VALÈNCIA (EFE).- La falta de alimentos, alojamiento, electricidad o asistencia sanitaria durante los primeros días posteriores a la dana del 29 de octubre de 2024 que arrasó parte de Valencia aumentó la sensación de abandono entre las personas afectadas, según un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV).
El trabajo, realizado por Mar Adsuara-Fayos, Gema Ventura-Navarro y Tomás Baviera, de la UPV, se basa en una encuesta realizada a 300 personas directamente afectadas por la riada que dejó 233 víctimas mortales y cuyo segundo aniversario se conmemora la próxima semana, y ha sido publicado en International Journal of Disaster Risk Reduction, revista especializada en gestión y reducción del riesgo de desastres.
La investigación analiza cómo fueron cambiando las necesidades de las personas damnificadas desde las primeras 24 horas hasta tres meses después de la catástrofe y cómo esas carencias se relacionaron con su percepción de abandono.
En este sentido, a medida que avanzó la recuperación, estas necesidades fueron disminuyendo y cobraron mayor importancia otras, como la asistencia administrativa y legal o la disponibilidad de profesionales para reparar las viviendas, según detalla la UPV.
La encuesta se hizo siete meses después de la dana, entre mayo y junio de 2025, a personas de veintitrés municipios de la 'zona cero' que habían sufrido pérdidas materiales en sus hogares y analizó cuatro grandes ámbitos: necesidades básicas, apoyo práctico, apoyo emocional y social y suministros esenciales del hogar, entre ellos electricidad, agua, gas, saneamiento y telecomunicaciones.
Este último campo supuso una nueva taxonomía dentro del ámbito académico sobre gestión de desastres, que fue incorporada a la encuesta con resultados "muy reveladores", añaden desde la UPV.
El estudio ha constatado cómo las carencias fueron especialmente intensas durante la primera semana; el momento más crítico de no disponer de las necesidades básicas se dio a las 72 horas, sobre todo por la falta de alimentos, alojamiento temporal, asistencia sanitaria y electricidad.
"Posteriormente, las dificultades para recibir ayuda legal y administrativa adquirieron mayor importancia", señala Tomás Baviera, profesor de Marketing en la UPV.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la interrupción de servicios como la electricidad o las telecomunicaciones no se percibió únicamente como un problema material. "Para muchas personas, también suponía una sensación de vulnerabilidad, incertidumbre y aislamiento", añade Baviera.
Del abandono a la gratitud
Además de cuantificar cómo fueron cambiando las necesidades tras la dana, el estudio ha recogido también cómo vivieron la catástrofe las personas afectadas, por lo que 172 participantes respondieron a una pregunta abierta en la que pudieron explicar con sus propias palabras qué habían sentido.
"De esas respuestas emergieron dos emociones muy claras: por un lado, la soledad, la impotencia y la sensación de abandono; por otro, un profundo agradecimiento hacia quienes acudieron a ayudar, especialmente voluntarios, ONG, entidades privadas, familiares y amigos", explica Mar Adsuara-Fayos, estudiante del Grado de ADE durante la elaboración del estudio y asistente de investigación en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales.
El estudio ha planteado también diferentes mejoras para futuras catástrofes, como reforzar la comunicación y la coordinación entre administraciones e integrar mejor a voluntarios y organizaciones sociales en los dispositivos de respuesta.
"Esto puede ayudar a evitar lo que la literatura denomina un "segundo desastre": el sufrimiento añadido que generan una recuperación lenta, las trabas administrativas o la sensación de no recibir el apoyo necesario", sostiene Gema Ventura-Navarro, quien ha finalizado este curso el Máster en Ingeniería Industrial de la UPV Origen en el programa Emplea UPV.