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TRIBUNA LIBRE
Publicado: 09/10/2026 · 06:00
Actualizado: 09/10/2026 · 06:00
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"¡Hombres de España: ni el pasado ha muerto, / ni está el mañana –ni el ayer– escrito!". Antonio Machado, "El Dios ibero", Campos de Castilla.

El Museo del Prado es uno de los lugares que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida. De forma inevitable, solemos acudir, con el fervor de los novicios, a ver los Desastres de la Guerra y las pinturas negras de Goya. Entre ese conjunto memorable de grandes cuadros, nos acogemos a las que, probablemente, sean nuestras obras favoritas: Duelo a garrotazos y Saturno devorando a sus hijos. Imposible no detenerse a contemplarlas, una y mil veces. No solo es una declaración de amor por el arte, también por la historia. En ese Saturno, eternamente condenado a devorar la vida, está contenida la tragedia de España. La que vemos en Los fusilamientos del 3 de mayo. Luz –real o irreal, ¡qué más da!– de una época que permanece, acrisolada, en el pasado. Luz que alumbra el presente, nuestro eterno presente, porque el arte, el Arte con mayúsculas, no solo retrata su tiempo, con su negra espalda a cuestas, también nos muestra el desolador espectáculo de traiciones, intrigas y mentiras de una actualidad que se ha convertido, por designio presidencial, en un negociado de ambiciones, de corruptelas, de prebendas familiares y de gozosas vacaciones en La Mareta. 

El rey de playlist, haciendo gala de una educación de patio de Monipodio, así como de una desenfrenada demagogia, ha convocado elecciones. Sabe que asume un riesgo. Poco importa Una muesca más en su Manual de resistencia. No desconoce que las masas, por lo general, suelen ser dóciles y complacientes al halago, a la dádiva y al dulce entretenimiento. A este espectáculo se ha entregado en cuerpo y alma, y debo reconocer que con notable acierto. Nadie como él ha denigrado la política patria. Nadie como él ha cultivado la prebenda. Nadie como él ha claudicado en lo que a sus principios se refiere, si es que alguna vez los tuvo. Nadie como él ha incumplido el "Puedo prometer y prometo". Prometer e incumplir es el lema que lleva bordado, a sangre y fuego, en su estandarte. 

Debo confesarlo: lo suyo es un espectáculo sublime, digno de que sea cantado por algún noble juglar. De haberlo conocido, sus horas de esplendor y grandeza las hubieran recogido desde Homero al mismísimo Quevedo, quien, a buen seguro, redactaría un Te Deum glosando sus victorias, cual Cid Campeador. 

Hoy, en un día claro y diáfano, convoca al pueblo español. A ese pueblo que engaña y del que sale corriendo cuando le increpan. Es normal que lo haga, porque lo suyo es la playlist, La Sexta y Gran Wyoming, pero no la calle, que no le quiere.

A diferencia de Pedro Sánchez, la realidad es incapaz de mentir. A veces, la incógnita dura unas semanas, pero esta se esclarece con el tiempo. Tres gobiernos le contemplan. Durante esos diez años, España ha quedado sumida en un cenagal de corrupción, de crisis institucional, y lo que es aún peor: de crisis de identidad. Nos invaden Ceuta, y el presidente se va de vacaciones. El argumento: tengo derecho a un tiempo de descanso. Descanso es el que no tienen los pobres habitantes de Ceuta, que ven cómo sus vidas y sus hijas son violentadas por unos inmigrantes al servicio del monarca marroquí, al que tanta pleitesía le otorga nuestro querido presidente. Nosotros, como meros notarios de la actualidad, nos hacemos eco de lo acontecido. Nosotros, los fascistas. 

Que España necesita un cambio, creo que, salvo los más cafeteros, pocos lo ignoran. Por el cambio. Este fue el lema del PSOE en las elecciones de octubre del 82. Le dio un resultado inmejorable: ciento dos diputados. Ese cambio no lo quiere ni lo puede dar Sánchez. Los independentistas le exigirán que entregue hasta la última entraña del solar patrio. La extrema izquierda, de la que él es su máximo tenor (con el beneplácito de Óscar Puente), le exigirán medidas que atentan contra la razón. Lo suyo es la sinrazón y el chaletazo de Galapagar. Faltaría más. Y los disidentes, los Guerra, González, Leguina o Redondo Terreros, andarán cabizbajos, pero sin fuerza alguna. 

La verdad hay que decirla, máxime si se expone sin ánimo de enfrentamiento (solo verbal): únicamente nos queda la oposición. Esta debe ser valiente. Ha de mostrar su identidad, porque, en política, la cobardía no suele dar buen resultado. En efecto, no puede acomodarse en el burladero. Tiene que saber que el torero de salón nunca ha salido por la puerta grande de La Maestranza. Por esta razón, ha de denunciar "el Himalaya de mentiras" perpetrado por el PSOE (Besteiro), y ha de proponer medidas claras y concretas que ayuden a paliar los numerosos males que nos acechan. Pospuestas que debe cumplir sin vacilar. Para otro Rajoy, nos quedamos con su copia más oscurantista.

Si alcanzan el poder, lo que no está tan claro, la tarea que tienen es ingente. No pedimos heroicidades. Solo integridad. Coherencia. Atrevimiento. Decencia. ¿La tendrán? Cabe la duda. En lo que no albergamos duda alguna es que, si el escenario se convierte en inmutable, un hecho es seguro: que el drama continuará. Al tiempo.

Juan Alfredo Obarrio Moreno es catedrático de Derecho Romano

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