Comunitat Valenciana

La IA ya permite detectar cuándo una planta tiene sed o está siendo atacada por una plaga

La tecnología, presentada durante las III Jornadas de Biotecnología organizadas junto a Biovegen y la Fundación Grupo Cajamar, abre la puerta a sistemas de riego más eficientes, a una reducción del uso de fitosanitarios y a nuevas estrategias para combatir plagas agrícolas

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VALÈNCIA. Las plantas no hablan como los humanos, pero sí emiten señales cuando están sometidas a estrés. Investigadores del Instituto de Biología Celular y Molecular de Plantas (IBMCP) de Valencia han desarrollado el mayor atlas sonoro de cultivos del mundo, una base de datos que combina más de 30.000 horas de grabaciones y herramientas de inteligencia artificial para detectar cuándo una planta necesita agua o está siendo atacada por insectos.

La tecnología, presentada durante las III Jornadas de Biotecnología organizadas junto a Biovegen y la Fundación Grupo Cajamar, abre la puerta a sistemas de riego más eficientes, a una reducción del uso de fitosanitarios y a nuevas estrategias para combatir plagas agrícolas. El proyecto forma parte de una revolución biotecnológica que también incluye la edición genética de cultivos, el desarrollo de microorganismos mejorados y nuevas aplicaciones biomédicas obtenidas a partir de plantas.

El IBMCP, recientemente reconocido como centro de excelencia Severo Ochoa, trabaja ya en tomates más nutritivos, variedades de arroz más resistentes a enfermedades y plantas capaces de alertar visualmente cuando son infectadas por virus, consolidando a Valencia como uno de los principales polos de innovación biotecnológica de Europa.

Detrás de este avance se encuentra el proyecto PUA (Plant Ultrasound Atlas), impulsado por el IBMCP, que ha generado el mayor atlas sonoro de plantas del mundo. Los investigadores han recopilado más de 30.000 horas de grabaciones y cerca de 450.000 registros ultrasónicos de cultivos como tomate, pimiento, pepino, tabaco o soja. Cada sonido se acompaña de miles de datos sobre la variedad vegetal, la temperatura, la humedad ambiental, el estado del suelo o la concentración de CO₂, información que posteriormente es procesada mediante inteligencia artificial para identificar patrones y predecir comportamientos.

Las aplicaciones potenciales van mucho más allá de optimizar el uso del agua. Los investigadores trabajan en sistemas capaces de detectar de forma temprana ataques de insectos o enfermedades e incluso exploran la posibilidad de utilizar ultrasonidos para interferir en el comportamiento de determinadas plagas. Entre ellas figura la polilla Tuta absoluta, uno de los principales problemas del cultivo del tomate, cuya incidencia podría reducirse con métodos menos dependientes de productos fitosanitarios.

Este avance se enmarca además en un momento clave para la biotecnología europea. La Unión Europea ultima una nueva regulación sobre las denominadas Nuevas Técnicas Genómicas (NGT), que permitirá agilizar el desarrollo de cultivos mejorados mediante herramientas de edición genética como CRISPR. Paralelamente, Bruselas estudia adaptar la normativa aplicable a microorganismos modificados para facilitar la llegada al mercado de una nueva generación de biofertilizantes, bioestimulantes y biopesticidas capaces de mejorar la productividad agrícola y reducir el impacto ambiental.

El IBMCP parte con una posición privilegiada para aprovechar este nuevo escenario. El centro valenciano, recientemente distinguido con la acreditación Severo Ochoa, la máxima distinción científica que concede la Agencia Estatal de Investigación, trabaja ya en tomates más nutritivos y sabrosos, variedades de arroz más resistentes a enfermedades y a la sequía, plantas capaces de alertar visualmente de la presencia de virus e incluso tecnologías para producir compuestos de interés biomédico a partir de vegetales. Solo entre 2023 y 2025 sus 273 investigadores han participado en cerca de 300 proyectos, publicado más de un millar de artículos científicos y contribuido al desarrollo de varias empresas surgidas de sus investigaciones, consolidando a Valencia como uno de los principales polos de innovación biotecnológica del sur de Europa.

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