La ignorancia no emancipa

Opinión

Opinión

PALABRAS LLANAS
Publicado: 18/09/2026 · 06:00
Actualizado: 18/09/2026 · 06:00
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Hay momentos en política en que los datos dejan poco espacio para las excusas. Los resultados del informe PISA es uno de esos momentos.

Los resultados educativos en España deben provocar una reflexión profunda. Detrás de cada dato y de cada punto perdido hay un alumno que tiene menos conocimientos, menos oportunidades y mayores dificultades para afrontar su futuro.

Cuando la tendencia que muestran los datos es tan demoledora solo cabe una cosa, buscar urgentemente soluciones y hablar claro, le pese a quien le pese.

PISA es la llamada de atención, no un titular que dura una semana.

Estaremos de acuerdo en que el problema no son los jóvenes. Una generación entera no se vuelve tonta por arte de magia. Por eso es imprescindible modificar las políticas educativas que se han aplicado durante años.

¿De qué sirve decirle a un joven y a su familia que tiene un título, si después, descubre que no posee los conocimientos que ese título debería acreditar?

Eso tiene un nombre, y es estafa.

Si un alumno no alcanza los conocimientos necesarios, la solución no puede ser sistemáticamente rebajar los criterios para que pueda promocionar. Un título que no acredita unos conocimientos mínimos termina perdiendo su valor.

El resultado es perverso: se puede conseguir que las estadísticas de la administración mejoren mientras los conocimientos reales empeoran. Y digo que es perverso y es una estafa porque ¿cómo se explica que el año que peor nota sacamos en PISA es el año en el que mejores notas se sacan en selectividad y bachillerato?

La conclusión es muy sencilla: las pruebas de evaluación no evalúan.

España lleva décadas encadenando reformas educativas, por cierto, todas elaboradas por la izquierda y sus socios, y cada vez, los alumnos tienen mayores dificultades para comprender textos, resolver problemas matemáticos y aplicar conocimientos científicos.

Es hora de coger el toro por los cuernos, el futuro de nuestra juventud está en juego.

Para la izquierda todo se solucionaría con más recursos. El tema no es solamente cuanto se destina a educación. La verdadera cuestión es cómo se gasta y qué resultados se obtienen.

El sistema educativo debe pilotar sobre unos conceptos clave: esfuerzo, conocimiento, mérito, disciplina e igualdad de oportunidades.

Un alumno que sabe que promocionará sin exigencia haga lo que haga, difícilmente asumirá que el esfuerzo es primordial.

Un alumno que no comprende lo que lee necesita aprender a leer.

Un alumno que no domina las matemáticas necesita más matemáticas.

Un alumno que carece de conocimientos científicos necesita una formación científica sólida.

Todo esto parece una obviedad, pero llevamos muchos años haciendo complicado lo sencillo.

Uno de los grandes problemas del sistema educativo es haber confundido, durante demasiado tiempo, inclusión con ausencia de exigencia. La inclusión no se consigue bajando el nivel, se consigue ayudando a aquel que lo necesita.

A algunos se les llena la boca hablando de igualdad, pero permiten y fomentan la desigualdad educativa entre regiones. La igualdad no puede depender del código postal. Necesitamos un sistema educativo común en el que todos los alumnos que van a competir por una plaza universitaria o un puesto de trabajo tengan las mismas oportunidades.

Mención aparte merece el tratamiento del español en las aulas de algunas regiones españolas. La lengua española no puede se una excepción dentro de España, y que su elección suponga un calvario para las familias en ciertas zonas.

PISA nos obliga a reaccionar. Algunos ya lo habíamos hecho, pero los responsables de los gobiernos han de hacerlo ya.

PISA no ha suspendido a nuestros alumnos, ha suspendido al sistema, y son los responsables políticos los que han de hacer los deberes. Y no podemos demorarlo más.

Años y años de leyes educativas de la izquierda y sus socios convertidas en proyectos de ingeniería social cada vez más burocratizados, que se dedican a inventar nuevas terminologías y metodologías cuando la solución está inventada desde siempre: esfuerzo, exigencia, disciplina, apoyo y mérito.

Nuestros jóvenes no son menos capaces. Lo que no hacer podemos es ofrecerles un sistema educativo que espere menos de ellos.

Nuestros jóvenes merecen un futuro en libertad y eso es lo que se les está hurtando, porque la ignorancia no emancipa.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo