Odio feroz

Opinión

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EL BILLETE
Publicado: 20/09/2026 · 06:00
Actualizado: 20/09/2026 · 06:00
  • Pedro Sánchez.
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Este verano he tenido el placer de leer la biografía de Manuel Godoy (Manuel Godoy: La aventura del poder) que escribió hace dos décadas Emilio La Parra, autor también de una muy recomendable biografía de Fernando VII. La Parra desmonta parte de la leyenda negra que los enemigos de Godoy asentaron a base de bulos y describe a un gobernante reformista, eso sí, obsesionado con acumular poder, riqueza y, sobre todo, nobleza, algo que no le venía dado de cuna. Un gobernante que tuvo aciertos y errores, como todos. 

A pesar de los más de 200 años transcurridos y de las diferentes circunstancias —aquello era una monarquía absoluta y esto es una democracia parlamentaria—, algunos pasajes de la trayectoria política de Godoy me han recordado a la de Pedro Sánchez, y no precisamente lo de la acumulación de joyas, que eso es más de Zapatero

Godoy y Sánchez comparten una forma personalista de ejercer el poder y una extraordinaria capacidad para tejer y destejer alianzas, así como desactivar contrapoderes, siempre con el objetivo primordial de resistir en el puesto.

Esa capacidad de resistencia, de la que Sánchez publicó un manual, es lo que causa otro de los fenómenos que caracteriza la trayectoria de los dos mandatarios: la aversión que su permanencia camaleónica en el poder despierta en su creciente número de enemigos y en buena parte de la población. Cada crisis superada reforzaba su poder, pero también aumentaba la hostilidad de quienes querían desalojarlo. Lo odian porque no se va, y ese odio creciente se convierte en visceral, iracundo, feroz. Más o menos como el que sufre ahora Sánchez.

Godoy llegó al poder en una época en la que las monarquías absolutas trataban de surfear la ola liberal provocada por la Revolución Francesa. De ahí que Carlos IV eligiera como primer ministro a un hidalgo provinciano a quien colmó de títulos nobiliarios, empezando por el de Príncipe de la Paz.

  • Retrato de Godoy pintado por Antonio Carnicero. 

Esto provocó que el advenedizo sufriera, desde sus primeros ascensos militares y políticos, el rechazo de otros mandos militares, que lo veía trepar sin ningún mérito en el campo de batalla, y de la alta nobleza, que no reconocía su derecho a ocupar un puesto tradicionalmente reservado a alguien de alcurnia. A ellos se sumó parte del clero, enfadado por la desamortización de 1798.

Destacados actores de estos tres estamentos —a ultraderecha de entonces— se organizaron en torno al príncipe de Asturias para echar al valido, pero les costó casi una década. Godoy, con el amparo del rey, fue laminando a todos los intrigantes y hasta logró el arresto del príncipe de Asturias —futuro Fernando VII—, quien dio sus primeras muestras de felonía delatando uno por uno a todos los conspiradores para lograr el perdón de su padre.

No había redes sociales ni bots rusos o israelíes, pero tampoco hicieron falta. Los memes, sátiras y coplillas burlescas sobre “el Choricero” que los fernandinos pusieron en circulación corrieron como la pólvora por todo el país y estaban a la altura de cualquier campaña que haya sufrido Pedro Sánchez.

El pueblo se contagió de ese odio visceral, hasta el punto de que cuando Godoy cayó por fin —y con él Carlos IV— en el motín de Aranjuez (1808), tuvo que esconderse para evitar ser linchado. Tras entregarse días después y ser apaleado, salvó su vida gracias a la intercesión de Napoleón. Marchó a Francia y no obtuvo el perdón real, de Isabel II, hasta 1847. Murió arruinado cuatro años después sin haber vuelto a pisar España.  

Esa hostilidad feroz fruto de la frustración por no poder echarlo se asemeja a la que viene sufriendo el actual presidente del Gobierno, quien, según sus detractores, ocupa de forma ilegítima el cargo que le dieron las urnas y el Parlamento.

  • Escrito contra Sánchez en una concentración por Ceuta.

En determinados ambientes, pronunciar la palabra "Sánchez" causa sarpullidos, acaloramientos, rostros crispados, tonos de voz que se elevan como si el aludido estuviera delante. Cualquier palabra a su favor es recibida como una provocación y su sonrisa lo es aún más.

Como Godoy, Sánchez ha hecho cosas bien y cosas mal. Ninguno de los dos acertó, por ejemplo, en lo de las relaciones internacionales. Napoleón fue a Godoy lo que Mohamed VI es a Sánchez. Godoy se dejó engañar por el francés cegado por la ambición personal —le prometió un principado en el Algarve— y del actual presidente aún no sabemos sus razones.

Además, la crisis de Ceuta y su pésima gestión amenaza con ser el golpe de gracia para el mandato de Sánchez como lo fue para Godoy la invasión francesa, consentida tras el Tratado de Fontainebleau.

El caso es que a Sánchez lo quieren 'matar', pero tiene siete vidas y nadie sabe cuántas ha gastado ya. Eso también enfada a los haters y a Feijóo. Keep calm, que no es para tanto.

 

PS: La tormenta del pasado miércoles sirvió como simulacro para comprobar que la gestión de emergencias ha mejorado pero tiene cosas que optimizar. Por ejemplo, la suspensión de eventos privados en grandes recintos, como un partido de fútbol o un concierto, no puede depender del organizador cuando el ayuntamiento ha clausurado toda actividad pública para evitar desplazamientos. Igual que en la pandemia, la Generalitat o el ayuntamiento de turno son los que deben decidir si un partido se juega o no, o si se juega a puerta cerrada, como ocurrió con el Valencia-Atalanta en marzo de 2020.

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