La subida del diésel sacude a los transportistas: cae la actividad, bajan los márgenes y las ayudas no llegan

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Tras cuatro meses de guerra, el 59,7% de las empresas reducen sus resultados mientras que las ayudas del Estado siguen sin llegar

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VALÈNCIA. Cuatro meses después del estallido del conflicto en Oriente Medio, la huella del encarecimiento del diésel sigue muy presente en las cuentas del transporte valenciano. La carga de trabajo se ha reducido y, además, las empresas han tenido que hacer frente a un fuerte incremento del coste del combustible, que ha estrechado aún más unos márgenes ya de por sí ajustados, mientras las ayudas anunciadas por el Gobierno siguen sin llegar. El impacto ya se refleja en la actividad del sector: un tercio de las compañías ha reducido su volumen de trabajo, un 60% han visto deteriorarse sus resultados y siete de cada diez no han conseguido repercutir la totalidad de este incremento de precios a sus clientes.

Estas son algunas de las principales conclusiones de la encuesta anual sobre la situación del transporte de mercancías por carretera en la Comunitat Valenciana de la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte y la Logística (FVET), un estudio que alerta del impacto directo que está teniendo la subida del precio del combustible sobre la rentabilidad y la actividad diaria de las empresas y analiza cómo afrontan sus empresas los desafíos generales del sector.

El precio del gasóleo se ha convertido en la principal preocupación de los transportistas valencianos. Cada repostaje supone un nuevo golpe para unas empresas que, en la mayoría de los casos, no pueden trasladar ese sobrecoste a sus clientes. De hecho, solo el 35% de las compañías asegura poder repercutir íntegramente el incremento del combustible en sus tarifas. La mayoría, un 58%, apenas consigue absorber una parte de ese encarecimiento, mientras que un 7% asume completamente el impacto, reduciendo aún más unos márgenes ya muy ajustados.

La situación es especialmente delicada para las empresas dedicadas al transporte internacional y al transporte especial, los dos subsectores más expuestos al alza del carburante por el elevado consumo de combustible que requiere su actividad. "El combustible representa entre el 30% y el 40% de nuestros costes fijos", explicó en rueda de presa Carlos Prades, presidente de FVET. Un porcentaje que obliga a las empresas a realizar un importante desembolso inmediato y que está tensionando seriamente su liquidez.

Las consecuencias ya empiezan a dejarse notar en el día a día de las compañías. Más de un tercio (34,7%) ha tenido que sentarse con sus clientes para renegociar contratos, el 29,2% reconoce que está prestando determinados servicios a pérdidas, el 27,8% atraviesa problemas de tesorería, el 18,1% admite un aumento de la presión financiera y un 11,1% ha optado por paralizar inversiones previstas ante la incertidumbre.

A este escenario se suma otro factor que desespera al sector: la demora en la llegada de las ayudas estatales. Los transportistas siguen esperando el pago de la bonificación de 20 céntimos por litro de combustible anunciada por el Gobierno y comprometida desde el pasado 22 de marzo. "Parece que en diez días empezamos a cobrar. Vamos a cruzar los dedos", ironizó Prades.

Con este panorama, 2026 está lejos de ser un año de crecimiento para el transporte valenciano. "Muchas pequeñas empresas están al límite tras cuatro meses de guerra en Oriente Medio, pero no por falta de trabajo", advirtió el presidente de FVET. "Celebramos que Europa haya dado luz verde a las ayudas promovidas por el Gobierno y confiamos en que, cuando lleguen, sirvan para paliar la subida del precio del gasóleo y permitan estabilizar la situación", remarcó.

La falta de conductores e infraestructuras colapsadas

Por otro lado, la escasez de conductores continúa siendo el gran problema estructural del transporte valenciano. El 68,1% de las empresas señala la dificultad para encontrar chóferes como uno de los principales obstáculos para su actividad y el 93% reconoce que no logra cubrir sus necesidades de personal. Una falta de mano de obra que ya tiene consecuencias directas sobre el negocio. Casi seis de cada diez empresas (58,3%) aseguran que se ven obligadas a rechazar servicios por no disponer de conductores suficientes, mientras que el 37,5% recurre a la subcontratación para cumplir con sus clientes y el 13,9% ha llegado incluso a vender vehículos por no poder ponerlos en circulación.

El relevo generacional tampoco invita al optimismo. La totalidad de las empresas consultadas considera que no existe una renovación suficiente de profesionales para garantizar el futuro del sector. A ello se suma otro problema creciente: el absentismo laboral, que este año ha afectado al 70,8% de las compañías encuestadas.

A las dificultades internas se suman las carencias de la red viaria valenciana. Los transportistas denuncian que la congestión de las principales vías no solo provoca retrasos, sino que dispara el consumo de combustible, incrementa los costes de mantenimiento y resta competitividad a las empresas. "Las infraestructuras están colapsadas", resumió el vicepresidente de FVET, Juan Francisco Ortega. Y no es una percepción aislada. Dos de cada tres empresas (66,7%) aseguran que el estado actual de las carreteras incrementa directamente su consumo de combustible. Por ello, el 93,1% reclama como actuación prioritaria la ampliación del Bypass de València, mientras que el 51,4% considera urgente ejecutar el acceso norte al Puerto de València.

Precisamente sobre esta última infraestructura, Prades, se mostró especialmente crítico."¿Vamos a empezar las obras del acceso norte cuando la nueva terminal de la ampliación del Puerto de València ya esté terminada y el puerto colapse?", se preguntó para lamentar la falta de avances en una infraestructura que el sector considera estratégica. "A nosotros nos crea indefensión, desasosiego, no poder cambiar nada mientras los políticos siguen calculando la vida del ser humano en cuatro años", reprochó. "No hace falta ser valientes; con ser eficientes es suficiente", concluyó.

Los resultados de la encuesta muestran además que las perspectivas de negocio para el cierre de 2026 son estables para un 51,3%; buenas para el 27,7% y malas o muy malas para el 20,9% de las empresas. En paralelo, el 86,1% de las empresas del transporte por carretera cree que se producirá un descenso del número de empresas en el segundo semestre de 2026, ya sea por cierres, absorciones o fusiones.

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