Valga esta pequeña nota para escribir sobre los acontecimientos sociopolíticos que sobrevienen a nuestra España. No la voy a dedicar para hablar de las faltas de un partido político o de otro, porque pienso que así, la corta existencia de mis palabras carecería de utilidad.
Quiero dirigir especialmente esta carta a la sociedad española con la que comparto ecosistema.
Durante varios años ya contemplo asombrado cómo se nos puede manejar, amasar, fragmentar y deformar cual plastilina y aquí no pasa nada. Bueno, pasan cosas puntuales y muy dirigidas, me refiero a las protestas las cuales casi siempre tienen un motor político detrás.
Esta premura en la convocatoria de elecciones beneficia tanto un partido como a otro, no hay tiempo de preparar y de explicar un correcto programa político, ese que los españoles nunca o casi nunca leemos, ya que nos pasa como con las instrucciones de los electrodomésticos.
Presencio una política de manipulación social, de confrontación, de culpables y no de soluciones. Una política de destrucción y no de construcción.
Quiero también poner en solfa la capacidad de olvido que tenemos los españoles. Una memoria a corto plazo como la que tiene Dory, esa adorable pececita de los dibujos animados. Les pongo un ejemplo de actualidad, y les recuerdo que, aunque determinados partidos políticos son los causantes, todos, en mayor o menor medida, se aprovechan de las circunstancias.
Surgió a la palestra del interés político una señora con un problema social importante sin haber sido solucionado desde hace años, la señora Maricarmen. Una situación que ni pintada para jugar con nuestros sentimientos, ahora forjados a fuego en el yunque de las redes sociales. Tal y como se azuza una palmera para que caigan los cocos, los planes políticos presentaron la candidatura de la manipulación de ese sentimiento social para que sea transformado en intención de voto. Pobre señora y pobre de los que han sido un banco de Dorys, olvidando que nuestra protección social es peor que hace años, que vivimos en riesgo interno y externo y estamos desamparados contra la depredación, tanto de las inclemencias como de la geopolítica.
Volviendo a la historia animada, ninguna de las corrientes que impulsaron toda esta movida nos habló sobre Olga, sí, Olga, la señora que en Barcelona tras un desahucio se suicidó el pasado 7 de septiembre. Olga pasó como otra ola más para Dory. Y ahora, vaya tú por donde, emergen un gran número de propiedades inmobiliarias de la casta política que manipula la opinión pública, jugando con las emociones de la población, pero aquí no pasa nada. Las Dorys no se enfadan por ello, ya se han olvidado de nuevo.
Tengan por seguro, mis queridos amigos y amigas, que dentro de un año Olga seguirá siendo “nada”, otra ola que pasó en el mar de Dory, y Maricarmen será diluida cual lágrimas en la lluvia. Pero espero y deseo de corazón que, viendo cómo se encuentran Francia y Bélgica, nuestra España no sea lágrimas en las calles. Que ustedes voten bien.