Tres eugenesias: franquista, socialista y liberal

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El eurocristiano tibio

"Marañón decía que la educación sexual correspondía a los progenitores, no al Estado. Por el contrario, Isabel Celaá, nuestra ministra socialista de Educación, declaró que los niños no eran de los padres"

Publicado: 26/07/2026 · 06:00
Actualizado: 26/07/2026 · 06:00
  • Gregorio Marañón, en 1931.
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En el Tibio anterior comenté que el Gobierno español le había retirado la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad al psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera porque aplicó la teoría eugenésica para justificar la represión contra los adversarios del franquismo, en especial los comunistas. Según nuestro presidente, participó en experimentos que causaron mucho dolor, llegando a compararlo al tristemente célebre doctor Mengele alemán. En realidad, los “experimentos” de Vallejo-Nájera consistieron en encuestar a los marxistas españoles encarcelados. Pretendía usar las respuestas para demostrar la existencia de una base biológica y psíquica de la ideología marxista. Como católico, nunca pretendió esterilizar o exterminar a los que consideraba indeseables, ni alterar su patrimonio genético. Lo más que hizo fue medir sus cráneos, pesarlos y tallarlos.

En suma, era más bien partidario de lo que llamaba la regeneración moral de los españoles desviados. Sin embargo, cabe acusarlo de haber contribuido a que los niños de las presas, y en general de las sospechosas, fuesen puestos a disposición de familias afectas al régimen o de instituciones religiosas. De ese modo sus progenitores no les trasmitirían sus perniciosas ideas. Como se ve, se trataba de una tesis ambientalista, pues no valdría de nada cambiar los niños de familia si el marxismo se debiese a los genes. Con todo, llama la atención que un Gobierno tan progresista que se ha preocupado de retirar la medalla a un médico franquista fallecido en 1960 no haya aprobado la “Ley de Bebés Robados”. ¿De qué vale privar de una condecoración al acusado de promover ciertas ideas reprobables (y falsas), pero no hacer nada para corregir los perjuicios sociales de esas ideas?

En el citado Tibio también comenté que el verdadero introductor de la eugenesia en España fue el médico socialista Enrique Diego-Madrazo, quien defendió que había que seleccionar la belleza, la salud y la fortaleza mental. Quería “homogeneizar” la Humanidad para que prosperasen las virtudes y se acabasen los vicios. Para ello había que promover los matrimonios entre personas selectas e impedir que se reprodujesen los indeseables, llegando incluso a esterilizarlos. Para acelerar la mejora genética, había que implantar transitoriamente la poligamia, de modo que un hombre selecto pudiese fecundar a varias mujeres adecuadas. Ya se ve que sostenía una teoría genetista, pues explícitamente señaló que la educación no lograría corregir los lastres hereditarios. Si en eso se diferenció de Vallejo-Nájera, coincidió  con él en que el Estado debía intervenir en nuestra reproducción y educación. Después de todo, el socialismo y el franquismo eran teorías políticas colectivistas y, como tales, compartían el rechazo a las libertades individuales.

 

Marañón perteneció a aquella tercera España que habría perdido la guerra civil tanto si la ganaba un bando como el otro"

 

Pues bien, un eximio representante de la eugenesia liberal en España fue el médico Gregorio Marañón, un gran endocrinólogo y un excelente escritor. En su libro Amor, conveniencia y eugenesia, de 1929, sostenía que el enamoramiento no era una base suficiente para casarse. Entre otros motivos, porque se trataba de un estado mental transitorio. Había que tener en cuenta la compatibilidad de las ideas de los miembros de las parejas, base de los afectos duraderos, y exigir que se tratase de personas sanas. En particular, convenía prestar atención a los aspectos hereditarios. Los médicos debían aconsejar abstenerse de casarse o, al menos, de engendrar descendencia si había enfermedades hereditarias, mentales, neurológicas, alcoholismo o sífilis. Como se ve, se parecía a Madrazo en que daba primacía a los genes y a Vallejo-Nájera en que daba importancia a las ideas. No obstante, se distinguía de ambos en que su método preventivo no era intervencionista, ni estatalista. Prefería aconsejar a conminar, no siendo su proyecto colectivista, sino individualista. En efecto, los liberales no subordinaban las familias al Estado, planteamiento común de los socialistas y los franquistas, ya fuesen falangistas o nacionalcatólicos.

En ese sentido, Marañón decía que la educación sexual correspondía a los progenitores, no al Estado. Por el contrario, Isabel Celaá, nuestra ministra socialista de Educación, declaró que los niños no eran de los padres. Entrevistado, el endocrinólogo declaró que el instrumento mejor era la silla, pues facilitaba al médico escuchar al paciente por el sencillo expediente de sentarse. Como liberal, combatió la dictadura de Primo de Rivera, lo que le costó pasar un mes en la cárcel. Cuando estalló la guerra civil se exilió a París, declarando que la mayoría de los profesores de las universidades quedaron en la zona republicana, como las de Madrid, Barcelona y Valencia, emigraron porque temían ser asesinados por los rojos. Y decía que eso lo hicieron incluso muchos de izquierdas. Aunque apoyó la República, se opuso al comunismo y al socialismo. Volvió a España en 1942, donde finalmente recuperó su cátedra. No obstante, se mostró crítico con el franquismo, pidiendo ya en 1956 que se autorizase a los exiliados a regresar sin sufrir represalias. En suma, perteneció a aquella tercera España que habría perdido la guerra civil tanto si la ganaba un bando como el otro. Quizás fue un precursor de la teoría de las Dos Orillas. De hecho, como liberal sentía que debía entenderse con los otros y proclamó que los objetivos nunca justificaban los medios. Y sería tan erróneo considerarlo católico como anticatólico. En suma, un pensador humanista e independiente. En mi opinión, el mejor de los tres, por no decir el único aceptable en la actualidad.  

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