La prosperidad tiene que llegar a casa

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CONVIENE SABER
Publicado: 29/09/2026 · 06:00
Actualizado: 29/09/2026 · 06:00
  • Mujer trabajando con su ordenador portátil.
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Una economía puede crecer sin que una parte importante de la sociedad perciba una mejora en su vida, es algo que ha sucedido en otras ocasiones a lo largo de la historia. Podemos hablar de actividad, productividad, inversiones o grandes cifras, pero ninguna de ellas paga por sí sola una hipoteca, permite independizarse a un joven o da tranquilidad a una familia a final de mes.

Por eso importa cuánto crece la economía valenciana, pero importa todavía más cómo distribuye las oportunidades que genera. Porque la prosperidad, para serlo de verdad, tiene que llegar al trabajo, al salario y, finalmente, a casa.

La Conferencia Política del PSPV-PSOE ha resumido esta aspiración en una palabra: prosperar. Prosperar significa contar con empresas capaces de innovar, competir y crecer, pero también con empleos estables, salarios dignos y posibilidades de desarrollar un proyecto de vida en cualquier territorio de la Comunitat Valenciana.

Y para conseguirlo necesitamos compromisos concretos.

El primero consiste en apoyar la modernización y el crecimiento de nuestro tejido productivo. Pymes, cooperativas y personas trabajadoras autónomas no siempre disponen de recursos suficientes para afrontar la digitalización, la transición energética, la apertura de nuevos mercados o la formación de sus plantillas. La acción pública debe acompañarlas con instrumentos adaptados a cada actividad.

Las ayudas y los incentivos tendrán mayor sentido si respaldan proyectos que combinan inversión y productividad con empleo estable, formación y arraigo territorial. Una buena política económica no elige entre empresas y trabajadores. Crea las condiciones para que ambos puedan avanzar.

El segundo compromiso es garantizar la formación durante toda la vida laboral. Los cambios tecnológicos y productivos están transformando profesiones y creando otras nuevas. Ante esta realidad, ofrecer cursos desconectados de las oportunidades de empleo sirve de poco.

Cada persona que necesite actualizar sus conocimientos, cambiar de sector o regresar al mercado laboral debe encontrar orientación y una formación pública, flexible y acreditable. Formación Profesional, universidades y Labora deben planificar esa oferta junto con las organizaciones empresariales y sindicales. El objetivo es sencillo: que ninguna persona se quede sin la formación que necesita ni ninguna empresa sin el talento que requiere para crecer.

El tercer compromiso se dirige a las personas desempleadas mayores de 45 años. Con demasiada frecuencia, la edad termina ocultando todo lo aprendido durante una vida laboral. Necesitamos planes individuales de retorno al empleo que acrediten esa experiencia, actualicen competencias y conecten directamente a cada persona con puestos disponibles. La experiencia debe volver a abrir puertas, no convertirse en una barrera para trabajar.

El cuarto compromiso es ofrecer a la juventud una primera oportunidad que realmente abra puertas. Los programas públicos de acceso al empleo deben desarrollarse mediante contratos remunerados, con tutorización y formación vinculada al puesto, preferentemente en empresas, cooperativas y entidades de la economía social. Y allí donde el tejido productivo sea insuficiente, las administraciones deben generar oportunidades vinculadas a proyectos útiles para la comunidad. Nacer en un determinado municipio no puede significar tener que marcharse para encontrar una primera oportunidad.

Y el quinto compromiso es quizá el que resume todos los demás: conseguir que trabajar permita vivir con dignidad.

La estabilidad, la jornada, la conciliación, la igualdad, la seguridad laboral y el salario determinan la calidad real de un empleo. La Generalitat no puede sustituir la negociación que corresponde a organizaciones empresariales y sindicales, pero sí puede favorecerla, apoyar sus acuerdos e incorporar la calidad del empleo a sus propias decisiones.

Por eso proponemos acordar, mediante el diálogo social, una Estrategia Valenciana por la Calidad del Empleo, con medidas para reducir la temporalidad, mejorar la formación y favorecer que los avances en productividad se traduzcan en mayor estabilidad, mejores condiciones y progresos salariales pactados.

Estos cinco compromisos parten de una misma convicción: no existe una única Comunitat Valenciana productiva. No tiene las mismas necesidades una gran empresa industrial que una pequeña actividad comercial, una cooperativa agrícola o una persona autónoma. Tampoco afrontan las mismas dificultades los sectores estacionales, las comarcas rurales o los municipios en riesgo de despoblación.

Prosperar exige comprender esas diferencias y ofrecer respuestas concretas. Pero el actual Consell, liderado por el Partido Popular, ha dado la legislatura por perdida. Y con esa decisión abandona una vez más a lo s valencianos y valencianas en todos los aspectos que a la política valenciana compete.

Prosperar exige también recuperar la esperanza de que las cosas pueden hacerse de otra manera. Diana Morant lo expresó en nuestra Conferencia Política al hablar de un proyecto con “más ideas, más valentía, más ganas y más esperanza” y de un nuevo contrato social con la Comunitat Valenciana.

De eso hablamos cuando hablamos de 2027. No simplemente de cambiar un gobierno, sino de construir un proyecto de gobierno.

Una Comunitat Valenciana más competitiva necesita empresas fuertes, pero necesitamos que esa fortaleza se traduzca en buenos empleos, mejores salarios y oportunidades para construir un proyecto de vida.

Porque la prosperidad no puede quedarse en una estadística. Tiene que entrar por la puerta de casa.

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