Esta semana arrancó, parlamentariamente, con una noticia preocupante: la decisión de PP y Vox de dar por finiquitada la comisión de investigación de la Dana, pese a no haber alcanzado ni un 33% de las comparecencias previstas y no haber recibido toda la documentación solicitada al Consell.
Es notorio que quedan sin aclarar cuestiones clave sobre la gestión de la emergencia, desde la respuesta inicial hasta la coordinación posterior.
Sin embargo, se niegan a citar a la exconsellera de emergencias Salomé Pradas y a su número dos Emilio Argueso, ambos investigados en la instrucción judicial por su gestión.
El objetivo es claro: el olvido.
Aspiran a que olvidemos su pésima gestión de principio a fin: desde la negación de la alerta roja anunciada con Aviso Especial nueve días antes; el abandono del seguimiento del barranco del Poyo en alerta hidrológica; el retraso en pedir la ayuda de la UME; el fatídico envío tardío del ES-Alert. Y esto último pasando por la desaparición del President de sus funciones, que por cierto, aún no ha aclarado qué hizo desde la salida del restaurante hasta las 20:00 que llegó al Palau, entre otras cuestiones y mentiras que ha ido acumulando.
Tampoco fueron capaces de coordinar ni la labor de los numerosos voluntarios que acudieron a la zona a ayudar, ni la de las entidades que repartían comida a quienes lo habían perdido todo, o la de policías y bomberos de servicio. Llegaron a denegar la ayuda de otras Comunidades Autónomas, como ha quedado demostrado.
Son demasiadas preguntas sin respuesta.
Y entre tanta desesperación y para desviar la atención, Mazón decidió nombrar al militar Gan Pampols, que encargó, como gran hito de su gestión, un PowerPoint a una consultora que nos costó más de dos millones de euros.
Mientras tanto, muchas de las cuestiones materiales seguían y siguen sin ser atendidas: ascensores sin ser reparados, los centros educativos arrasados sin iniciar su reconstrucción, miles de empresarios a los que han dejado sin ayudas, infinidad de garajes llenos de barro o el abandono de la Albufera.
Y con esta gestión en su haber, en la que la inutilidad se suma a la falta de ética, pretenden que reine el olvido.
Con este contexto, cerrar la comisión sin profundizar en lo ocurrido no contribuye a esclarecer los hechos. Al contrario, refuerza la sensación (la convicción, en realidad) de que no existe voluntad de asumir responsabilidades ni de aprender de los errores.
Queda patente que no se ha querido escuchar suficientemente a las víctimas ni reconstruir con rigor lo sucedido ¿Formaban parte acaso de su plan de trabajo?
Sin el ejercicio de transparencia necesario, es difícil cerrar una herida que sigue muy presente en la sociedad valenciana.
Como dijo Maxi Roldán, vecino de Paiporta y coautor del libro Lágrimas de barro, “olvidar es morir dos veces”. Pero no lo vamos a permitir. El corazón de muchos valencianos se llenó de barro para siempre. Es una memoria colectiva y de ella tenemos que aprender para que no se repita.
El siguiente paso del PP y Vox será aprobar unas conclusiones de la Comisión de investigación sumando una mentira tras otra, obviando toda la prueba documental y testifical que obra en el juzgado de instrucción de Catarroja.
Pero el que PP y Vox tengan ahora la mayoría parlamentarias no altera lo vivido, lo que la gente vio y padeció. Una memoria necesaria para evitar el olvido.
El cierre en falso de la comisión será un insulto más a la inteligencia y a la memoria colectiva del pueblo valenciano, especialmente de las víctimas.
Nosotros no lo olvidaremos. Porque no podemos permitirnos hacerlo.