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Font Roja: declive tras las barreras

Publicado: 27/03/2026 ·06:00
Actualizado: 27/03/2026 · 06:00
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El parque natural de la Font Roja volverá a aplicar restricciones de acceso durante la próxima Semana Santa. Las barreras automáticas permanecerán bajadas de nuevo y solo podrán llegar al santuario del paraje un máximo de 60 vehículos al día. Para el resto de visitantes queda un autobús con cuatro viajes diarios. A la vista del estado de las instalaciones, uno no sabe si las limitaciones buscan preservar la zona o si, por el contrario, el objetivo es impedir que los visitantes puedan constatar su deterioro.

Resulta significativo que las restricciones comenzaran a aplicarse a finales de 2021, puesto que aquel año el paraje registró el menor número de visitantes de su serie histórica: 31.482 personas. En 2005, según datos de la Generalitat, fueron más de 67.000 las personas que se acercaron al lugar. Es decir, que en el momento en que menos interés despertaba la Font Roja fue cuando la Conselleria de Medio Ambiente decidió recortar los accesos para frenar, según sus propias palabras, el incremento masivo de visitantes, especialmente durante los fines de semana de primavera y otoño.

La medida ha logrado un dudoso resultado: en 2024, último año con datos oficiales, el paraje cerró con la cifra más baja de visitantes, 31.369. No obstante, este dato apenas difiere del de ejercicios anteriores, lo que invita a cuestionar la efectividad de las restricciones. Los números evidencian que el espacio atraviesa una situación crítica, con o sin limitaciones. No genera interés, y eso resulta preocupante, dados sus excepcionales valores, tanto naturales como históricos.

Las causas de este descenso progresivo en un espacio que llegó a ser el más visitado de la Comunidad Valenciana deben buscarse más allá de las restricciones de acceso. La falta de infraestructuras básicas, el deterioro de parte de las instalaciones y la disminución de la actividad en el santuario ayudan a explicar su estado actual.

El restaurante permanece cerrado. El último concesionario —que, no lo olvidemos, ofertó bocadillos ecológicos para hacerse con el contrato— renunció al servicio, y el nuevo concurso público ha quedado desierto. Es decir, el proyecto no resulta atractivo para el sector privado. Resulta paradójico que nadie perciba oportunidades de negocio en un espacio que, según la Conselleria, sufre masificación. De hecho, establecimientos hosteleros del parque están reorientando su modelo en busca de rentabilidad.

Actualmente, los visitantes apenas pueden tomar un café en una máquina situada en la entrada del centro de atención del parque. Este edificio, diseñado a finales del siglo pasado como espacio de investigación y divulgación ambiental, languidece hoy con una actividad mínima. La desaparición de la CAM supuso el fin de una programación abundante e interesante: la entidad destinaba a este fin 400.000 euros anuales, una cifra superior a la inversión actual de la Conselleria, lo cual ya dice mucho.

Sería deseable que, en lugar de recurrir únicamente a políticas restrictivas, las administraciones apostaran por la búsqueda de socios que dinamizaran el parque para convertirlo en un espacio de referencia. Entidades y fundaciones vinculadas al medio ambiente podrían aportar programación, recursos y prestigio. En este sentido, cabría empezar por explorar una mayor implicación de la Universidad de Alicante, que mantiene una estación científica en la Font Roja, aunque con una inversión decreciente.

Sin embargo, el símbolo más evidente del deterioro del paraje son los antiguos chalets, en su mayoría derruidos y en ruinas los que aún permanecen en pie. La explanada donde se ubican, lejos de invitar a la visita, invita a huir, algo que parece reflejarse en los datos de afluencia. Estas construcciones continúan abandonadas tras el descarte del proyecto impulsado en su día por el PP para construir un hotel.

Es cierto que aquella iniciativa podría haber tenido consecuencias catastróficas. El estudio de viabilidad era más fantasioso que una novela de Tolkien y la constructora encargada del proyecto quebró pocos años después. Sin embargo, han pasado 15 años desde que el PSOE rechazó el proyecto y no ha sido capaz de ejecutar una alternativa. Esta inacción empieza a generar un clima preocupante en Alcoy, donde algunos sectores empiezan a pensar que la inacción del PSOE hace bueno el despropósito inicial del PP.

En este contexto, la inversión de la Generalitat en el paraje se ha reducido un 80 % en apenas 15 años: de 1,6 millones de euros en 2009 a 330.356 en 2024. Este dato refleja con claridad la situación de un parque en declive. En lugar de apostar por una estrategia que combine conservación y dinamización, la solución parece limitarse a restringir el acceso. Y, como suele decirse, ojos que no ven, corazón que no siente.

 

Juan Enrique Ruiz es periodista y profesor de Historia.

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