VALENCIA. A un mes de las próximas elecciones generales y puesta la lupa sobre las candidaturas ya anunciadas, puede decirse con certeza que los partidos políticos han vuelto a dar la espalda a la sociedad a la que dicen representar al saturar las candidaturas no tanto de representantes reales de esa sociedad sino más bien a "sus" propios representantes. Es decir, los que mas puedan favorecer sus intereses partidarios y particulares y no los de la generalidad de los ciudadanos.
Hoy más que nunca, la Nación está necesitada de mentes capaces, generosas y resolutivas, pero lo que ha privado a la hora de designar candidatos no ha sido ni su preparación ni su capacidad, sino el interés por 'colocar piezas' que mejor puedan ser utiizadas y así mantener o aumentar la "cuota de poder" que posee cada grupo de presión dominante.
El dia 20 estamos convocados a votar a nuestros representantes, pero por lo que se va conociendo de su preparación, méritos y capacidad para legislar, que es al fin y al cabo su misión en el Congreso de los Diputados, pocas esperanzas podemos albergar de que el cambio tan necesitado de la organización social y económica del país pueda ser llevado a cabo con tales mimbres, con las obligadas salvedades.
¿Qué se les ha exigido a nuestros futuros representantes? En esta sociedad cada día mas profesionalizada donde para cualquier empleo se exige titulación, idiomas, oposición y todos los méritos que puedan demostrarse, se antoja demoledor que muchos de los futuros legisladores acceden a su puesto con los únicos méritos de ser "amigo", "conocido" o ser miembro del mismo grupo -o tribu- del que lo encabeza.
¿Se imagina alguien a los empresarios designando a sus representantes en los órganos de gobierno de las empresas con criterios de afinidad personal o amistad? Pues esto ocurre en el sector público. Aunque siempre debería haber sido así, ahora resulta vital para nuestro futuro ser más exigentes. 'Democracia' significa "gobierno del pueblo", pero a lo que estamos asistiendo es a una partitocracia, al "gobierno de los partidos". La línea que éstos han trazado es paralela a las necesidades y preocupaciones del pueblo, y las líneas paralelas -no olvidemos- nunca convergen.
Mientras estos comportamientos políticos perduren, el vivero de indignados seguirá creciendo. Más madera.