Campaña electoral: un océano de barro antes siquiera de comenzarla

Análisis

Comunitat Valenciana

  • Sánchez, Feijóo y Abascal.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. La campaña electoral dará comienzo oficialmente en la medianoche del viernes 13 de noviembre. Sin embargo, desde hace meses, las distintas fuerzas políticas vienen marcando unas posiciones que no distan demasiado en los niveles de vehemencia, agresividad y beligerancia, de lo que tradicionalmente venía acotándose a ese espacio temporal de las dos semanas previas a la visita a las urnas. Cosas de la polarización.

Si ya de por sí, la atmósfera generada por los constantes y extremos enfrentamientos entre las formaciones políticas de los bloques de derechas e izquierda, se ha tornado casi irrespirable en los últimos meses, el bombardeo al que se somete estos días a la ciudadanía resulta constante y exagerado, ya sea a través de los medios —con mención especial a las maratonianas tertulias políticas televisivas— o de las omnipresentes redes sociales.

Lejanos quedan aquellos tiempos donde un video de campaña con un 'dóberman' (aquellos utilizados por el PSOE en 1996 frente al PP de José María Aznar) causaba un fuerte revuelo y polémica. Los populares acusaron entonces a los socialistas de "propaganda sucia" y, dentro de la formación del puño y la rosa, tambien se produjeron divisiones respecto a la idoneidad de ese tipo de spot.

La cuestión es que, lo que entonces se consideraba una excepción y desembocaba en no pocos debates sobre la ética en las campañas y los límites del ataque político, ahora es la norma. Una norma que, dicho sea de paso, transforma a aquel 'dóberman' en poco menos que en un 'bambi' en comparación de las andanadas que se profieren desde las cuentas oficiales de los partidos, con la inestimable colaboración de líderes de opinión, periodistas o medios afines, usuarios, perfiles falsos o directamente bots.

Prueba de ello es la estrategia digital con la que PP y Vox arrancaron la precampaña hace unas semanas. Una serie de vídeos difundidos por las cuentas oficiales del partido y elaborados con Inteligencia Artificial ‘deepfake’ en los que se suplanta la identidad de personas vinculadas al PSOE como Ábalos, Koldo, Begoña Gómez o el propio Pedro Sánchez para ridiculizarlas. Es el caso de la campaña ‘Lerdos y orgullosos’ del PP o el vídeo de las caretas de Vox. 

En la otra orilla, los socialistas también se han servido de las redes sociales para promocionar, por ejemplo, el mitin de este viernes en Valencia" con la imagen animada de un perro paseando por zonas emblemáticas del Cap i Casal con lemas tales como "El perro visita tu Valencia. Ven a verlo" o "¡Atención! El perro anda suelto", una propaganda jocosa y desenfadada de dudoso gusto tras el reciente accidente ferroviario. En este caso, parece que la sobriedad se ha sacrificado ante la prioridad de volver a poner el foco en la campaña y dejar atrás la catástrofe. 

Por esto y por otras cuestiones, puede considerarse que la campaña electoral no nata navega ya, antes de iniciarse oficialmente, en un océano de barro mezclado frecuentemente con ciertas dosis de vergüenza ajena. 

El terrible accidente ferroviario acaecido en Urda (Toledo), que se ha cobrado 69 víctimas mortales, desde el punto de vista de la estrategia, ha acelerado las hostilidades, mostrando en muchos casos las peores y más oscuras versiones de la comunicación política e institucional. Vox, por ejemplo, ni siquiera detuvo sus actividades y actos relacionados con la precampaña, y exigió la dimisión del ministro desde prácticamente el primer minuto. El PP por su parte sí suspendió agenda y dilató algo más la petición de renuncia, si bien con una escasa o directamente inexistente memoria respecto a otros casos que han protagonizado sus gobiernos.

Si hay barro desde la oposición, también desde el Gobierno. En la gestión comunicativa de la catástrofe, uno de los episodios más impactantes de este ámbito, ha sido la filtración a algunos medios de los audios del centro de control de Adif relacionados con el accidente pocas horas después del mismo. Una maniobra que, la lógica indica, habría emanado del ministerio o la propia Moncloa —algo que ya se apresuran a señalar algunos medios—, lo cual, de probarse, resultaría algo éticamente más que cuestionable. 

Ahora bien, tampoco deja de resultar paradójico que este sea uno de los argumentos más poderosos en la crítica del PP y al que se apunta sin complejos el Gobierno valenciano, cuando precisamente hay una investigación abierta sobre la filtración y manipulación de un audio sobre la Dana que fue trasladado a algunos medios de comunicación con el objetivo, probablemente, de mejorar la posición del Consell y de Carlos Mazón ante la opinión pública tras la tragedia.

De hecho, la contraposición entre Puente-Urda y Mazón-Dana, ha dado propiciado distintos pronunciamientos y argumentos, especialmente de PSOE y PP, que no dejan en buen lugar a nadie. Los socialistas defienden que el ministro ha demostrado que no todos los políticos "son iguales" y precisamente se refieren a la gestión del Consell en aquella catástrofe y al papel del ahora expresidente de la Generalitat. Los populares recuerdan que Mazón cesó a la que sería homóloga de Puente (la consellera de Emergencias, Salomé Pradas) y que finalmente el propio presidente dejó el cargo, algo que no ha hecho Sánchez. Un cruce de declaraciones en el que todos tienen cosas que callar: Puente podía haber dimitido ya en el accidente de Adamuz y en el caso de Mazón, además de haber estado de comida y poco centrado en la gestión el día de la Dana y trasladar versiones equívocas sobre ello, permanece como diputado en Les Corts con el sostén de la formación popular. 

Más allá de esto, la gestión del Gobierno central en materia de comunicación ha tenido profundos socavones. Dado que Puente, según sus palabras el miércoles en el Congreso, tenía clara su dimisión el mismo día del accidente, quizá lo lógico habría sido anunciar su renuncia aunque luego la ejecutara en diferido tras tomar las medidas inmediatas que adoptó estos días. Es más, el propio ministro adoptó una línea discursiva alejada de una posible dimisión que, no obstante, terminó por anunciar el martes al final de su comparecencia en la Diputación Permanente de la Cámara Baja. Una maniobra que fue escrutada en profundidad y que se interpretó, por muchos medios, como consecuencia de una orden de la Moncloa para que abandonara el cargo.

Sin embargo, el miércoles la periodista Esther Redondo desvelaba en La Sexta que Puente envió un whatsapp a Sánchez avisándole de su dimisión poco antes de hacerla pública, algo a lo que el presidente del Gobierno se opuso. Una conversación privada difundida por distintos medios posteriormente que revela una posición de Sánchez díficil de entender y defender tanto en términos de responsabilidad política como de estrategia electoral y que, en este caso, conlleva un embarramiento interno en la formación socialista que ya está siendo utilizado por la oposición.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo