Puente dimite para no lastrar la campaña de Sánchez

Análisis

Comunitat Valenciana

  • El ministro Óscar Puente, en su comparecencia en el Congreso.
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VALÈNCIA. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ofreció este martes una doble sesión de iniciativas y explicaciones respecto al accidente acaecido en Urda (Toledo) la pasada semana que causó 69 víctimas mortales.

Por la mañana, tras el Consejo de Ministros, el dirigente compareció para anunciar mejoras tecnológicas, de protocolos, seguridad y personal tras el accidente y para aprobar un paquete de ayudas para los afectados dotado con 30 millones de euros, que incluye ayudas directas complementarias a las indemnizaciones y un sistema de anticipos de indemnizaciones por responsabilidad civil.

Ya por la tarde, tal y como había solicitado poco después de la tragedia, Puente acudió a la Diputación Permanente del Congreso para dar cuenta de lo ocurrido con la información recabada estos días y exponer las medidas adoptadas en la línea donde se han producido dos graves accidentes (Adamuz y Urda) en los últimos 10 meses, con un total de 115 fallecidos.

Sin embargo, dejó para el final de su comparecencia lo más importante: su dimisión como ministro y su renuncia a encabezar la lista del PSOE por Valladolid. De esta manera, el dirigente socialista se apartaba una semana después del terrible accidente ferroviario. "Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año. Por muy distintos que sean, y tenga o no responsabilidad directa en ellos, es una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas", sentenció en su última intervención.

De esta manera, Puente asumía la renuncia de sus cargos por, según su relato, responsabilidad política. Pero también para evitar ser un lastre en la campaña electoral que comienza en 10 días y que tendrá su final el 29 de noviembre, fecha fijada para los comicios. Una decisión mediante la cual el dirigente socialista, consciente de que se había tornado un elemento tóxico para Pedro Sánchez, trata de contribuir a que su formación política tenga opciones de recuperar la sintonía con la ciudadanía ante la inminente llamada a las urnas.

Lo cierto es que casi desde que se conociera la tragedia y se produjeran las primeras comparecencias de Puente, la dimisión del ministro se antojaba como prácticamente el único camino plausible, a pesar de que la había descartado en varias ocasiones.

El dirigente socialista aseguró este martes que este siempre fue su plan inicial: "La decisión sobre mi futuro la tomé los primeros minutos en los que se produjo la tragedia (...) No era esta, sin duda, la única decisión posible, pero es la única que yo hubiera estado dispuesto a tomar", subrayó, para recalcar que su objetivo era hacerla pública una vez cumplido el trabajo que consideraba "más urgente e inaplazable", que a su entender era dar explicaciones sobre lo ocurrido, auxiliar a las víctimas, adoptar las primeras medidas para resarcirlas y mejorar "en la medida de lo posible" la seguridad del sistema ferroviario en el corto plazo. 

A renglón seguido, Puente quiso agradecer a las personas que le han mostrado su apoyo estos días y dejar claro que su dimisión no era "ningún drama". "Drama, sin duda, el de las víctimas, el de sus familias, el de sus seres queridos a los que ya no van a poder volver a ver", sentenció.

Este nuevo relato, donde precisamente el ministro utilizaba algunos de los argumentos que oposición y socios parlamentarios le han echado en cara estos días, contrastan frente a otros que Puente empleó para defenderse poco después de la tragedia. Así, parece que el balance de daños hecho desde la Moncloa debe de haber sido determinante para dar el empujón final hacia la decisión verbalizada este martes por el dirigente socialista.

Resulta evidente que la permanencia de Puente en el gobierno apuntaba a tener una incidencia demasiado relevante en la inminente campaña, con un impacto probablemente muy negativo en la opinión pública y, en conjunto, un severo condicionamiento para el discurso del propio candidato a la reelección, Pedro Sánchez.

 

 

Esto pudo apreciarse en la propia comparecencia en el Congreso, donde recibió duras críticas por parte de casi todos los grupos parlamentarios, que en varios casos exigieron la dimisión, como ocurrió de forma directa con los representantes de PP, Vox, Junts, PNV, Podemos, Sumar e Izquierda Unida, y de una manera algo más velada Gabriel Rufián (ERC): "Alguien tiene que hacerse cargo", le señaló a Puente.

De hecho, la pregunta que sobrevolaba en la formación del puño y la rosa estos días era la siguiente: ¿Se puede retomar el objetivo del 29N y lanzarse a una campaña electoral sin que Puente dimita y asumir ese coste político?

La respuesta final ha sido un 'no' rotundo. La remontada que pretende encabezar Sánchez respecto a lo que indican la mayoría de sondeos, pese a sus prometedores inicios con algunos golpes de efecto, se ha visto truncada por el accidente de Urda, tanto por la gravedad y conmoción de la propia tragedia como, desde el punto de vista de la estrategia, por el traslado del foco mediático al ministro. Un impacto que además dificultaba la posibilidad de dominar la agenda o trasladar la discusión política a otras cuestiones.

Es más, también contribuía a perder argumentos en determinados territorios. Por ejemplo, Sánchez tiene este viernes un mitin en Valencia, una tierra donde podría funcionar el discurso respecto a cómo se gestionó por parte del PP la tragedia de la Dana: un tema difícilmente abordable si no se producía la dimisión de Puente por responsabilidad política tras dos gravísimos accidentes en la misma línea en un espacio de 10 meses.

Es por ello que, aunque el ministro asegura que la decisión la había tomado desde el mismo día del accidente, en esta semana se ha constatado en las filas socialistas que la situación ofrecía una maniobrabilidad muy estrecha con unas elecciones generales en el horizonte y un escaso respaldo tanto político, como mediático y probablemente ciudadano. El resto, era determinar la escenografía y la literatura.

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