Óscar Puente ha dimitido. Y lo ha hecho como debía, a mi modo de entender: primero, rindiendo cuentas y después renunciando al cargo. Debía hacerlo por su responsabilidad política en los dos accidentes de AVE ocurridos en los últimos 10 meses. Era algo inasumible para un ministro defender la gestión con un balance de más de 100 fallecidos. Su gesto dignifica la política (además con la renuncia a ser candidato al Congreso), lástima que otros no siguieran el ejemplo en su momento. La elección de su relevo, Carlos Cuerpo, también indica los derroteros por los que el Gobierno quiere que transite la nueva etapa (aunque apenas pueda durar unos meses): trasladar certidumbre a los viajeros de que las líneas del AVE son seguras. El 29N saldremos de dudas.
El exministro de Transportes es/era odiado y querido a partes iguales. Los suyos lo tenían como activo; sus adversarios, como un influencer, a veces, faltón. Quizás es este último el perfil que le ha perdido a Puente, y que ahora se le ha achacado con la tragedia de Urda, como en su día pasó con Adamuz. Es el riesgo que se corre cuando uno ejerce ese doble papel: el institucional de ministro; y el de hooligan de unas siglas. Lo que exhibes por un lado te lo pueden reprochar por el otro. Y viceversa. Y si la cosa acaba en tragedia, por circunstancias que tenga esta, más aún. Puente, de momento, es historia.
Pero en su defensa, sí que hay que decir algo: Puente ha sido el ministro de Transportes (antes Fomento) que más ha cumplido con la Comunitat Valenciana. Las acciones están ahí. No hace falta que la ensalce yo: en su momento, los propios dirigentes del PP valenciano en responsabilidades de gobierno lo han puesto en valor. Carlos Mazón, Luis Barcala... e incluso el anterior presidente de la patronal valenciana, Salvador Navarro, destacó el cambio de actitud del ministro respecto a estas tierras.

- Óscar Puente dialoga con el conseller Vicente Martínez Mus, en los prolegómenos del Castell de l'Olla de Altea. Foto MA Valero
Es verdad que no hizo todo lo que tenía que hacer, que no tuvo la misma consideración con todas las administraciones (del PP -creo que debió reunirse con el alcalde de Elche, Pablo Ruz-), pero los hitos están ahí. Cito algunos de los que ya nombré el mayo de 2024, cuando los populares aplaudieron la metamorfosis del titular de Transportes: el desbloque de la ampliación del Puerto de València, el proyecto del túnel de Serrería de la capital, por el que debe discurrir el Corredor Mediterráneo de manera soterrada; la inversión final para unir el AVE por interior en Alicante y Valencia (el denominado nudo de La Encina); la liberalización parcial del peaje de la AP7, que circunvala el área metropolitana de Alicante, o la variante ferroviaria de Torrellano, por citar algunos proyectos. A ellos habría que sumar el diseño el Parque Central de Alicante, que debe transformar la actual estación ferroviaria en un espacio intermodal. Sin olvidar su rápida gestión en la Dana de Valencia para poner en marcha las líneas de cercanías y el by pass dañadas por el temporal. Todo ello, sin Presupuestos Generales del Estado. Para lo bueno, y también para lo malo.
En el caso de Alicante, jugaron además otros elementos personales que hicieron de su relación con esta provincia algo singular. Y de ahí su buena sintonía con el alcalde de Alicante, Luis Barcala, de la que el gran beneficiario ha sido la ciudadanía porque ha permitido desbloquear y agilizar proyectos que con el anterior titular de la cartera parecían imposibles. Lástima que el ejemplo no haya cundido más. Lástima que no haya permitido agilizar más inversiones, como una mejora en la red de Cercanías de la Comunitat, o las asignaturas pendientes en la mejora de la red viaria (variante de Torrevieja, etc.). Pero hubo un momento, en los primeros meses del Gobierno de Mazón, en los que Puente era persona de consenso entre el PP y el PSOE para canalizar determinadas inversiones, como a la vista está. ¿Que después Puente tenía otro perfil más agresivo en las redes sociales que le alejaba de esa aura? Pues así era, y así se lo han echado en cara estos días. Es el riesgo de jugar dos partidas de cartas a la vez, que cuando una sale mal... te lo hacen pagar (y esta vez, con razón) aunque vayas ganando en la otra.
No sabemos quién será el futuro responsable de Transportes. No sabremos si tendrá la sensibilidad que mostró con Alicante y, en especial, con el proyecto del Parque Central y la variante de Torrellano. No han empezado las obras, pero se han dado pasos de gigante para su ejecución y se lo ha dejado muy fácil para el que venga detrás. Si además cuenta con Presupuestos Generales del Estado, pues todo será más fácil. Insisto, Puente no ha inaugurado grandes obras (más allá de las de la Dana), pero sí que ha contribuido a que su inicio esté más cerca. Y ese es el valor que hay que darle a su etapa al frente de Transportes en la Comunitat Valenciana. Quizás eran más urgentes otros proyectos, pero los grandes tienen al menos más futuro. Creo que en eso sí que hay un consenso básico. Y a nivel político, más allá de lo que dictaminen las investigaciones ferroviarias, falta por ver si su gesto le ha valido la pena al PSOE. El tiempo nos lo dirá. Su dimisión era irremediable.