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De Ford Almussafes al sector de la defensa: "La automoción ya no es lo que era; hay que diversificar"

La industria auxialiar valenciana del automóvil acelera su salto a la defensa, un sector en auge impulsado por el aumento del gasto y la mayor demanda tecnológica

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VALÈNCIA. El sector de la automoción se encuentra inmerso en una profunda transformación que dibuja, de momento, un horizonte incierto. La fuerte y creciente competencia asiática y los bandazos de una Europa con decisiones contradictorias sobre la electrificación, sumados a la caída de la demanda por el cambio de hábito de los consumidores, han sumido a la industria del automóvil en una espiral difícil de predecir. Un complejo panorama que se ha saldado con el cierre de empresas como el de Lear en Almussafes y que ha provocado un tsunami en una industria que representa el 10% del PIB nacional y el 8% del de la Comunitat Valenciana.

Pese a la incertidumbre, existe también cierto halo de esperanza como es la diversificación de la industria auxiliar hacia sectores que poco a poco van ganando peso, como es la defensa. El clima de creciente tensión geopolítica, la necesidad de Europa de reforzar sus capacidades de seguridad y el impulso hacia una mayor autonomía tecnológica y estratégica ante los vaivenes en las cadenas de suministro han reactivado la inversión en este campo y abierto nuevas oportunidades para la industria española. 

"Creemos que la diversificación hacia esta industria es un crecimiento natural del sector ya que contamos con conocimiento, infraestructura y capacidades para este desarrollo", asegura Francisco Segura, presidente del Clúster de la Automoción de la Comunitat Valenciana (AVIA). Tanto es así que destaca que "muchos de los fabricantes de componentes, ingenierías y servicios cuentan con el saber hacer y el conocimiento industrial y tecnológico para saltar al sector de la defensa con adaptaciones relativamente ligeras". 

Pero no únicamente se trata de una reconversión teórica y a futuro, sino que es ya una realidad para muchas empresas valencianas que han visto en la defensa una vía de escape para mantener y engrosar su negocio. Este es el caso de la pyme Metalográfica de Levante S.A (MLSA), especializada en tratamientos térmicos, principalmente en el endurecimiento de aceros, que tomó la decisión de diversificar parte de su negocio hace ya diez años. Una empresa pionera que, con visión de futuro, decidió dar el paso al anticipar las fluctuaciones del sector de la automoción.

"Siempre hemos trabajado en sectores muy exigentes y nuestra empresa está muy acostumbrada a los cambios", explica Susana Gallego, gerente de esta compañía con más de 50 años de historia. "La automoción en la Comunitat Valenciana siempre ha dependido mucho de Ford Almussafes y hace tiempo que nos dimos cuenta que era necesario diversificar porque el sector ya no es lo que era y había que buscarse la vida", explica. De hecho, destaca que la mayoría de la industria auxiliar valenciana ha evolucionado hacia otros segmentos, minimizando su dependencia de la firma del óvalo, que no atraviesa su mejor momento a nivel productivo. "Es fundamental no depender únicamente de una industria", remarca.

  • Planta de MLSA -

Ubicada en Xirivella, Metalográfica de Levante cuenta con 25 trabajadores y factura alrededor de 2,5 millones de euros. Actualmente, trabaja en diferentes ámbitos como el agroalimentario, la cerámica y la eólica, además de la automoción y la defensa. Su trayectoria se ha caracterizado por la transformación constante, lo que le ha permitido ir ampliando su capacidad productiva y acceder a proyectos de mayor envergadura. Así, por ejemplo, la inversión en hornos capaces de tratar piezas de gran volumen, inicialmente pensados para el sector eólico, fue lo que le permitió entrar en proyectos más complejos de defensa. Y así, de manera casi natural, dieron el salto a un sector estratégico y de creciente interés en España.

"Es un camino natural pasar de la automoción a la defensa porque ambos requieren de mucha preparación y conocimientos y son muy exigentes", apunta Gallego. En su caso lo vieron de forma clara y en estos años han realizado tratamientos térmicos para diferentes productos: desde componentes de munición hasta piezas de aluminio y sistemas de amarre para aeronaves y helicópteros, además del endurecimiento de chapas y otros elementos estructurales. "Nuestro trabajo representa una parte pequeña dentro del producto final, pero es una fase crítica: si el tratamiento no es correcto, la pieza no funciona", subraya.

La compañía supo anticiparse, pero ahora esta reorganización del negocio es la tabla de salvación de muchas empresas. Y más teniendo en cuenta el contexto geopolítico actual, con Europa enfrentándose a su propio futuro y rediseñando su estrategia. "Bruselas tiene que reforzar su capacidad de defensa, ya que actualmente invierte muy por debajo de otros bloques mundiales. Debe tomar conciencia de que es un sector industrial estratégico. Y la experiencia y exigencia tecnológica de la automoción, junto con maquinaria de última generación, da sentido a dar el salto hacia nuevas áreas. Las empresas están sobradamente preparadas y diversificadas para asumir este reto", insiste la gerente de la firma.

"Ambos sectores comparten elementos comunes"

También hace cuatro años, la multinacional RDT Ingenieros, con sede en Valencia, detectó oportunidades en grandes proyectos europeos vinculados al desarrollo e I+D y decidió dar el paso hacia la defensa desde su división de electrónica y fotónica. Con 20 años de trayectoria, presencia en más de diez países y cerca de 2.000 empleados en todo el mundo, la consultora inició una diversificación progresiva que, sin embargo, se vio acelerada tras la guerra de Ucrania en 2022 y el repunte de la tensión geopolítica internacional.

En ese salto, la experiencia acumulada en automoción ha sido determinante. "Ambos sectores comparten elementos comunes. La industria de defensa necesita tecnología, capacidad de industrialización y experiencia en desarrollo de producto, ámbitos en los que la automoción acumula décadas de ventaja", explica Iñaki Ulizar, director de Estrategia y Tecnología de la ingeniería. Se trata, subraya, de un sector habituado a trabajar con procesos ágiles, lanzar productos en plazos ajustados y operar con estándares especialmente exigentes. "Una de las grandes demandas actuales en defensa es, precisamente, la capacidad de desarrollar soluciones con mayor rapidez y eficiencia, algo que tradicionalmente ha sido una fortaleza de la automoción", remarca.

A ello se suma la optimización de costes, una disciplina interiorizada en la automoción. Y ese equilibrio entre excelencia técnica y control económico puede trasladarse con éxito a proyectos estratégicos de defensa. "La combinación del conocimiento específico en defensa con el expertise industrial y productivo de la automoción abre la puerta a generar mayor riqueza en el tejido productivo", apunta. Además, la similitud de perfiles altamente cualificados de ingeniería facilita una reconversión más natural que en otras industrias.

  • metal -

Por tanto, el contexto económico y social ha servido de catalizador. "Se han tornado los papeles. Hace diez años, la automoción crecía al calor del desarrollo de nuevos productos y una demanda dinámica, mientras la defensa operaba con presupuestos contenidos y escasa inversión, especialmente en España. Hoy el escenario es radicalmente distinto: la balanza se ha invertido y la electrónica de potencia, junto a otros nichos vinculados a la defensa, vive un momento de claro repunte", indica Ulizar.

Subsectores con mayor potencial

En definitiva, la diversificación hacia la defensa se perfila como una estrategia natural y complementaria a la automoción ante un escenario internacional complejo. "Europa ha tomado conciencia de que necesita reforzar su soberanía y su autosuficiencia estratégica, también en el ámbito de la defensa. El nuevo escenario internacional apremia y obliga a actuar con rapidez. Si sectores industriales potentes atraviesan una fase de ajuste, la respuesta pasa por ser inteligentes y aprovechar el potencial industrial y humano existente y orientar esas capacidades hacia actividades con mayor proyección", remarca el directivo.

Y en este nuevo contexto, la Comunitat Valenciana encuentra nichos claros de crecimiento en subsectores como la electrónica y la fotónica, apostando por complementar capacidades existentes en lugar de competir con otros territorios. También, en la parte de mecánica de vehículos, pensando en nuevos modelos de carros de combate. El potencial de la autonomía valenciana es grande y, por ello, la industria comienza a ganar representatividad, aunque en un contexto de división organizativa. Así, en apenas unas semanas han surgido dos iniciativas distintas que aspiran a convertirse en el principal paraguas del sector: por un lado, Apolo, el Clúster de la Industria de Defensa de la Comunitat Valenciana, impulsado por un grupo de empresas; por otro, el Hub de Defensa, promovido por tres clústeres sectoriales. Una efervescencia que evidencia el interés creciente, pero también la necesidad de cohesión para consolidar una voz única.

Por tanto, según los expertos, el giro ha venido para quedarse. La defensa ya supone el 2% del PIB español, frente al 1,2% de ejercicios anteriores, y crecer exigirá sinergias reales con la automoción y capacidad para abordar proyectos nacionales y europeos. 

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