Comunitat Valenciana

Bonos catástrofe, más mallado en la red eléctrica y sistemas predictivos, claves para afrontar otra dana

Un informe de la UPV, presentado por Fundación Naturgy, recalca la necesidad de inversiones fuertes para dotar de resiliencia las infraestructuras y un plan de contingencia con una estrecha colaboración entre administraciones

  • Presentación del estudio sobre resiliencia energética.
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VALÈNCIA. ¿Están las infraestructuras energéticas de la Comunitat Valenciana preparadas para afrontar otra Dana como la sufrida en octubre de 2024? La respuesta depende de cuándo se produzca el evento climático extremo; si se diera en un corto plazo, con numerosas mejoras por implementar todavía pendientes, lo cierto es que las perspectivas serían más bien pesimistas a pesar de la resistencia mostrada tras las terribles inundaciones que asolaron la provincia de Valencia. Hasta ahora, las infraestructuras han mostrado resistencia, pero la previsible llegada de cada vez más eventos climáticos extremos exige también resiliencia.

Precisamente por ello, con la intención de acometer un plan que dote de resiliencia al sistema valenciano, la UPV y Fundación Naturgy han impulsado un estudio para detectar puntos de mejora de cara a nuevos fenómenos metereológicos extremos. Y es que estos fenómenos son cada vez más frecuentes, más intensos y producen mayores daños a las infraestructuras energéticas, tal y como indican una de las principales conclusiones del informe  'Estudio de la resiliencia de las infraestructuras energéticas ante eventos climáticos extremos', elaborado por el Instituto Universitario de Investigación de Ingeniería Energética de la Universitat Politècnica de València (UPV).

El documento técnico, presentado por Tomás Gómez, catedrático del Instituto de Ingeniería Energética de la UPV, advierte que las propuestas para mejorar la resiliencia del sistema no deben ser solo técnicas, sino que requieren abordar de forma integral la preparación, prevención, respuesta y recuperación de las redes. La mejor infraestructura resiliente, según Gómez, no es la que nunca falla, sino la que se anticipa, se adapta y se recupera rápidamente cuando ocurren eventos extremos. Aunque tal y como advirtieron varios expertos de Iberdrola y Naturgy, la red infinitamente segura también es "infinitamente cara" y, por ello, fortalecer la resiliencia de las infraestructuras "requiere importantes sacrificios, asumir riesgos y una estrecha colaboración entre todos los agentes implicados".

Vulnerabilidad sectorial e interdependencia de redes

El estudio analiza el comportamiento de las distintas fuentes de suministro y destaca una clara asimetría: las infraestructuras energéticas en superficie (en particular las eléctricas y las estaciones de servicio) se muestran vulnerables a inundaciones y vientos huracanados. Por el contrario, la red de gas demuestra una elevada resiliencia, especialmente en sus tramos subterráneos de transporte y distribución.

Asimismo, los autores del informe subrayan el peligro del "efecto dominó": la interdependencia entre las diferentes infraestructuras (energía, transporte, agua, comunicaciones, etc.) agrava notablemente los impactos y multiplica los costes económicos globales. En este sentido, se constata que los costes indirectos superan con frecuencia a los costes directos de reparación de las instalaciones.

Ante este escenario, la capacidad de respuesta rápida, la redundancia en la red y la cooperación público-privada se perfilan como factores decisivos para lograr una recuperación temprana del suministro.

Las cuatro fases clave de la resiliencia

Para articular esta respuesta, el informe propone un modelo cíclico adaptado de Chaudhary & Piracha (2021) y Zio (2016) estructurado en cuatro fases clave con medidas específicas: fase de prevención, de preparación, respuesta y recuperación.

Respecto a la primera fase, el informe destaca la necesidad de inversión en tecnologías que mejoren la resiliencia y se adapten al cambio climático, además del desarrollo de marcos regulatorios y políticas de resiliencia, y planificación y zonificación.

En cuanto a la fase de preparación, señala que deben implementarse planes de contingencia, además de sistemas de alerta temprana e interdependencia de las infraestructuras.

Por lo que respecta a la fase de respuesta, el informe subraya la necesidad de contar con un monitoreo de eventos y respuesta inmediata, equipos de emergencia disponibles y coordinación y comunicación de actores.

Por último, para la fase de recuperación es imprescindible inversión en resiliencia , además de diversificación y redundancia del sistema. De hecho, durante la mesa redonda celebrada posteriormente a la presentación del estudio, los expertos apuntaron a la necesidad de incrementar el mallado de la red eléctrica para, de ese modo, tener mayor garantía de suministro cuando se dañe la infraestructura por este tipo de eventos extremos.

Innovación tecnológica y digitalización

La mejora de las infraestructuras requiere un fuerte impulso a la innovación y las nuevas tecnologías, según el informe. El documento prioriza el desarrollo de sistemas de gestión inteligente de la energía a través de redes inteligentes, sistemas de monitorización avanzada, análisis predictivo y modelado y gemelos digitales.

Además, se apunta hacia la innovación en materiales, la interconexión de las infraestructuras energéticas, el despliegue de soluciones basadas en energías locales, renovables, distribuidas y almacenamiento local de energía, así como la digitalización y resiliencia de las infraestructuras de telecomunicaciones.

El reto de la financiación

La viabilidad de este plan de resiliencia estructural requiere combinar diferentes vías de financiación, empezando por el uso de fondos públicos e incentivando la inversión privada. Para atraer al capital privado, el informe señala como requisitos fundamentales disponer de marcos regulatorios claros y estables, incentivos financieros y una comunicación eficaz de los beneficios a medio plazo de estas inversiones.

Por último, el estudio aboga por potenciar la colaboración público-privada mediante la financiación conjunta de proyectos, contratos a largo plazo al sector privado y la creación de fondos específicos de inversión público-privados. Todo ello se complementará con mecanismos de seguros y gestión de riesgos, entre los que se incluyen seguros y reaseguros, bonos de catástrofe y otros fondos de contingencia.

Impacto real: la Dana de 2024 como caso de estudio

El estudio toma como referencia la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que afectó a la Comunitat Valenciana en octubre de 2024, un episodio de gran magnitud que evidenció tanto la vulnerabilidad de determinados activos como la solidez de la respuesta operativa del sector energético. Este evento provocó graves daños materiales, afectó a miles de infraestructuras y tuvo un impacto económico significativo, poniendo de manifiesto la necesidad de avanzar hacia sistemas energéticos más resilientes. 

Durante la emergencia, las infraestructuras energéticas se vieron sometidas a una elevada exigencia. En el ámbito eléctrico, el impacto fue significativo, con más de 173.000 hogares sin suministro y más de 500 centros de transformación dañados. No obstante, la rápida actuación de los operadores permitió restablecer el servicio al 99% en menos de 72 horas. En paralelo, las infraestructuras gasistas operaron con un alto grado de solidez. Aunque se interrumpió el suministro de forma preventiva a más de 24.000 clientes, el servicio se recuperó completamente en un plazo de tres semanas, garantizando en todo momento la seguridad del sistema.

Infraestructuras energéticas: un pilar esencial en situaciones de crisis

El análisis destaca el papel esencial de la energía en la sociedad moderna, especialmente en situaciones de emergencia, donde resulta imprescindible para garantizar el funcionamiento de servicios críticos como hospitales, sistemas de comunicación, transporte o centros de coordinación. La interrupción del suministro energético en estos contextos tiene consecuencias directas sobre la seguridad, la salud y la actividad económica, lo que refuerza la importancia de contar con infraestructuras preparadas para resistir y recuperarse ante eventos extremos. 

Entre las principales conclusiones, el estudio señala que la resiliencia energética debe abordarse desde un enfoque integral que combine anticipación, inversión y coordinación. La digitalización de las redes, el desarrollo de sistemas de monitorización y alerta temprana, la diversificación de las fuentes de energía y la incorporación de soluciones de almacenamiento son elementos clave para mejorar la capacidad de respuesta del sistema. Asimismo, se subraya la necesidad de adaptar el diseño de las infraestructuras mediante actuaciones como el refuerzo estructural, el soterramiento selectivo de líneas o la protección de instalaciones en zonas vulnerables a inundaciones. 

Estas actuaciones requieren inversiones relevantes, pero se consideran prioritarias para reducir los impactos futuros y garantizar la continuidad del suministro.

El informe también destaca que la resiliencia energética no depende únicamente de soluciones técnicas, sino de una adecuada planificación y coordinación entre administraciones, empresas y organismos reguladores. La experiencia de la Comunitat Valenciana, junto con el análisis de otros eventos internacionales, pone de manifiesto que la anticipación, la cooperación y la inversión en resiliencia son factores determinantes para afrontar un escenario climático cada vez más exigente. 

Un enfoque integral y coordinado ante el cambio climático

El estudio pone de relieve que la resiliencia energética no depende únicamente de soluciones técnicas, sino también de la coordinación entre administraciones, empresas y organismos reguladores. La planificación debe integrar criterios territoriales, regulatorios y sociales, así como fomentar la colaboración entre todos los actores implicados. En este contexto, subraya también la importancia de contar con empresas preparadas, no solo desde el punto de vista inversor, sino con la capacidad operativa y la experiencia necesarias para actuar con rapidez y eficacia ante situaciones de emergencia.

La experiencia de la Comunitat Valenciana, junto con el análisis de otros eventos internacionales (como huracanes o inundaciones en Europa y Estados Unidos), demuestra que la anticipación, la inversión y la colaboración entre actores son determinantes para mejorar la capacidad de respuesta ante un escenario climático cada vez más exigente.

Diferentes visiones de un mismo problema 

En la apertura de la jornada, Raúl Mérida, Comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana, ha recordado los graves daños sufridos durante la Dana en infraestructuras energéticas, que llegaron incluso a provocar la desconexión de la Comunitat Valenciana de la red nacional. "Una de las enseñanzas que extraemos de esta experiencia es la necesidad de aumentar nuestra resiliencia frente a los impactos de estos fenómenos. Para ello, desde la Generalitat estamos impulsando iniciativas como el gemelo digital, que aumentará nuestra capacidad de anticiparnos a los riesgos, o el Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática, que permitirá convertir los datos y la información meteorológica en herramientas útiles para tomar mejores decisiones públicas mediante el uso de la inteligencia artificial", ha señalado Mérida.

Por su parte, Débora Domingo-Calabuig, vicerrectora de Desarrollo Sostenible de los Campus de la UPV, ha señalado que "este trabajo pone de manifiesto el papel de la Universitat Politècnica de València como garante de un conocimiento riguroso y útil, al servicio de la sociedad. Estudios como este demuestran que la ciencia es imprescindible para anticipar riesgos, orientar decisiones y dar respuesta tanto a situaciones inmediatas de emergencia como a retos complejos como el cambio climático".

La presentación del estudio ha estado seguida por un coloquio moderado por Ana Garrido, periodista especializada en Economía, y en el que han participado Manuel Argüelles, director general de Energía y Minas de la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana; José Antonio Mata, delegado de Operaciones de Nedgia en la Comunitat Valenciana; Ignacio Garcia Bosch, responsable proyecto il·lumina en i-DE Redes Eléctricas Inteligentes (Grupo Iberdrola); y Tomás Gómez, catedrático del Instituto de Ingeniería Energética de la Universitat Politècnica de València.

El director general de Energía y Minas de la Generalitat, Manuel Argüelles, ha recordado que tras las riadas se quedaron sin suministro eléctrico del orden de 500.000 personas, y que gracias al esfuerzo y la colaboración público-privada en apenas tres días se restableció al 95% gracias al esfuerzo humano de las compañías, así como de la colaboración con la Generalitat para facilitar su trabajo. "El problema que nos encontramos fue que pese a que el suministro estaba restaurado no implicaba que todos los ciudadanos hubieran reestablecido su suministro en sus casas ya que el problema también era de cuadros inutilizables debido a las inundaciones de las plantas bajas. Por este motivo se puso en marcha de manera urgente contratos de emergencia para ir a arreglar los cuadros eléctricos a los ciudadanos para que pudieran tener electricidad en sus casas en el que invertimos casi dos millones de euros", ha incidido el director general.

En su intervención, José Antonio Mata ha afirmado que "las redes de Nedgia demostraron durante la Dana una gran capacidad de resistencia y respuesta, operando con seguridad en un contexto de máxima exigencia. Esta solidez no es casual, sino el resultado de años de inversión, planificación y conocimiento del territorio, que nos permiten anticipar situaciones críticas y actuar con rapidez para proteger a las personas y garantizar la continuidad del suministro incluso en escenarios extremos".

Por su parte, Ignacio Garcia Bosch ha señalado que "si bien las infraestructuras eléctricas tuvieron un comportamiento ejemplar durante la Dana, y la reposición pudo ser muy rápida gracias a las inversiones realizadas en los últimos años y a la digitalización de las redes, tenemos que aprender de lo ocurrido para mejorar las infraestructuras y estar más protegidos, y es lo que hemos llevado a cabo con el plan Il·lumina". 

En su intervención, Tomás Gómez ha afirmado que "la resiliencia de las infraestructuras energéticas de la zona afectada por la Dana es notable, y las empresas y administraciones detrás de ellas pueden estar orgullosas. Pero no sabemos si será suficiente para afrontar los fenómenos cada vez más extremos y frecuentes. La mejor infraestructura resiliente no es la que nunca falla, sino la que se anticipa, se adapta y se recupera rápidamente cuando ocurren eventos extremos. Lo avisa Jorge Morales de Labra: "la red infinitamente segura es infinitamente cara". Para Gómez, "fortalecer la resiliencia de nuestras infraestructuras requiere importantes sacrificios, asumir riesgos y una estrecha colaboración entre todos los agentes implicados".

En el cierre de la jornada, Manuel Calvo, responsable Energía y Medio Ambiente de Fundación Naturgy, ha señalado que "el cambio climático nos obliga a acelerar la adaptación del sistema energético, incorporando criterios de resiliencia que permitan anticipar los riesgos y garantizar el suministro incluso en escenarios cada vez más exigentes. La experiencia reciente demuestra que la preparación, la coordinación y la inversión son claves para proteger a la sociedad y reforzar la seguridad energética".

 

 

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