Hay momentos en la historia en los que las ciudades deben decidir si quieren contemplar los grandes cambios desde la barrera o formar parte de ellos. Ocurrió con la revolución industrial. Ocurrió con la llegada de internet. Y está ocurriendo ahora con la inteligencia artificial.
Hoy Valencia se sienta en la mesa donde se está escribiendo ese futuro. Lo hemos comprobado recientemente en nuestra misión a Silicon Valley, donde hemos mantenido reuniones con OpenAI, NVIDIA, Meta, Google o la Universidad de Stanford con el objetivo de abrir nuevas oportunidades de colaboración e inversión para nuestra ciudad.
Nada de eso sucede por casualidad. Las oportunidades no llaman a la puerta. Hay que salir a buscarlas. Hay que generar confianza, construir alianzas y demostrar que Valencia está preparada para competir con las ciudades que liderarán la próxima gran revolución tecnológica.
La inteligencia artificial no es una aplicación más ni un programa informático de última generación. Es una nueva infraestructura para la economía, para el conocimiento y para la gestión pública. Va a transformar la forma en la que trabajamos, aprendemos, producimos y prestamos servicios a los ciudadanos.
La administración pública tiene mucho que ganar: licencias urbanísticas más rápidas, atención ciudadana 24 horas, detección de fraude, optimización del tráfico, mantenimiento predictivo del alumbrado o de las redes de agua, gestión inteligente de residuos... La IA no sustituye al funcionario; le permite dedicar más tiempo a resolver problemas complejos y seguir mejorando nuestros barrios.
Las ciudades que entiendan esta transformación atraerán más inversión, más empresas, más talento y mejoraran la vida de los vecinos. Las administraciones que no incorporen esta revolución tecnológica quedarán atrapadas en la burocracia del siglo XX.
Por eso la pregunta ya no es si la inteligencia artificial llegará a nuestras vidas. Ya está aquí. La verdadera cuestión es si queremos limitarnos a comprar tecnología desarrollada por otros o si aspiramos a participar en su diseño, en su desarrollo y en su aplicación. Si queremos esperar o liderar.
En Valencia hemos elegido el camino más ambicioso. Bajo el liderazgo de la alcaldesa María José Catalá estamos impulsando, desde Valencia Innovation Capital, una estrategia para convertir la innovación en una política pública y no en un simple eslogan. Queremos que nuestra ciudad sea un lugar donde la inteligencia artificial se desarrolle, se pruebe y, sobre todo, sirva para mejorar la vida de las personas.
Porque de eso trata realmente esta revolución. No de sustituir a las personas, sino de ayudarles a hacer mejor su trabajo. El verdadero reto consiste en utilizar la tecnología para que las personas puedan dedicar más tiempo a aquello que aporta valor y ninguna máquina podrá hacer nunca: escuchar, acompañar, decidir y resolver problemas.
Por eso en Valencia hemos querido empezar por donde corresponde: por la ética. Hemos aprobado el primer Decálogo para el Uso Ético de la Inteligencia Artificial y creado un Comité de Ética y Gobernanza que velará para que cualquier aplicación tecnológica respete la transparencia, la protección de datos y la supervisión humana. Innovar no es hacerlo más deprisa. Es hacerlo mejor.
Pero una ciudad que aspira a liderar no puede quedarse únicamente en los principios. También necesita capacidad para desarrollar conocimiento propio. Ese es el sentido del primer Centro de Inteligencia Artificial Aplicada de carácter público en España y del Sandbox Urbano que hemos puesto en marcha para que empresas, autónomos, universidades y administración puedan desarrollar y validar soluciones reales antes de implantarlas.
La innovación solo tiene sentido si genera oportunidades. Si ayuda a que nuestras pymes sean más competitivas, fortalece el comercio de proximidad, potencia el empleo cualificado y permite que nuestros jóvenes encuentren aquí formación y su futuro profesional.
Y esa apuesta ya ofrece resultados tangibles. Hemos puesto en marcha formación gratuita en inteligencia artificial para toda la plantilla municipal y para la ciudadanía. Gracias a la colaboración con Microsoft, cerca de 3.000 valencianos han adquirido competencias en IA en apenas unas semanas.
Todavía queda mucho camino por recorrer. La inteligencia artificial plantea enormes desafíos regulatorios, éticos y sociales. Quedarse quietos no es una opción. Hoy las ciudades ya no compiten únicamente por atraer empresas. Compiten por atraer inteligencia, conocimiento y talento. Ahí se decidirá buena parte de la prosperidad de las próximas décadas.
Valencia siempre ha sabido reinventarse cuando la historia le ha puesto un gran desafío por delante. Hoy afrontamos uno nuevo. El futuro no pertenece a quienes esperan a que otros marquen el camino. Pertenece a quienes tienen la ambición de abrirlo. Y Valencia ha decidido estar entre ellos.