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TRIBUNA LIBRE

Lo que oculta el velo

Publicado: 08/03/2026 ·06:00
Actualizado: 08/03/2026 · 06:00
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Nada más actual para este Día Internacional de la Mujer que hablar de las esperanzas de las mujeres iraníes, pese a los misiles que caen sobre sus cabezas, ahora sin velo. Desde el inicio del régimen islamista de los ayatolás en Irán —hace casi 50 años—, es imposible contar una por una las mujeres encarceladas, muertas o exiliadas por un gobierno islamista que se negó a reconocer el derecho de las mujeres a ser iguales a los hombres. Y, como en Afganistán, el signo primero y más visible fue el velo. La obligación de velar, cubrir y ocultar a las mujeres en público las hizo invisibles en una sociedad que pensaba se había liberado de una dictadura mientras caía de bruces en otra. 

¿Por qué hay hombres que odian a las mujeres? ¿Por qué hay sociedades que odian a las mujeres? ¿Por qué hay gobiernos que odian a las mujeres? Desde la Fundación por la Justicia nos hacemos éstas y otras preguntas que no sabemos cómo responder.

La respuesta no está en la religión, sino en la interpretación que de ella hacen los hombres. Esta interpretación fundamentalista ha sido puesta en evidencia hace unas semanas en el Parlamento español, donde se intentó prohibir dos prendas, las más extremistas y violentas contra la mujer, como son el niqab y el burka. No por lo que muestran y demuestran, sino por lo que ocultan. La excusa para la reprobación de esta iniciativa parlamentaria fue que venía de la extrema derecha. 

El debate parlamentario, de escaso nivel filosófico y jurídico, se centró en el trozo de tela. No es eso lo que se debate tras el velo islámico, sino lo que está debajo. Y debajo del burka, del niqab y del velo se oculta toda una serie de prohibiciones para las mujeres de esta religión que chocan con la liberad y con la democracia que nuestras leyes garantizan a todos los ciudadanos por igual. Las cada vez más mujeres veladas que vemos pasear por nuestras calles deben obediencia al marido, no pueden mezclarse con infieles -cristianos- y deben cumplir con las normas de su comunidad. 

Aisladas, educan a sus hijos e hijas. Y, si éstas llegan a la universidad, algunas, cada vez más, ya llegan cubiertas, orgullosas, ostentando lo que dicen es su identidad, la que les niega la igualdad. Y ello ocurre porque en los últimos años no les hemos dado la oportunidad de sentirse libres para elegir. Porque les hemos dicho desde la escuela, desde los púlpitos de la mezquita y de los parlamentos, que el velo las hará libres. 

Sí, en España te puedes vestir como quieras. Sí, en España tienes libertad para practicar tu religión. No, en España no se puede permitir la discriminación de la mujer. Por ello, el marco jurídico de Occidente, el que ha hecho progresar la democracia ha sido la idea de que todos somos iguales bajo la ley. Ése es el terreno firme por el que se ha avanzado durante siglos de revoluciones. Pero si ese terreno se hunde, lo hará bajo el velo de una mujer a la que no le reconocieron sus derechos.

Y aquí hay que recordar la posición histórica del feminismo militante y de izquierdas, siempre contrario a la discriminación de la mujer y su desaparición del espacio público en igualdad. Y, para ello, es importante transcribir parte de la entrevista en 1979 de Oriana Fallaci, periodista feminista y progresista italiana, al Ayatolá Jomeini tras su llegada al poder en Irán para Il Corriere de la Sera:

“O. F.: Por favor, Imán, este chador que me hicieron ponerme, para venir a ti, y que insistes en que todas las mujeres deben usar. Dime, ¿por qué las obligas a esconderse, todas envueltas bajo estas ropas incómodas y absurdas, haciendo que sea difícil trabajar y moverse? Y, sin embargo, incluso aquí, las mujeres han demostrado que son iguales a los hombres. Lucharon, fueron encarceladas y torturadas. Ellas también ayudaron a hacer la revolución.

A. J.: Las mujeres que contribuyeron a la revolución fueron, y son, mujeres con el vestido islámico, no mujeres elegantes, todas hechas como tú, que van por ahí todas descubiertas, arrastrando detrás de ellas una cola de hombres. Las coquetas que salían a la calle mostrando sus cuellos, su cabello, sus formas, no lucharon contra el Sha. No saben cómo ser útiles, ni social, ni políticamente, ni profesionalmente. Porque, al descubrirse a sí mismas, distraen a los hombres. 

O. F.: Eso no es cierto, Imán. En cualquier caso, no sólo estoy hablando de una pieza de ropa, sino de lo que representa. Es decir, la condición de segregación en la que las mujeres han sido arrojadas una vez más tras la revolución. El hecho de que no puedan estudiar en la universidad con hombres, o trabajar con hombres o ir a la playa o a una piscina con hombres. Tienen que darse un chapuzón en sus chadores. Por cierto, ¿cómo nadas con un chador?

I. J.: Esto no es asunto tuyo. Nuestras costumbres no son asunto tuyo. Si no te gusta la ropa islámica, no estás obligado a usarla. Porque la ropa islámica es para mujeres jóvenes buenas y apropiadas.

O. F.: Eso es muy amable de su parte, Imam. Y ya que lo dijiste, voy a quitarme este estúpido trapo medieval ahora mismo. Hecho”.

Y así es como se descubrió la última mujer en Irán, hasta hace unos días, cuando han podido salir a la calle en libertad. Una amiga iraní me lo decía: “Las mujeres en Irán no tienen ningún problema, excepto si se quitan el velo”. Claro, y el resto de las restricciones administrativas y civiles que les conminan a ser un ciudadano de segunda. 

¿Estamos dispuestos a aceptar en Occidente ciudadanas de segunda sólo porque profesan la religión musulmana? ¿Estamos dispuestos a aceptar en Europa y en España que haya mujeres a las que no se les aplican los mismos derechos reconocidos en nuestra Constitución? ¿Se puede elegir ser esclava en Europa?

Regina Laguna es miembro de la Fundacion por la Justicia

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