Opinión

El economista como terapeuta (y otros ensayos)

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VALENCIA. Un experimento ha hecho que se tambaleen los paradigmas de la física de los últimos 100 años. Mala noticia para estudiantes, profesores y editores de libros, que tendrán que volver a plantearse bastantes conceptos. Los artículos en revistas especializadas, sinónimo hoy en día de ciencia, van acumulando matices nuevos en vez de conocimiento sobre unos cimientos que pocos cuestionan. Acostumbrados al pensamiento e investigación acumulativos, será una ardua tarea reconstruir los cimientos científicos de una manera disruptiva.

Los economistas raramente plantean cuestiones que no afecten a la teoría económica o al comportamiento económico, ya que no es frecuente adentrarse en otros ámbitos científicos. Quizás por ello no hemos buscado o reconocido nuestro particular neutrino económico que nos haga cuestionar lo aprendido hasta ahora.

El premio Nobel George Stigler fue uno de los primeros en abandonar esta compartimentación científica, abogando por el uso de la economía moderna fuera de su ámbito. Entiende el Nobel de 1982 que la sociedad demanda del economista conocimiento de cómo funciona el sistema económico y de las consecuencias de las acciones económicas. Pero en cambio advirtió que "los economistas ejercen una influencia menor y escasamente detectable sobre las sociedades donde viven". Por ello defendió al "Economista como Predicador" de la eficiencia, de la equidad y de la ética.

Stigler consideró que la actuación profesional debía romper moldes e ir más allá de lo que el cliente quiere, reconvirtiendo al economista como "hombre de parroquianos" para "sencillamente ordenar los asuntos de una nación frecuentemente desordenada". Nos invitó a salir de nuestra particular área de conocimiento para aportar un enfoque diferente tanto en la sociedad como en otras disciplinas científicas.

Siguiendo al veloz neutrino por este camino multidisciplinar y ecléctico, aparecen aplicaciones novedosas y sorprendentes. Por ejemplo, el uso del uso del razonamiento económico está siendo utilizando como terapia para pacientes con daño cerebral adquirido. El aprendizaje de la Economía fomenta y combina la abstracción matemática con el comportamiento humano a nivel individual y colectivo. Nociones como comprar o vender, son consustanciales a la persona y por tanto difíciles de olvidar. Complementan las terapias estándar para personas con dificultades cognitivas desde la normalidad y con cierta utilidad práctica.

Una mayor interacción entre disciplinas aparentemente estancas como la medicina y la economía contribuiría, como reclamaba Stigler, a ordenar los asuntos de un país desordenado como el nuestro. Pero poco a poco, ya que no todos podemos aprender economía en dos tardes.
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(*) Jordi Paniagua es ingeniero de telecomunicaciones y economista, profesor de la UCV 

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