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Valencia no puede seguir esperando

Publicado: 08/06/2026 · 06:00
Actualizado: 08/06/2026 · 06:00
  • Llegada de pasajeros a la Estación del Norte.
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Hay una escena que se repite cada mañana en Valencia y su área metropolitana. Miles de personas salen de casa con tiempo de sobra, no porque sean especialmente previsores, sino porque saben que dependen de unas infraestructuras que demasiadas veces fallan. Trenes de Cercanías que llegan tarde o se cancelan, accesos colapsados por quienes frente a esta situación deciden coger el coche y proyectos estratégicos que acumulan años de retrasos. Mientras Valencia avanza, las infraestructuras que deberían acompañar ese crecimiento siguen atrapadas en el cajón de las promesas incumplidas.

Resulta paradójico. Valencia atraviesa uno de los mejores momentos de su historia reciente. La ciudad atrae inversiones internacionales, empresas tecnológicas, talento, turismo de calidad y grandes acontecimientos. Nuestro puerto es uno de los principales motores económicos del Mediterráneo. Nuestro aeropuerto bate récords de pasajeros. Somos referencia en innovación, sostenibilidad y calidad de vida. Sin embargo, cuando hablamos de las inversiones que dependen del Gobierno de España, seguimos esperando.

La ampliación del aeropuerto de Valencia es un ejemplo evidente. Mientras bate récord tras récord de pasajeros, el Gobierno sigue sin acometer una mejora que ya resulta imprescindible. Quien llega a Valencia debería encontrarse una infraestructura acorde a una de las ciudades más dinámicas de Europa. Sin embargo, la primera imagen que reciben muchos visitantes es la de una instalación saturada y claramente insuficiente. Queremos competir con las grandes ciudades europeas, pero para ello necesitamos infraestructuras a la altura.

Lo mismo ocurre con las Cercanías. Miles de valencianos utilizan cada día un servicio que se ha convertido en sinónimo de incidencias, averías y retrasos. Son trabajadores, estudiantes y familias que no entienden de competencias ni de excusas. Lo único que saben es que llegan tarde a sus puestos de trabajo porque las inversiones prometidas nunca terminan de llegar.

Y si hay una infraestructura que simboliza décadas de retrasos y oportunidades perdidas es el Corredor Mediterráneo. Una reivindicación histórica de empresarios, trabajadores e instituciones que debería ser una prioridad nacional y europea. Hablamos de una infraestructura clave para conectar algunos de los territorios más productivos de España, impulsar nuestras exportaciones, reforzar la competitividad del Puerto de Valencia y mejorar la movilidad de personas y mercancías. Sin embargo, año tras año seguimos escuchando anuncios y nuevas fechas mientras la ejecución real avanza mucho más despacio de lo que Valencia necesita.

Pero si hay un proyecto que encarna especialmente el bloqueo sanchista que sufre nuestra ciudad, es el soterramiento de las vías de Serrería. Una obra que permitiría coser barrios, eliminar barreras y transformar una parte fundamental de Valencia. Sin embargo, mientras el ministro Óscar Puente rechaza asumir esta inversión, el Gobierno sí financia soterramientos ferroviarios en Bilbao y otras ciudades españolas. Parece que hay territorios donde las demandas se convierten en inversiones y otros donde las reivindicaciones se convierten en silencios.

Y la misma historia se repite en materia de vivienda. Pedro Sánchez lleva años anunciando miles de viviendas para los valencianos. Lo escuchamos una y otra vez en campañas, comparecencias y visitas institucionales. Pero la realidad es que las viviendas prometidas siguen sin construirse. Mucha propaganda y pocas grúas sanchistas.

Lo preocupante es que estos casos ya no parecen hechos aislados. Cada vez más valencianos tienen la sensación de que existe una estrategia de bloqueo institucional hacia una ciudad que no deja de crecer. Una Valencia que lidera la atracción de inversiones, la innovación, el emprendimiento y la creación de empleo. Una Valencia que compite con las principales ciudades europeas y que necesita infraestructuras modernas para seguir avanzando.

Porque cuando el Gobierno considera prioritario un asunto, encuentra recursos, acelera trámites y moviliza todas las herramientas del Estado para hacerlo realidad. Lo estamos viendo continuamente. Hay territorios cuyas demandas son atendidas con rapidez porque resultan decisivos para la estabilidad parlamentaria de Pedro Sánchez. Hay inversiones que aparecen de manera inmediata cuando los votos necesarios para mantenerse en el poder dependen de ellas.

Y esa es precisamente la sensación que indigna a muchos valencianos. No porque otros territorios progresen, algo que siempre será positivo para España, sino porque Valencia con este gobierno central siempre se queda atrás. 

Reclamamos igualdad para disponer de infraestructuras acordes a nuestro peso económico y poblacional. Igualdad para que nuestros empresarios puedan competir en las mismas condiciones. Igualdad para que nuestros jóvenes encuentren oportunidades. Igualdad para que la ciudad pueda seguir liderando sin que el Gobierno central actúe como un freno permanente a su desarrollo.

España necesita una Valencia fuerte, conectada y competitiva. Cada proyecto paralizado supone una oportunidad perdida para toda la economía española. Cada retraso resta competitividad a uno de los principales motores de crecimiento del país.

Los valencianos hemos demostrado siempre una enorme capacidad de trabajo y una paciencia admirable. Pero la paciencia no puede convertirse en resignación. Valencia no quiere ser más que nadie. Valencia simplemente quiere dejar de ser menos de lo que merece. Ha llegado el momento de que Valencia ocupe el lugar que le corresponde en la financiación nacional.

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