VALÈNCIA (EP). La empresa valenciana dedicada a la construcción de barcos de competición de fibra de carbono King Marine apuesta por rediseñar el modelo de negocio y expandir su territorio generando un "mayor volumen es las áreas de defensa, el espacio y la ciencia".
"El área de construcción de barcos está bien posicionada y no tenemos intención de hacerla crecer significativamente en cantidad de proyectos. Donde veo la oportunidad real de escalar y generar más volumen es en el área de defensa, el espacio y la ciencia. Son los sectores donde mejor encajamos, donde nuestra diferenciación no es el precio sino la calidad y la complejidad de lo que somos capaces de producir", el CEO de la firma, Pablo Santarsiero.
King Marine cuenta en la actualidad con dos sedes en la provincia de Valencia: una fábrica en Alginet y su base en La Marina de la capital.
La historia de esta empresa en Valencia se originó como una teórica circunstancia temporal, pero terminó siendo una decisión estratégica apoyada por la lógica.
Y es que de cara a la Copa América de 2007, el Desafío Español requirió los servicios de King Marine. Eso conllevó a que la producción se hiciera en Valencia, dado que las reglas de la Copa América obligan a que el barco sea construido en su país de origen. Por ese motivo la empresa, entonces instalada en Buenos Aires, desplazó a su equipo, alquiló espacio y produjo. Y al terminar la regata, se quedó.
"Nos encontramos con un entorno muy favorable", dice Gabriel Mariani, uno de los fundadores de la empresa, que añade: "Las condiciones de financiación, la red de proveedores que dejó la Copa América, la gente formada localmente, la conectividad con el resto de Europa... Con el tiempo, el astillero de Buenos Aires cerró su producción y Valencia se convirtió en el corazón de todo".
"Estar dentro de la Unión Europea facilita enormemente el negocio", subraya, por su parte, Pablo Santarsiero, el CEO que controla cada detalle de la operación industrial y de negocios de King Marine. "La mayoría de nuestros proveedores de materiales y servicios son europeos. Y el acceso directo al mar es algo que no tiene precio para lo que hacemos".
King Marine construye veleros de competición para los clientes más exigentes del planeta, en regatas como The Ocean Race o las 52 Super Series. Muchos de sus clientes proceden de potencias náuticas como EE.UU., Italia, Inglaterra o Alemania, entre otros, que eligen desarrollar sus proyectos en el seno de la empresa a pesar de las distancias físicas que les separan.
Pero King Marine es mucho más que un astillero. Es, en palabras de Santarsiero, "una empresa que procesa materiales composites a muy alto nivel tecnológico, enfocada en la producción de prototipos".
El tratamiento de la fibra de carbono es la base de su actividad. Es un material cinco veces más resistente que el acero que no se oxida, no se dilata con el calor, y puede diseñarse y moldearse para que sus propiedades estructurales sean exactamente las que cada proyecto requiere. Pero lo que hace especial a King Marine no es simplemente trabajar con fibra de carbono: es saber hacerlo con una libertad y una profundidad que pocas industrias permiten.
"En los barcos de regata, especialmente en una Copa América, la única regulación que rige es el reglamento del propio evento", explica Santarsiero, que apunta que "no hay ningún organismo externo que certifique la integridad estructural del barco. Eso libera al diseñador y al constructor para experimentar sin límites".
Esa falta de regulación es la fuente del conocimiento diferencial que tiene la empresa, ya que, mientras la aeronáutica comercial avanza muy despacio por el peso regulatorio, la náutica de élite avanza a una velocidad mucho mayor, inciden.
La I+D de King Marine actualmente se encuentra en condiciones de implicarse en sectores como la defensa o el aeroespacial. Su primer "gran caso de éxito" fuera de la náutica fue King Agro con una idea que consiste en fabricar barras de pulverización para fumigadoras agrícolas en fibra de carbono. La barra de cincuenta metros se amortizaba sola cinco veces en una única temporada de trabajo. En 2018, John Deere, el gigante verde del agro mundial, compró King Agro y todas sus filiales en España y Argentina. Era la validación definitiva.
Hoy en día King Marine fabrica radomos (estructuras rígidas transparentes a la radiofrecuencia) de fibra de composite para programas de defensa, es decir, las carcasas de los sistemas de radar de los submarinos, capaces de soportar cientos de metros de profundidad sin perder un milímetro de precisión; desarrolla estructuras semiesféricas para reflectores de neutrones en proyectos científicos donde la tolerancia al error es cero; y, asimismo, también participa en el programa TANK2ZERO, que cuenta con financiación del CDTI con fondos europeos para desarrollar tanques de almacenamiento de hidrógeno líquido criogénico, totalmente fabricados en fibra de carbono, destinados a la aviación de cero emisiones.
"El carbono tiene una propiedad única que lo hace ideal para estos proyectos. La fibra en sí no se dilata con el calor, a diferencia de todos los otros materiales. Eso lo hace perfecto para aplicaciones en las que la estabilidad dimensional bajo condiciones extremas es crítica, como los satélites o los reflectores de neutrones. Tenemos la capacidad de diseñar laminados muy específicos para usos muy específicos", asevera Santarsiero.
"Nuestra organización es muy flexible, y esa es una de las claves de haber sobrevivido veinte años. Nos adaptamos a cada situación. Sabemos dónde empiezan los proyectos. No siempre sabemos cómo terminan. Y eso, lejos de asustarnos, es lo que nos mantiene despiertos", concluye.