Opinión

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¿Por qué Koldo se mudó a Alicante?

Publicado: 14/04/2026 · 06:00
Actualizado: 14/04/2026 · 06:00
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A Isabel Díaz Ayuso le gusta la fruta; a Koldo García, también. El guardaespaldas y mano derecha de José Luis Ábalos leyó Bienvenidos a la librería de Hyunam-Dong, en el que una mujer decide cambiar su monótona vida y abrir un nuevo negocio vocacional. La protagonista de la historia soñaba con vender libros; el sueño de Koldo era vender melones. Escuchando las confesiones húmedas y eróticas entre él y José Luis, no me sorprende que le gusten las peras —no sean malpensados—. Antes de entrar en prisión, ejercía como proveedor alimenticio en el lucrativo negocio de la fruta. Pedro Sánchez nacionaliza a inmigrantes y Koldo le hace la competencia a los pakistaníes que lo único que quieren es ganarse la vida; no me extraña que Víctor de Aldama forme ahora parte de la órbita de la derecha. Estaba haciendo más García por la nacionalización de las fruterías que Santiago Abascal defendiendo consumir naranjas de Valencia. ¡Qué tiemble Vox si Ábalos y él hacen caso a sus colegas presidiarios y montan un partido!

Varios medios se han hecho eco de la vida tardosanchista de Koldo García en Alicante y su reconversión de proveedor de chistorras a productor de melocotones. No es el primero que cruza el Rubicón de volverse vegetariano; en el caso de que sea condenado por la justicia, estaría bien que devolviera el embutido y se bautice como alma vegana arrepentida de sus pecados de la carne. Placeres mundanos que, según las informaciones que le situaban en la Comunitat Valenciana, no abandonó. Lo que me llama la atención es que escogiera nuestro hogar para hacer el suyo propio. Al igual que otros ciudadanos bajo sospecha, también se refugió en nuestra costa para silenciar las cacofonías de los demonios que le perseguían. Tenía la esperanza de que el paraíso que para algunos es uno de los círculos del infierno de Dante en la tierra diluyera sus vicios y el ambiente le concediera la indulgencia plenaria con la manzana del árbol prohibido.

Se compara nuestro entorno con el de la Costa del Sol, y es por eso que, al igual que en otros tiempos los piratas escogían la mar para escapar de sus faltas, resulta tentador para todos los que están bajo la lupa de la justicia esconderse cual bucanero en las islas de las aguas que son siempre internacionales. Nacho Carretero, en una entrevista con David Jiménez en el pódcast El Director, dijo que las mafias se trasladaban a Marbella a vivir porque su alarde y ostentación pasaba desapercibida en un ecosistema en el que muchos aspiraban a llevar esa vida de lujos. Cuando en un restaurante marbellí alguien coincidía con un capo, muchos le pedían un selfi o le saludaban con el fin de que les contagiase algo de esa buena suerte o su mano se convirtiera en oro al ser tocados por aquel rey Midas.

Ciertas costumbres y caprichos han hecho de nuestra región un lugar propicio para todo aquel que quiera hacer un alarde excesivo de su lujosa existencia. Me viene a la cabeza el libro Agua y jabón: apuntes sobre elegancia involuntaria, de Marta D. Riezu, y su receta para detectar a un mediocre en el gusto de este por ostentar y su predilección por lo más llamativo, rechazando lo cotidiano. Koldo no dejó su vida disoluta al venir a Alicante; sabía que podía pasar desapercibido en una sociedad valenciana dominada por la frivolidad y el faranduleo. Llevo tiempo reflexionando con algunos amigos sobre la cantidad de eventos sociales que se celebran en nuestra tierra, y creo que tiene que ver con la tentación de nuestras gentes de hacerse notar y de estrenar algo todos los días. Koldo García, en la paradoja existencial de la "patria chica" de llamar la atención de forma enfermiza, iba a ser anónimo entre tantos que quieren que se conozca su nombre. En Galicia, ni Amancio Ortega estrena zapatos a diario; habría despertado el recelo de sus vecinos.

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