No todo lo urgente es importante

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WOMEN TALKS: APRENDIENDO DE ELLAS / CÁTEDRA MUJER EMPRESARIA Y DIRECTIVA

"Terminar el día con veinte cosas resueltas no significa haber avanzado en lo que de verdad importa: esa conversación pendiente, esa decisión que evitamos o ese problema que sabemos que volverá a aparecer tarde o temprano"

Publicado: 30/08/2026 · 06:00
Actualizado: 30/08/2026 · 06:00
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Quizá por eso septiembre sea un buen momento para revisar cómo queremos trabajar.

Volvemos del verano con otra perspectiva: hemos desconectado, hemos tenido tiempo para pensar y, en muchos casos, hemos comprobado que algunas de las cosas que parecían imprescindibles antes de irnos podían esperar perfectamente.

¿A quién no le ha pasado? Surge una incidencia pequeña, de esas que se resuelven con una llamada de cinco minutos. Pero, por si acaso, alguien manda un WhatsApp. Y también un Teams. Media hora después llega un correo, con copia al responsable y a varios compañeros más.

El responsable contesta y añade a otro de los directivos. Alguien aprovecha para recordar que ya lo había avisado. El máximo responsable se entera, hace varias llamadas y pide que se solucione cuanto antes.

En menos de una hora hay ocho o diez personas pendientes del asunto. Todas nerviosas. Todas convencidas de que aquello es urgentísimo.

Hora y media después, la incidencia sigue siendo, en el fondo, la misma. Lo único que ha crecido de verdad es la reacción.

 

Vivimos con el móvil reclamando turno todo el día: un correo que entra, un WhatsApp que suena, una reunión que se adelanta, alguien que necesita algo para ya"

 

Como directora financiera, no puedo evitar hacer cuentas hasta con esto. Esa mañana, ocho o diez personas dejan de hacer lo suyo para atender algo que, en realidad, no las necesitaba a todas. Eso también tiene un coste, aunque no salga en ningún balance: el de la atención, que hoy es de los recursos más escasos que tenemos en cualquier equipo.

Y es que, seamos sinceros, cada vez tenemos menos paciencia. Estamos más a la defensiva, más pendientes de nuestro terreno y menos dispuestos a dedicar tiempo a lo que "no nos toca". Cuesta parar para echar una mano, escuchar antes de contestar o hacer propio un problema que no es exactamente nuestro. Y, por raro que parezca, cuantas más herramientas tenemos para comunicarnos, más nos cuesta comunicarnos bien.

Vivimos con el móvil reclamando turno todo el día: un correo que entra, un WhatsApp que suena, una reunión que se adelanta, alguien que necesita algo "para ya". Y sin darnos cuenta, aprendemos a confundir lo urgente con lo importante.

Lo urgente hace ruido. Lo importante, casi nunca.

Contestar un correo da sensación de estar avanzando. Apagar un fuego nos hace sentir útiles. Pero terminar el día con veinte cosas resueltas no significa haber avanzado en lo que de verdad importa: esa conversación pendiente, esa decisión que evitamos o ese problema que sabemos que volverá a aparecer tarde o temprano.

 

Liderar no es estar en todo: es saber en qué merece la pena estar"

 

Ahí es donde entra el liderazgo, creo yo. Cuando crece la responsabilidad, crece también el número de cosas que reclaman nuestra atención. Pero el tiempo no crece con ella, y nuestra capacidad de atención tampoco. Por eso liderar no es estar en todo: es saber en qué merece la pena estar. Y construir equipos donde no todo tenga que escalar, donde pedir ayuda no signifique pasarle el problema al de arriba, y donde alguien pueda decir, simplemente: "Esto lo resuelvo yo".

En las formaciones de ENAE, cuando hablamos de gestión del tiempo, siempre decimos lo mismo: no se trata de trabajar más rápido, sino de decidir mejor a qué dedicamos las horas que tenemos. Y esa lección no necesita mucha teoría; basta con ponerla en práctica esta misma semana:

• Diseña la semana antes de que empiece. Tres o cuatro prioridades reales —no diez—, suele bastar para que la semana no te arrastre a ti.

Protege un bloque de tiempo sin interrupciones. Una hora, dos si puedes, para lo que de verdad mueve las cosas. El resto del día ya lo ocupará el correo y el WhatsApp.

Cierra la semana con una pregunta sencilla: ¿qué funcionó y qué ajusto? Diez minutos de revisión el viernes evitan que el ruido de esta semana se herede a la siguiente.

Septiembre, con la mente todavía despejada del verano, es un buen momento para empezar a aplicarlo, antes de que la rutina vuelva a llenarlo todo de ruido.

Quizá por eso septiembre sea un buen momento para revisar cómo queremos trabajar. Volvemos del verano con otra perspectiva: hemos desconectado, hemos tenido tiempo para pensar y, en muchos casos, hemos comprobado que algunas de las cosas que parecían imprescindibles antes de irnos podían esperar perfectamente.

A trabajar con ilusión, a pasarlo bien y a dejar huella con lo que hacemos.

 

Nieves Ibáñez Carpena

Directora Financiera ENAE

Profesora UMU y ENAE

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