CASTELLÓ. En 1992, el equipo de Bill Clinton popularizó un eslogan que representa un ejemplo de éxito en marketing político: "It's the economy, stupid". Era una forma directa de apelar a los bolsillos de los americanos, lo que determina la vida de la gente es su situación económica.
Hoy, en la España actual y Castelló no es una excepción, por mucho pan y circo que lo intente difuminar, ese lema podría reformularse sin perder vigencia: "Es la vivienda, estúpido". Porque el problema de la vivienda ha dejado de ser una cuestión secundaria para convertirse en uno de los principales factores que explican la desigualdad, la precariedad y la falta de expectativas de amplios sectores de la población.
Así lo revela el reciente informe "La vivienda, cimiento de desigualdades", coordinado por Alejandro García Gil y publicado por Oxfam Intermón, con datos demoledores. No se trata solo de precios altos, sino de un cambio más profundo en la función misma de la vivienda. Durante décadas, tener una casa significaba cubrir una necesidad básica. Hoy, cada vez más, significa poseer un activo.
El propio informe señala que la vivienda se ha consolidado como "activo financiero y fuente de acumulación de riqueza". Este cambio lo altera todo. Cuando la vivienda se rige por criterios de rentabilidad, el acceso deja de depender de la necesidad y pasa a depender de la capacidad de pago. Y ahí es donde aparece la fractura.
Una gran parte de los hogares en alquiler se encuentra en situación de sobreesfuerzo económico, destinando un porcentaje excesivo de sus ingresos al pago de la vivienda. Esto tiene consecuencias directas: menos ahorro, mayor vulnerabilidad y menor capacidad de construir un proyecto de vida estable.
Aquí entra en juego lo que el informe de Oxfam denomina la "trampa del alquiler". Los precios elevados impiden ahorrar lo suficiente para acceder a una vivienda en propiedad, lo que obliga a permanecer en el mercado del alquiler de forma indefinida. Es un círculo difícil de romper sin la intervención decidida de la administración.
Además, el mercado del alquiler no es neutral. Según el informe, actúa como un mecanismo de transferencia de renta: recursos que salen de los hogares con menos ingresos y se concentran en quienes poseen propiedades. No es un fenómeno puntual, sino una dinámica estructural.
Este contexto está redefiniendo las líneas de desigualdad. Cada vez más, la diferencia clave no es solo cuánto se gana, sino si se tiene o no acceso a la propiedad. El informe apunta a un eje cada vez más relevante: propietarios frente a inquilinos. Y Castelló no es una excepción, como en otras ciudades esta división se percibe con claridad. Quienes tienen vivienda ven reforzada su posición económica. Quienes dependen del alquiler, en cambio, encuentran mayores dificultades para ahorrar, invertir o mejorar su situación.
La desigualdad, por tanto, ya no se mide únicamente en ingresos, sino en acceso a activos. A esto se suma otro factor decisivo: la herencia. El informe de Oxfam Intermón destaca que las personas propietarias tienen muchas más probabilidades de heredar vivienda, lo que refuerza la acumulación de riqueza a lo largo del tiempo. En la práctica, esto significa que el acceso a una vivienda en propiedad depende cada vez más del origen familiar.
El resultado es una sociedad donde las oportunidades no parten del mismo punto y aquí sí o sí debe de entrar lo público de manera inmediata y en el caso de la izquierda obligada por principios. Por eso, volver al eslogan tiene sentido. Si en los años noventa el mensaje era "es la economía", hoy la realidad obliga a afinarlo: es la vivienda. Porque incluso cuando suben los salarios, el informe advierte que el coste de la vivienda está "fagocitando" esas mejoras. Es decir, los avances económicos quedan neutralizados por el encarecimiento del acceso a un hogar.
Esto tiene implicaciones profundas. Si trabajar no garantiza poder vivir con estabilidad, el problema deja de ser individual y pasa a ser estructural. Castelló de la Plana no es una excepción, sino un ejemplo más de una tendencia general. La creciente importancia de la vivienda como inversión, el peso del alquiler y la concentración de la propiedad están configurando un modelo que amplía las desigualdades.
Ninguna política debe concentrar más recursos que invertir en vivienda pública, ninguna. Por eso, quizá convenga repetirlo sin rodeos, como en aquella campaña: "Es la vivienda, estúpido".
David Donate, secretario de Vivienda del PSPV de Castelló