La TV3 fue un paréntesis; el porno y el fútbol después (Canal +)

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Publicado: 10/08/2026 · 06:00
Actualizado: 10/08/2026 · 06:00
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Fue aproximadamente a mitad de los ochenta. Un módulo de TV3 se unía a La 1 y La 2 en las cartas de ajuste de los televisores de casa. La instalación de la señal nos costaría unas 15.000 pesetas, de las ya extintas. El fútbol fue el enganche.

Aún recuerdo ver, invitados por mi padre, en el salón de casa, con vistas al Gulliver, sentados a mi lado, a un entrenador del Valencia CF y a un jovencísimo periodista deportivo —hoy de cierta solera—, una final de la FA Cup que enfrentaba al Liverpool y al Everton.

Aquella gesta fue un lujo, en plena mediática y cultural batalla de Valencia, con María Consuelo Reyna pegando fuerte en sus editoriales, desde una de las pocas fincas donde, quizá, tras el recuento de papeletas en las urnas del antiguo pabellón de Magisterio, la mayoría de los votos a Alianza Popular procedían de abonados a TV3. Paradojas de la vida.

La antena parabólica se presentaba como una instalación colectiva por sus contenidos en otras lenguas distintas de la del No-Do. Era un símbolo para muchos vecinos. A mis sobrinos les sonará a chino, pero así fue la entrada de la televisión de pago en nuestra economía doméstica. Hoy, ellos presumen de ser abonados a Netflix.

Tras aquel pequeño paréntesis, ya en los noventa, el modelo impulsado por Jesús de Polanco con Canal + vendría para quedarse, en una sociedad que había pasado de utilizar todos sus ahorros para comprarse un televisor a pagar también una cuota mensual por disfrutar de contenidos audiovisuales. La televisión pública y gratuita molaba, pero ser abonado a Canal + nos distinguía.

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