería en la calle Ribera. “Aterricé en València, bajé del avión y tuve una sensación rara pero agradable. Me sentí muy a gusto aquí. La misma sensación que tuve cuando viajé a Grecia, a Santorini. Antes de llegar a la ciudad ya era feliz aquí. Luego entró en València y le pareció muy bonita”.

Una noche estaba tomándose unas copas con unos amigos en el Dakota, un bar de ambiente que había cerca de la calle de la Paz. Uno de ellos le propuso mudarse a València y le ofreció una habitación en su piso. Antonio le dio las gracias pero lo explicó que estaba muy bien en Milán. Unos meses más tardes, cuando se quedó sin trabajo, pensó que era el momento de probar en València.
Antonio se estableció en València en enero de 2006, hace veinte años. Al poco tiempo, le llegó una oferta de trabajo en un centro para personas con diversidad funcional. “Yo había trabajado con menores delincuentes, con toxicómanos, pero nunca había trabajado con personas con discapacidad. No sabía qué podía aportar. Pero a los dos días me llamaron para que me incorporara porque era gente que había tenido accidentes en las manos y querían que yo les ayudara a recuperar cierta habilidad usando el pincel y pintando”.

Desde entonces ha trabajado en el Centro de Día Velluters. Veinte años de implicación. Veinte años también de desgaste. “Trabajar con gente con discapacidad es muy duro”, apunta Antonio, que reconoce que recuperó la afición por la pintura gracias a este centro. Ahora está inmerso en una serie de cuadros muy potentes y muy duros inspirados en canciones de Bob Dylan, Nick Cave y otros. Antonio la ha titulado ‘Rescatando almas’.

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La pintura y las canciones se trenzan en la vida de Antonio Minerba. El pintor se lía otro cigarrillo mientras suena de fondo, muy bajito, ‘Take It As It Come’, una canción de los Sugarman 3, una banda neoyorquina. Luego nos conduce por el estrecho pasillo del que cuelgan algunos de sus cuadros. Después saca algunos cedés con portadas y pósters pintados por él. Un interesante mundo creativo que es lo que realmente le fascina. De una percha cuelga una de esas bolsas de tela que están por todas partes. La bolsa lleva el rostro de Lou Reed, cómo no, y Antonio vuelve a contestar que este músico le hace sentir lo que ningún otro. “Escribe cosas que yo he vivido y que de alguna forma sigo viviendo”.

Por eso Antonio escuchaba ‘Venus in Furs’, una innovadora canción de Lou Reed sobre el masoquismo y buscaba en la paleta solo los blancos y los negros que reflejaran el dolor, la sordidez y la severidad. “Severin, Severin, habla con tanta suavidad / Severin, bajo tu rodilla doblada / Prueba el látigo, flagelado con amor, no sutilmente / Prueba el látigo, y ahora sangra para mí”.
 

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