Un día en Tabarca: sensaciones de una isla algo descuidada

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Publicado: 06/09/2026 · 06:00
Actualizado: 06/09/2026 · 06:00
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Vaya por delante que el propósito de este artículo es mejorar, en la medida de lo posible, la atención y la gestión sobre la isla de Tabarca, ubicada en el término municipal de Alicante y la única habitada de la Comunitat Valenciana. Y lo hago ante el propósito de un grupo de vecinos de constituirse en Entidad Local Menor, instrumento contemplado en la legislación estatal para núcleos urbanos secundarios gestionados por un mismo ayuntamiento. En la Comunitat hay varios ejemplos; y en la provincia de Alicante, tres: La Xara y Jesús Pobre, bajo la jurisdicción de Dénia, y la Llosa de Camatxo, dependiente de Alcalalí. La Entidad Local Menor permite a estas entidades disponer de un porcentaje de los recursos económicos del consistorio madre, que pueden ser gestionados por una junta vecinal elegida democráticamente.

En el caso de Tabarca, los vecinos reclaman recursos propios para contrarrestar la falta de limpieza, que se incrementa con la llegada de visitantes que resulta habitual cada verano; reparar la avería de los lavapiés, el deterioro de las pasarelas de acceso, o la falta de sombraje. Y es que la isla puede acoger (de hecho, los acoge) entre 3.000 y 5.000 visitantes diarios durante los meses de veranos. Su censo es de 60 habitantes, que aumenta considerablemente en verano, pero que desciende en invierno hasta los 20 y 30 personas. 

La isla tiene apenas 30 hectáreas de superficie y alrededor de dos kilómetros de longitud. En ella viven de forma permanente apenas unas decenas de personas. Por tanto, la desproporción entre visitantes y espacio es elevada: la isla, de apenas 0,3 kilómetros cuadrados, puede llegar a multiplicar por decenas su población habitual en cuestión de horas.

Además, los visitantes no se distribuyen uniformemente por todo el territorio. La mayor parte se concentra en torno al pequeño núcleo urbano, el puerto, las playas y los principales itinerarios de acceso. Es decir, la presión real sobre los espacios habitados y de mayor uso público es todavía mucho mayor que la que sugeriría una simple división entre visitantes y superficie total. Así que el debate ha estado candente este verano, por las críticas de los vecinos y la defensa que hace el equipo de gobierno del PP de los servicios prestados.

  • Restos en una calle de Tabarca.

Justamente este verano he visitado la isla y puedo dar fe de algunas de las críticas de los residentes. La más evidente es la de la limpieza, aunque con sus matices. Pero si la isla de Tabarca debe considerarse como una especie de joya de la corona no solo de Alicante —y de Santa Pola, su principal puerto de conexión—, sino de toda la Comunitat Valenciana, merece una revisión de algunos de sus servicios.

Pongo un ejemplo: aunque el equipo de gobierno del PP defiende que la basura se recoge varias veces al día, un simple paseo demuestra que no siempre es suficiente. Se puede ir a cualquiera de los puntos de depósito de residuos para comprobar que a veces hay basura esparcida por el suelo, quizás por el incivismo de algunos visitantes; en algunas ocasiones, por el viento, y en otras, porque las propias gaviotas la sacan y la devoran. Eso, en cuanto al pequeño centro urbano de la isla.

Si uno decide hacer una ruta a pie por el otro lado de Tabarca, comprobará que el centro logístico de recogida de basura se encuentra al principio del recorrido y, desde luego, no da muy buena imagen al estar visible para cualquier turista. Es decir, si caminas por allí, te vas a encontrar con una imagen muy mejorable. Después, es verdad que hay algunos puntos no demasiado limpios, y los alrededores de la iglesia tampoco ofrecen la mejor de las imágenes, con palés de madera o restos de envoltorios de materiales de construcción. Yo, al menos, me los encontré un domingo, a plena luz del día.

  • Alrededores de la iglesia de Tabarca.

Es decir, falta un poco de tacto con ciertas imágenes que se podrían evitar, máxime si se quiere ofrecer una buena imagen a turistas que, mayoritariamente, pasan un día en la isla.Sobre otras carencias, está claro que lo de las sombras merece una solución, al menos en determinadas ubicaciones. Respecto a los servicios de playa, los lavapiés sí que funcionaban, pero eché en falta alguna ducha de agua dulce.

En conclusión, la sensación que me dio —y no solo por la visita de este agosto— es que Tabarca necesita, en primer lugar, más cuidado estético; una especie de manager que controle que no queden residuos fuera de sus ubicaciones, que no haya restos de otro tipo en los alrededores del templo, que merece un adecentamiento, y que la zona logística de los operarios del servicio de limpieza esté mejor resguardada o cuidada para que los visitantes no se encuentren el pastel si deciden hacer una ruta a pie. Al menos, esa fue mi sensación.

De haber más recursos, desde luego que se podrían hacer más cosas que mejoraran la escena: quizás una línea de ayudas para pintar fachadas; las mencionadas zonas de sombra o mejoras en las playas. Desde luego, debería tener un tratamiento acorde con su condición de Reserva Marina, que ya es. No creo que los recursos sean el problema; los hay. La cuestión es tener la sensibilidad de ejecutarlos bien.

¿Qué la figura de la Entidad Local Menor lo podría mejorar? Pues posiblemente, sí. Ahí están los ejemplos que ya existen, y funcionan: al fin y al cabo, se trata de una administración más cercana que el propio ayuntamiento. Pero el Ayuntamiento de Alicante también lo puede mejorar. Creo que se trata de estar más encima de las cosas para que Tabarca luzca como se merece y que el visitante se lleve la mejor de las impresiones, algo que creo que no ocurre. Hay cierto descuido.

Insisto: no creo que se trate de falta de recursos. Se trata de mejorar los detalles. Y si lo que se quiere es bajar la presión de los visitantes o que sus excursiones reviertan en beneficio de la isla, pues ahí está la figura de la tasa verde, que tampoco le vendría mal a la única isla habitada de la Comunitat. Si hacen números (sus residentes), lo comprobarán. Pero ese es otro debate. Tabarca necesita sensibilidad y voluntad —en el buen sentido de ambas palabras— para brillar más.

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