Hace unas semanas los medios de comunicación se hicieron eco de una vergonzosa intervención del concejal de grandes proyectos, José Marí Olano. El edil del Partido Popular, investido de la máxima confianza de la alcaldesa Catalá, cuestionaba, con malas formas y peor fondo, la legitimidad y representatividad de las entidades ciudadanas. La alusión despectiva al papel de las asociaciones vecinales revela un modelo de participación ciudadana y de servicio público que, de forma latente, ha sido siempre la manera en que el PP ha entendido el valor del tejido asociativo. No es de extrañar, visto lo visto, la irrelevancia que se viene dando a las Juntas Municipales de Distrito, totalmente desaprovechadas y ninguneadas en su rol de espacio vertebrador de la democracia local.
Las Juntas Municipales de Distrito requieren una reforma en profundidad atendiendo al refuerzo de su papel como estructuras administrativas vertebradoras de la descentralización municipal. En primer lugar, como espacios efectivos de participación ciudadana, y, en segundo lugar, como entidades útiles para la prestación de servicios públicos y atención directa a la ciudadana. En la medida en que València crece se hace más perentoria esta necesidad, que no puede continuar siendo desantedida
El diseño de las instituciones municipales debe ser una preocupación constante de los representantes locales. Unas Administraciones públicas capaces de recibir, de forma permanente, la sensibilidad social son la clave de una democracia sólida, capaz de generar ilusión y adhesión a sus valores por parte de la ciudadanía. En el modelo institucional que las fuerzas políticas imprimen a la democracia local reside una parte fundamental de su convicción democrática. Y es evidente que València se enfrenta, en la actualidad, a un deterioro generalizado de su ecosistema democrático, caracterizado por el abandono y la reducción del espacio donde reside la responsabilidad de la intervención pública. La ciudadanía necesita espacios adecuados y efectivos para trasladar demandas desde el ámbito social al ámbito institucional.
En este contexto, las Juntas Municipales de Distrito constituyen un espacio que requiere atención inmediata y una reforma estructural orientada por la participación ciudadana y por la calidad del servicio público que merece la ciudadanía de València. Contamos con la experiencia necesaria para afirmar que este abandono de las Juntas forma parte de un plan sistemático e intencionado para vaciar las instituciones, agotar los espacios de participación y desconectar a la ciudadanía del mandato democrático al que debe obedecer la gestión pública municipal.
Con el objetivo de infundir desconfianza en el funcionamiento de las Juntas y, así, generalizar la desmovilización, el PP ha mostrado de forma descarnada que su concepción de la política es la mera conquista del poder para impedir que lo ocupen las fuerzas progresistas, entendiendo el poder no como un medio de servicio público, sino como un fin en sí mismo destinado a reproducirse con propósitos conservadores, tradicionalistas y contrarios a la democracia por la que su espacio político nunca luchó decisivamente, sino todo lo contrario.
Por este motivo, es urgente abordar una reforma de las Juntas Municipales de Distrito para que actúen como una verdadera membrana permeable de conexión entre la ciudadanía y el Ayuntamiento, bajo principios de fortaleza institucional, dinamismo participativo y un servicio público de calidad y accesible para toda la población. Esta reforma es especialmente necesaria en un contexto de quiebra del modelo de ciudad viable, amable y sostenible que, a pasos agigantados, está comprometiendo la estabilidad y la cohesión social y territorial de València.
Deliberadamente, el PP convoca las Juntas Municipales con una difusión mínima, dificultando las posibilidades de participación, sin dar respuesta satisfactoria a las demandas, preguntas, dudas y sugerencias ciudadanas cuando estas se producen. Terminan generando obstáculos burocráticos que elevan el coste de participar hasta límites que hacen inviable la implicación vecinal, paralizando, además, las comisiones de trabajo. Y, de nuevo, no se trata de mera dejadez u omisión, sino de un programa planificado e intencionado que parecía oculto y que, con un arranque de sinceridad autoritaria, verbalizó en el Pleno el concejal Olano.
El fracaso en la activación, mantenimiento y mejora de los procesos e instituciones participativas de la ciudadanía de València socava la confianza en uno de los recursos más valiosos para la construcción de una ciudad democrática y sostenible: sus vecinos y vecinas y su tejido asociativo organizado.
Es necesario implementar, en consecuencia, una hoja de ruta clara, urgente y global de rescate democrático que revierta la situación actual. Para ello, debe garantizarse un nuevo modelo de garantías participativas, de difusión, información y transparencia mediante la reforma integral del Reglamento de Organización y Funcionamiento, contribuyendo a construir un modelo descentralizado de ciudad. Cuando la voluntad democrática falla, las instituciones deben contar con mecanismos que las protejan de quienes, desde dentro, debilitan el espacio de los derechos ciudadanos.
Esta hoja de ruta requiere un conjunto de propuestas y acciones indemorables que, al menos, incluya los siguientes aspectos:
- Mejorar la difusión de las convocatorias para garantizar el máximo impacto social y vecinal.
- Garantizar la participación ciudadana facilitando la palabra al público tras cada sesión.
- Facilitar la presentación de mociones y la realización de intervenciones por parte de la ciudadanía.
- Invitar a intervenir a las asociaciones vecinales o colectivos sociales que puedan aportar criterios útiles para la deliberación y la toma de posición de los concejales.
- Dar cuenta de las principales gestiones realizadas también por escrito, trasladándolas al público y a las asociaciones de vecinos y vecinas.
- Incorporar formal y expresamente al Reglamento el incremento de la periodicidad de las sesiones plenarias.
- Agilizar el funcionamiento de las comisiones de trabajo para favorecer un funcionamiento participativo con efectos y resultados reales.
- Establecer un reparto de tiempos y una organización de las intervenciones que priorice el protagonismo del público asistente frente a las intervenciones de los representantes institucionales.
- Iniciar de forma urgente el proceso de reforma del Reglamento de Organización y Funcionamiento mediante un proceso de participación ciudadana que incorpore las opiniones, propuestas y recomendaciones de la sociedad civil organizada y de las asociaciones vecinales.
València ha sido expuesta a la decadencia democrática de sus instituciones de forma deliberada y el propósito del PP consiste en deteriorar los espacios de vitalidad participativa y de derechos ciudadanos hasta hacer irreversible la situación. No obstante, el movimiento vecinal ha demostrado siempre una capacidad suficiente de resistencia y de propuesta como para, incluso en estos momentos difíciles, hacer valer la dignidad de un movimiento organizado que fue origen de la propia democracia, no solo a nivel municipal, sino en el conjunto del País.
No es momento de titubeos, sino de reclamaciones claras, propuestas concretas y una apuesta decidida por convertir las Juntas Municipales de Distrito en espacios útiles y profundamente democráticos, más allá del decorado en que el gobierno de Catalá pretende convertir las instituciones públicas municipales. La reconstrucción de la democracia municipal no vendrá de quienes la están erosionando, sino de la presión organizada, de la movilización vecinal y de una ciudadanía que se niega a ser tratada como un obstáculo para el proyecto autoritario del PP.
Bernabé Aldeguer Cerdá es coordinador de EUPV València y Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Valencia