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Faula teatre

Publicado: 01/05/2026 · 06:00
Actualizado: 01/05/2026 · 06:00
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La vida puede ser maravillosa, como repetía el malogrado Andrés Montes en sus heterodoxas e inolvidables retransmisiones deportivas. Esa posibilidad se hace más tangible en experiencias como la de Faula Teatre. sta entidad, nacida en Alcoy hace casi 40 años, fomenta el teatro como instrumento de inclusión para personas con discapacidad. O, mejor dicho, con capacidades especiales, como prefiere denominarlas el fundador del grupo, Paco Valls. 

Junto a su director adjunto, Óscar Lara, Valls ofrece una lección de vida cada vez que el grupo se sube al escenario. La última ocasión fue el pasado mes de abril, en el Teatro Calderón de Alcoy, donde estrenaron El circ més gran del món, una pieza que evoca el circo como reflejo de la vida y recuerda, en sentido metafórico, la célebre frase de Como gustéis, de Shakespeare: “El mundo entero es un escenario, y todos los hombres y mujeres son solo actores”. 

Valls y Lara crean sobre el escenario un universo propio en el que conviven esfuerzos, ilusiones y esperanzas. De forma altruista, se entregan para que los actores se sientan libres y felices. Libres, porque el teatro les permite expresarse en una sociedad que a menudo oculta la diferencia. Felices, porque muestran de lo que son capaces. El rostro de satisfacción de los integrantes del grupo al abandonar la escena encierra una verdad conmovedora. 

Ambos directores combinan el espíritu del teatro amateur con una sólida experiencia como profesionales de la educación especial. De este modo, se multiplican para coordinar la presencia de los actores en el escenario. Junto a los chicos y chicas que forman el grupo, también actúan sus familiares, firmes colaboradores del proyecto. Todos ellos conforman cuadros multitudinarios en los que, por momentos, cobra sentido la “accidentalidad” del teatro que tanto fascinaba a Arthur Miller. Pero no se engañen: detrás de cada movimiento hay una formidable demostración de esfuerzo, fraguada tras horas y horas de ensayo. 

Ver a Faula Teatre es convencerse de que hace más quien quiere que quien puede. Es, por tanto, una auténtica lección de vida, una experiencia motivadora y una oda a la superación. Los logros —proezas, en algunos casos— que alcanzan los actores dejan boquiabierto al público. Algunos se asombran ante el espectáculo; otros salen con la conciencia sacudida al constatar la nimiedad de sus problemas cotidianos. 

A la emoción que transmite la filosofía de las propuestas de Faula se suma una deslumbrante potencia visual, apoyada en una estética colorista que fluye al ritmo de melodías emotivas. Las máscaras, las figuras y los movimientos configuran una plasticidad que fusiona simplicidad y barroquismo para transmitir mensajes contundentes: el respeto al planeta, a la vida y a la diferencia. Fruto de esta puesta en escena, es posible ver a una persona en silla de ruedas convertida en sirena o alguien cuyo día a día transcurre en silencio se transforme súbitamente en un locuaz comediante. 

La trayectoria de Faula Teatre está avalada por su participación en distintas ediciones de la Mostra de Teatre d’Alcoi —menos de las que merecería— y por su proyección internacional, con presencia en escenarios noruegos. Pero, sobre todo, por las emociones que deja a su paso. Cuando uno entra a ver un espectáculo de Faula Teatre, sospecha que algo extraordinario está a punto de suceder. Al salir, queda convencido de que un mundo mejor sería posible si existieran más iniciativas como esta y, sobre todo, más personas como las que la hacen realidad. 

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