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España busca estabilidad sin el sanchismo

Publicado: 25/05/2026 · 06:00
Actualizado: 25/05/2026 · 06:00
  • El presidente del Partido Popular de Andalucía (PP-A), Juanma Moreno preside la reunión de la Junta Directiva Autonimica del PP-A. A 19 de mayo de 2026 en Sevilla, Andalucía (España). El presidente del Partido Popular de Andalucía (PP-A), Juanma Moreno, h
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Elección tras elección, los españoles están hablando claro. Y lo hacen en las urnas. En lo que llevamos de 2026, uno de cada tres españoles ya ha participado en distintos procesos electorales y el mensaje empieza a repetirse con claridad: los ciudadanos quieren un cambio político y están confiando en el Partido Popular para liderarlo.

Lo hemos vuelto a comprobar ahora en Andalucía. La victoria de Juanma Moreno no es simplemente un gran resultado electoral. Es un hecho político de enorme trascendencia. El presidente andaluz ha conseguido el mejor resultado del Partido Popular en unas elecciones autonómicas en toda la historia democrática de Andalucía. Y no solo eso: el bloque del centro-derecha ha alcanzado la cifra más alta de votos jamás obtenida en Andalucía en unas elecciones locales, autonómicas o generales: 2.312.454 votos.

Nunca antes tanta gente había respaldado a este espacio político. Para encontrar el segundo mejor resultado hay que remontarse a las generales de 2011, con 2.270.534 votos. La diferencia es que ahora este respaldo no responde a una circunstancia puntual, sino a una tendencia cada vez más consolidada en toda España.

Frente a ello, el PSOE ha firmado otro resultado histórico, aunque por motivos bien distintos. La número dos de Pedro Sánchez ha obtenido el peor resultado de la historia del socialismo andaluz, quedándose en apenas un 22% de los votos. Andalucía, durante décadas símbolo del poder socialista, refleja hoy el desgaste irreversible del sanchismo.

Y conviene analizar bien qué hay detrás de este resultado. Andalucía nunca ha sido un territorio sencillo para maximizar mayorías por las particularidades de la ley d’Hondt y la distribución provincial de escaños. Sin embargo, Juanma Moreno no solo ha consolidado una mayoría amplísima, sino que además ha logrado algo políticamente muy relevante: frenar tanto al PSOE como a VOX.

No olvidemos que VOX llegó a superar el 20% de los votos en las elecciones generales de 2019. Hoy se mantiene estable en torno al 13%. La explicación es sencilla: la buena gestión genera confianza, consolida liderazgos y concentra el voto útil alrededor de gobiernos moderados, eficaces y centrados en resolver problemas reales.

Ese es precisamente el gran aprendizaje que dejan estas elecciones. Cuando un gobierno funciona, cuando se gobierna desde la cercanía, la estabilidad y la gestión, los ciudadanos responden. Y lo hacen premiando a quienes mejoran su día a día, no a quienes viven instalados permanentemente en el ruido, el enfrentamiento y la propaganda.

Porque además, mientras el Partido Popular consolida gobiernos y amplía mayorías, el castillo de naipes del sanchismo se desmorona a ojos de toda España. La reciente imputación de José Luis Rodríguez Zapatero supone un golpe político y moral de enorme dimensión para Pedro Sánchez. No hablamos de una figura secundaria: hablamos del expresidente que ha sido uno de sus grandes apoyos políticos, estratégicos e internacionales durante todos estos años, el gran valedor moral de los ideales del partido.

El sanchismo construyó un relato basado en la superioridad moral, en señalar constantemente a los demás y en utilizar las instituciones como herramienta de confrontación política. Pero la realidad termina cayendo por su propio peso. 

Los escándalos, las cesiones permanentes, los casos de corrupción y ahora las investigaciones judiciales que afectan a figuras clave de su entorno están erosionando aceleradamente un proyecto político agotado. El PSOE está perdiendo todas las elecciones porque cada vez quedan menos españoles que confíen en ellos. 

Cada vez son más los que sienten que Sánchez gobierna únicamente para resistir, no para transformar ni mejorar el país. Su prioridad ya no parece ser España, sino mantenerse unos meses más en La Moncloa a cualquier precio, aunque eso suponga depender de quienes quieren debilitar el Estado o romper la igualdad entre territorios.

Por eso, elección tras elección, vemos el mismo patrón: avance del bloque del centro-derecha y retroceso de la izquierda. El bloque de izquierdas en Andalucía se ha quedado en mínimos históricos, con apenas un 38% de apoyo. Una cifra que demuestra hasta qué punto se ha desconectado de la mayoría social.

Y esto no ocurre solo en Andalucía. El cambio político ya no es una expectativa: es una realidad que avanza en toda España. 

Un modelo basado en gestionar, avanzar e impulsar los territorios frente a quienes utilizan las instituciones para bloquear, confrontar y dividir. Frente a quienes convierten cada debate en una batalla ideológica mientras los ciudadanos siguen esperando soluciones a los problemas reales: vivienda, empleo, seguridad o servicios públicos.

Valencia es un claro ejemplo. Frente a este cambio de tendencia, y ante la falta de proyecto político, la izquierda ha optado por el bloqueo institucional como única estrategia. La oposición en la ciudad vive instalada en la confrontación permanente y en el rechazo sistemático a cualquier avance impulsado por el gobierno municipal, con especial ensañamiento cuando se requiere colaboración con la administración del Estado. Y es que cuando faltan ideas y proyecto, el bloqueo acaba sustituyendo a la propuesta.

Pero la política útil acaba imponiéndose. La que escucha, la que trabaja y la que transforma. La gestión de cercanía y serena que impulsa ciudades como Valencia. Y eso es exactamente lo que los españoles están premiando de forma cada vez más contundente.

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