CASTELLÓ. De entre los muchos aspectos que pueden elegirse para definir una ciudad, su gente y sus formas de vida, uno de los más representativos es su estructura económica y la idiosincrasia de los pequeños establecimientos. Es por ello que el Instituto Interuniversitario de Geografia de la Universitat Jaume I (UJI), a través del estudio Memoria, transformación y paisajes relacionales en Castellón de la Plana, ha elaborado un mapa digital interactivo que documenta el comercio tradicional de la ciudad.
La investigación, dirigida por Raffaella Rose, reúne una década de trabajo de campo (2016-2026) y parte de la consideración del comercio tradicional como un componente esencial del patrimonio cultural urbano. Además, centra el trabajo en dos categorías de actividad: los comercios históricos, entendidos como establecimientos con más de cuarenta años de trayectoria y entre los que se encuentran Papas García, la juguetería El Niño o Panadería Macián; y la 'venta a la porta', un sistema de venta directa de productos agrícolas en los bajos.
Para comprender la dimensión social de estas prácticas, el equipo investigador ha realizado más de una treintena de entrevistas en profundidad a comerciantes, vecinos y antiguos vendedores, lo que ha permitido reconstruir memorias, trayectorias familiares y transformaciones recientes del tejido comercial. El resultado es la geolocalización de 31 comercios históricos y 38 puntos de 'venta a la porta' acompañados de fichas documentadas, fotografías, entrevistas en vídeo y fuentes hemerográficas.
Los buques insignia del comercio de Castellón
Si hay un comercio que todo ciudadano de Castellón conoce y que una gran mayoría consume es Patatas J. García, empresa familiar fundada a comienzos de los años ochenta por Javier García y Yolanda Cosín y que inició su actividad elaborando churros, buñuelos y patatas fritas. El éxito de su modelo artesanal hizo que, en 1990, tuvieran que ampliar la producción e implementar el envasado dada la creciente demanda tanto de particulares como de pequeños comercios, mientras que en 2025, tras 42 años de actividad, la sociedad fue traspasada a un empresario de Castellón que todavía mantiene tanto la plantilla como una filosofía basada en la tradición y la selección de materias primas de calidad.
Otro establecimiento de los que se ha pasado la vida sacando sonrisas a la capital de la Plana y a sus pequeños es la juguetería El Niño, un ejemplo singular de continuidad comercial y transmisión familiar a lo largo de cuatro generaciones. Su origen se remonta a finales del siglo XIX, cuando Rosa Serrano comenzó con una 'tauleta' en la entrada del Teatro Principal con la que vendía caramelos, frutos secos, calabaza al horno y otros alimentos típicos de la época. En la actualidad, el negocio está regentado por Nuria Fabregat y su madre, María Rosa Tena Beltrán, quienes destacan que el comercio ubicado en la calle Zaragoza ha sido tiempo, hogar y comunidad al mismo tiempo.
Tradición y gastronomía, como sucede con Patatas J. García, también combina la Panadería Macián, negocio que inició su actividad en 1947 de la mano Rosalía Palos García y Pedro Macián Salvador. Desde entonces, las pelotas de fraile, los ximos, las ensaimadas, las cocas o los pastelitos de boniato han predominado en un establecimiento que cuenta con la elaboración artesanal como uno de sus principios fundamentales y que ha perecido frente a los procesos industriales que han transformado el sector panadero.
Frutas y verduras 'por doquier' en la 'venta a la porta'
A título individual, son muchos los ciudadanos de Castelló venden frutas o verduras en pequeños bajos e impulsan el producto de temporada. Un ejemplo es José Juan Sidro Tirado, socio de la Cooperativa San Isidro de la ciudad, que cultiva clementinas de la variedad Arrufatina y naranjas Navelate, y quien defiende mejor el valor de sus cítricos vendiendo directamente a comerciantes y a la porta.
En el Grau, Catalina vende los productos que Vicente, su marido, cultiva en su huerta. En invierno, principalmente cítricos, y en verano verduras y otros tipos de fruta. Mientras tanto, en el centro de Castellón, Joaquín Breva produce y vende cítricos, nísperos y uvas siguiendo el ejemplo de su padre y de su abuelo.
El tiempo pasa y no todos los comercios permanecen
Dentro de la categoría de 'históricos' no entran solo aquellos comercios que hace tiempo que abrieron y todavía permanecen, sino también los que marcaron un antes y un después a pesar de que sus puertas ya estén cerradas. Durante muchos años, el estudio de fotografía Wamba documentó tanto la vida pública y cotidiana de la ciudad como su evolución social y arquitectónica. Festividades, inauguraciones, manifestaciones, escenas urbanas y detalles domésticos fueron capturadas primero por Vicente Traver Sanz y después por su hijo, Vicente Traver Ardiez, hasta que el fallecimiento de ambos derivó en el cierre del negocio en 2021.
Algunos ya no están y otros como Vicente Boix, fundador de Discos Ritmo, bajaron la persiana de su comercio por su jubilación. Sin embargo, mucho antes de cerrar sus puertas, el local de la calle O'Donnell fue guió la vida musical de Castellón y provincia, llegando a gestionar 25.000 referencias en CD, a contar con una segunda tienda entre 1998 y 2007 y a tener hasta nueve empleados. No solo eso, sino que en sus años de auge, Discos Ritmo recibía hasta cincuenta novedades semanales, especializándose en música de importación (funky, R&B, rap, salsa, country), organizando viajes a conciertos de artistas internacionales y permitiendo a los DJ de las principales discotecas locales acudir al establecimiento a probar las novedades.
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