Opinión

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Camps como Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como

Publicado: 01/03/2026 ·06:00
Actualizado: 01/03/2026 · 06:00
  • El expresident de la Generalitat, Francisco Camps.
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El ex presidente de la Generalitat Francisco Camps ha encargado una encuesta, pagada de su bolsillo, para medir el grado de conocimiento de los distintos líderes de la Comunidad Valenciana, un sondeo en el que Él gana por goleada (82,5%) frente al actual jefe del Consell, Juanfran Pérez Llorca (60%) y la alcaldesa de València, María José Catalá (55,3%). Ha incluido por tanto a los que Él considera como sus posibles rivales para ser candidato a la Presidencia de la Generalitat en 2027. También mete a Joan Baldoví de Compromís (53%) y a la ministra Diana Morant (51,2%), secretaria general del PSPV-PSOE que optará al citado puesto.

 

A Baldoví y a Morant los ha puesto para disimular o, quién sabe, para restregarle a Pérez Llorca, y a Génova sobre todo,  que no están tan/tan lejos y que haciendo  la cuenta de la vieja tal vez se pueda reeditar otro Botànic salvo que el candidato sea Él. Curiosamente no ha incluido a nadie de Vox, ni al portavoz en Les Corts, José María Llanos ni a la presidenta de la Cámara Llanos Massó (ni al torero, Vicente Barreda, una cédula durmiente).  No los ha incluido porque los ultras, a todos los efectos, no tienen una estructura regional ni hablan de quién puede ser el aspirante, menos aún con la tanda de purgas que ha emprendido Santiago Abascal: la última la del hasta ahora líder murciano José Ángel Antelo  que ha provocado la dimisión en bloque de toda la cúpula regional. El cesarismo de Abascal no tiene límites, como en su día tampoco tuvo límites Pablo Iglesias que se quedó más solo que la una en Podemos (salvo contadas excepciones, las “belarras” básicamente).

 

La tenacidad de Francisco Camps es envidiable. Lleva casi dos años postulándose sin ningún tipo de tregua. Supongo que la caída en desgracia de Carlos Mazón por la Dana, dimisión incluida, ha sido un acicate para nuestro protagonista: recordemos que  fue presidente de la Generalitat de 2003 (sucediendo a Zaplana cuando lo nombraron ministro de Trabajo) a 2013, cuando tuvo que dimitir por su imputación en el caso de los trajes, el mismo que acabó en agua de borrajas: lo que no quiere decir que en el citado período de diez años se gestó y se produjo el mayor índice de casos de corrupción jamás conocido en la Comunidad Valenciana: los Cotino y las residencias de ancianos, la visita del Papa y los enjuagues en Canal-9, también con los Cotino, enguajes hasta en la instalación de inodoros portátiles.  Fitur y “El Bigotes” (que ahora se le ve en las teles como alma en pena, arrepentidísimo), también Milagrosa Martínez, las cacerías/soborno de perdices de Serafín Castellano, el falso hospital de Rafael Blasco en Haití, Consuelo Císcar traficando con el IVAM a su beneficio y al de su hijo artista, las fechorías de los presidentes de las diputaciones de València y Castellón, Alfonso Rus y Carlos Fabra...Todos trincaban menos Él.

 

Con lo apuntado, el pasado político de Camps no es precisamente brillante se mire por donde se mire. Instauró, con los Cotino y Rita Barberá, un clima de regional/catolicismo (Juan Carlos de Manuel) en el que Él, lo he escrito cien veces, se consideraba a sí mismo depositario de los designios históricos del pueblo valenciano [sic]. Un visionario. Es muy difícil de entender ese empeño, empecinamiento, de un personaje que quiere reeditar su pasado al modo de Qué fue de baby Jane, la genial película de Robert Aldricht. Tal vez lo sepa Arcadi Espada, lo del empecinamiento me refiero.

 

Feijóo no tiene ninguna prisa en convocar un congreso regional en la Comunidad Valenciana como reclama día sí, y día también, Camps. Ninguna. Hay gestora para rato presidida por Pérez Llorca. Su urgencia máxima, la de Feijóo,  es cómo buscar un equilibrio con Vox visto que los socialistas son del todo incapaces (qué cortedad de miras) para prestarle votos a la extremeña María Guardiola y el aragonés Jorge Azcón para sus repectivas investiduras, pactando un décalago de medidas estructurales, y posibilitando así sus investiduras. Eso solo ocurre en Alemania donde el democristiano Friedrichch Merz gobierna con los socialistas para taponar a Altertaniva para Alemania, un partido pos-fascista con infiltrados neonazis: son la segunda fuerza política.

 

Pero Pedro Sánchez no es Merz: prefiere mendigarle al exiliado de  Waterloo e hipotecar toda la política nacional a lo que dicten los nacionalistas de Junts, y otros. Feijóo tampoco es Mertz, ni por asomo. Debo ser el único ciudadano en España que abogue por ese Gran Pacto: y que gobierne por ley el candidato de la lista más votada. Nos ahorraríamos a los ultras, que es muchísimo ahorro (profiláctico donde los haya). En España manda, dicho en bruto, Puigdemont. Y esta es la cera que arde, incluido Camps predicando en el desierto y seguido por un grupo de expolíticos del PP, muchos de ellos resabiados o muy resabiados.

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