El conflicto en Oriente Medio tiene efectos que van mucho más allá del ámbito político o militar. El transporte marítimo internacional, responsable de mover la mayor parte del comercio mundial, es especialmente sensible a cualquier tensión en esta región. Cuando aumentan los riesgos de seguridad o se bloquean pasos estratégicos, las rutas marítimas, los costes logísticos y las operaciones comerciales se ven rápidamente afectados.
Por un lado, es probable que asistamos a un desvío de rutas comerciales por la inseguridad en el Mar Rojo. Justo cuando las navieras habían comenzado a volver a usar el Canal de Suez después de dos años rodeando África pasando por el Cabo de Buena Esperanza, este nuevo conflicto bélico ha movilizado a los hutíes y se ha incrementado el riesgo de navegar por el Mar Rojo. Este desvío añade miles de millas al viaje, lo que implica más días de navegación y mayor consumo de combustible, encareciendo los fletes.
Otro punto estratégico afectado por las tensiones regionales es el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte muy importante del petróleo mundial. En estos momentos prácticamente ningún buque se atreve a atravesar este estrecho, por lo que se puede considerar técnicamente bloqueado, lo que supone una reducción considerable en la oferta de crudo mundial incrementando su precio. Para el transporte marítimo esto tiene un impacto directo: el combustible representa una parte muy importante del coste de operar un buque. Si el precio del combustible aumenta, también lo hacen los fletes marítimos, es decir, el coste de transportar mercancías por barco.
Asimismo, el conflicto también puede afectar a relaciones comerciales concretas entre países y puertos. Un ejemplo es el impacto potencial sobre el comercio entre España y Arabia Saudí. Este país es uno de los destinos importantes de las mercancías exportadas a través del puerto de Valencia, con un volumen aproximado de 1.200 millones de euros anuales. Y no es posible alcanzar dicho país vía marítima sin navegar por el Mar Rojo o el estrecho de Ormuz. Va a ser imposible la exportación para muchas industrias a países en esa zona conflictiva.
Finalmente, los conflictos armados generan un fuerte impacto en el sector de los seguros marítimos. Cuando una zona se considera de alto riesgo bélico, las aseguradoras incrementan las primas que deben pagar los armadores para cubrir sus buques. En algunos casos, incluso pueden negarse a asegurar determinadas rutas. Estas “primas de guerra” encarecen aún más las operaciones marítimas y pueden llevar a algunas navieras a suspender temporalmente servicios en determinadas zonas, lo que ya está sucediendo en muchos casos.
En conjunto, estos factores muestran cómo la inestabilidad en Oriente Medio puede afectar directamente al comercio marítimo mundial. Cambios en las rutas, aumento de costes, dificultades comerciales y mayores riesgos operativos son algunas de las consecuencias que se trasladan rápidamente a la economía global. Y que, desgraciadamente, acaba suponiendo una menor oferta para el consumidor y a un mayor precio final, es decir, que lo acabamos pagando todos.
Alfredo Soler es presidente de la Asociación de Directivos y Empresarios Logísticos de Valencia