VALÈNCIA. Una relación comercial claramente desigual que suma 46,3 millones de euros y que tiene al azafrán como producto estrella. Así se podría resumir el vínculo empresarial que existe entre la Comunitat Valenciana e Irán, un país en el que estas últimas semanas se posa la mirada de la comunidad internacional ante la revolución ciudadana que se levanta contra el régimen teocrático de los ayatolás, que ha mantenido al país en un escenario comercial complejo.
Al analizar el intercambio de bienes entre ambas regiones, se observa que la Comunitat Valenciana depende mucho más del mercado iraní que viceversa, una relación asimétrica que protagoniza la demanda del azafrán, un producto históricamente asociado a la gastronomía valenciana por su uso en la paella. La asimetría es significativa, puesto que las empresas valencianas compran siete veces más de lo que venden al país asiático.
Además, este acusado desequilibrio no solo persiste, sino que se amplía. Entre enero y octubre de 2025, las importaciones valencianas procedentes del país persa alcanzaron los 40,47 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 17% respecto al mismo periodo de 2024, mientras que las exportaciones, que apenas rozaron los 5,88 millones, se elevaron un 7%, según un informe elaborado por Cámara Valencia.
Irán se consolida como el cuarto mercado proveedor de la Comunitat Valenciana en Oriente Medio, en un contexto internacional marcado por las sanciones económicas, la volatilidad del precio del petróleo y una economía iraní tensionada por la inflación y la depreciación de su moneda. Pese a ese escenario, el flujo comercial no se detiene, aunque sí se concentra en un número reducido de productos.
El azafrán se ha convertido en el principal producto importado desde Irán. En los diez primeros meses de 2025, las compras valencianas de esta especia alcanzaron los 17,6 millones de euros, con un crecimiento cercano al 35% respecto al año anterior. A ello se suman los pistachos, con 13,8 millones de euros, y los polímeros, que superan los 5,6 millones, configurando un patrón de importación muy vinculado tanto a la industria alimentaria como a determinados procesos industriales.
Este perfil se reproduce, con menor escala, en la provincia de Valencia, que concentra la mayor parte del comercio bilateral. Solo en esta provincia, las importaciones procedentes de Irán ascienden a 26,44 millones de euros, con el azafrán y los pistachos como principales referencias, mientras que las exportaciones se limitan a 2,52 millones. En este caso, el crecimiento de las compras también es notable, con un avance superior al 10% interanual, frente a unas ventas que apenas logran mantener el pulso.
El contraste es aún más evidente si se analiza la estructura sectorial del intercambio. Las exportaciones valencianas a Irán están muy concentradas en la industria química y auxiliar, con los abonos como primer capítulo exportador, seguidos por esmaltes, colorantes, insecticidas o manufacturas de piedra y yeso. Son partidas con escaso valor absoluto, aunque algunas registran incrementos porcentuales relevantes, como los fertilizantes, que duplican su valor, o las aeronaves, con un crecimiento puntual de más del 260%.
Sin embargo, estas subidas no compensan el peso de las importaciones, que responden a una demanda estructural de productos en los que Irán es líder mundial. El país concentra las mayores reservas de azafrán del planeta y es el principal productor global de pistacho, dos productos que encuentran en la Comunitat Valenciana un mercado estable, vinculado tanto al consumo final como a la reexportación y a la industria transformadora.
El desequilibrio comercial valenciano se enmarca, no obstante, en una relación bilateral España-Irán en la que el mercado nacional consigue un saldo positivo, aunque por poca diferencia. Las exportaciones españolas a Irán alcanzan los 100 millones de euros, frente a unas importaciones de más de 90 millones, con el azafrán también como principal producto de entrada, superando los 45 millones de euros en el conjunto del país.
Todo ello se produce en un contexto económico iraní complejo. Pese a ser una potencia energética, con las segundas mayores reservas de petróleo y gas del mundo, Irán sigue condicionado por las sanciones internacionales y por una inflación cercana al 40%, que erosiona el poder adquisitivo interno y dificulta el comercio exterior. Aun así, su grado de apertura ha repuntado hasta el 69% del PIB y el país mantiene una intensa relación comercial con socios como China, Turquía o Emiratos Árabes Unidos, que concentran buena parte de sus flujos internacionales.
Agroalimentario y gestión del agua sectores con más oportunidades
Desde el punto de vista valenciano, el informe identifica oportunidades en sectores como el agroalimentario, las infraestructuras, la gestión del agua o los bienes de consumo, especialmente ante una población joven y una clase media que, pese a la presión inflacionista, sigue demandando productos extranjeros. No obstante, la complejidad normativa, el peso del sector público y las restricciones financieras obligan a las empresas a extremar la cautela y a apoyarse en socios locales para operar en el mercado iraní, tal y como explica Cámara Valencia.